THE OBJECTIVE
Koldo Salazar López

El caso étnico del norte de Irak

Desde el año 2003 el Norte de Irak ha sido un campo de batalla entre árabes, kurdos, nacionalistas, yihadistas, asirios y cualquier comunidad que pretendiera imponerse

Opinión
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El caso étnico del norte de Irak

Irak es un estado roto más allá de las siempre calientes zonas sunitas del oeste del país, con ciudades tomadas por grupos radicales, islamistas y yihadistas de diferente pelaje como Faluya o Ramadi. El tan cacareado triángulo de la muerte, las zonas chiitas en el centro-sur del país con sus milicias y refriegas, especialmente en las regiones de Nayaf o Kerbala hicieron del país un auténtico polvorín desde 2003 hasta ahora.

El país, conflictivo y sumido en un círculo vicioso de odio y violencia tiene, al mismo tiempo, fronteras muy calientes especialmente en Siria y Turquía aunque también en Irán, santuario de algunos grupos chiitas y objetivo recurrente de algunas escaramuzas con diferentes grupos islamistas.

Sin embargo es en el norte, donde la lucha por el poder y la subsistencia está tornándose mucho más identitaria que yihadista. La región norte tiene, como inmensa mayoría (curiosamente la primera minoría del país) a los kurdos. En el norte son endémicos. Con la independencia sufrieron una gran campaña de arabización que no tuvo éxito, es más, provocó que las posiciones kurdas se radicalizaran, sobre todo con la guerra de Irán-Iraq, donde vieron la oportunidad de debilitar al estado iraquí y obtener, eventualmente la independencia.

Esta región, que se proyectaba hacia el sur en su conflicto con Sadam Hussein también lo hacía hacia el norte, con la República Turca, ejemplo claro las campañas del PKK pero también de los Peshmergas y demás partidos-milicia ilegales que se movían por esta zona.

Sin embargo en el norte no todos son árabes o kurdos sino que existen minorías también en la región, una tan antigua como la asiria, descendientes de los auténticos pobladores de la región, ancestros de esta etnia llegaron a fundar auténticos imperios en la zona. Mayoritariamente cristianos católicos sufrieron una profunda campaña de arabización con la prohibición de su literatura, costumbres y liturgia que desembocó en una respuesta clave: el asirianismo.

Curiosamente Sadam Hussein tenía en su equipo importantes asirios como Kamel Hannah, un cristiano asirio asesinado por Uday Hussein durante una fiesta.

Este proceso de arabización afectó también a una minoría sunita de implantación histórica reciente como los turcomanos, descendientes de los turcos osmanlíes que quedaron encapsulados en territorio árabe iraquí y que no emigraron sino que continuaron habitando la zona.

Este grupo sufrió también la campaña de arabización pero en menor medida que los kurdos o asirios ya que las relaciones entre los turcomanos y la República de Turquía, nacionalista y etnicista podía causar problemas diplomáticos entre Bagdad y Ankara en un momento en el que el régimen estaba enfrascado en la Guerra Irán-Irak o tenía graves tensiones con Occidente.

Los turcomanos de Irak mantuvieron un perfil bajo durante la guerra de 2003 y la posterior ocupación hasta la llegada de la Guerra contra el Estado Islámico, donde muchos turcomanos se unieron a los yihadistas del DAESH y Al Qaeda o fundaron su propia milicia.

En este entorno, sin embargo, quién tomó la batuta fueron los kurdos que, una vez libres del poder de Irak y los suficientemente poderosos por sus alianzas tribales en Siria y Turquía la región y la resistencia confluyeron en el clan Barzani. Estos lanzaron una dura campaña militar contra DAESH y lo fueron dominando en diversas zonas, la liberación sin embargo no devolvía los territorios a los iraquíes sino que pasaban a formar parte de «zona liberada», de iure iraquí pero de facto controlada por fuerzas independentistas.

Fuerzas menores asirias como la Dwekh Nawsa se plegaron, por necesidad táctica, a los pesmergas iraquíes. De hecho milicianos asirios fueron transferidos a los pesmergas. La labor de «kurdificación» afectó al patrimonio árabe, asirio y turcomano con expropiaciones, saqueos, ataques y desplazamientos de población en una limpieza étnica por la cual eran sustituidos por población kurda. Muchos árabes sunitas se unieron a grupos yihadistas o a la milicia del Baaz (aunque eran los menos), los turcomanos resistieron en sus feudos o huyeron a Turquía y los asirios intentaron refugiarse en sus territorios, especialmente en aldeas de las montañas o cruzar a Turquía, en las regiones de Mardin, Diyarbakir o Sanliurfa. Regiones con una amplia presencia de asirios.

Los chiitas se unieron masivamente a las Kataeb Hezbollah, al Ejército de Al Mahdi o a las Fuerzas de Movilización Popular para reconquistar la zona. Mientras tanto los ataques al patrimonio y el proceso de kurdificación siguen afectando a las minorías sujetas a la dictadura identitaria y profundamente racista de los kurdos.

Curiosamente, el momento de mayor tensión para las minorías supervivientes del genocidio del DAESH fue el referéndum que se hizo en el Kurdistán sobre la independencia en el año 2017. A día de hoy, la región está liberada del DAESH aunque siguen actuando otros grupos terroristas pero como en la región de Rojava, en el este de Siria, que es otra república separatista la zona del Kurdistán iraquí es una zona independiente de facto que funciona como un país y no atiende a la autoridad ni de Bagdad ni de Damasco.

Los kurdos, en sus procesos de conquista contra los yihadistas y las milicias asociadas, han sido excepcionalmente crueles con la población local de origen no kurdo (árabes, asirios, arameos, turcos etc…) al ser considerados como colonos y han sido sometidos al destierro, confiscación de tierras, ataques y expulsiones y los que han quedado se encuentran en estado de apartheid cuyo objetivo es que se vayan o que si se quedan estén sometidos.

En otro nivel, junto con la kurdificación, nos encontramos con un proceso de turquificación en las regiones y bolsas controlada por turcomanos étnicos que no se encuentran bajo control ni de los kurdos, ni de yihadistas ni de los gobiernos de Siria e Iraq y funcionando de forma independiente como «protectorados» bajo control de Turquía. En estas regiones la situación es similar con las minorías, el proceso de turquificación de estas regiones implica la imposición de lengua, costumbres y dominio turco así como la destrucción o apropiación del patrimonio y, obviamente, la sumisión de la población no túrquica en la zona con especial fijación en la discriminación y ataques a los kurdos.

En las regiones asirias, minoritarias y con poca mezcla ya que existen en zonas rurales, la «asirianización» tiene un componente de defensa colectiva de sus territorios montañosos y valles con una etnicidad muy homogénea pero que se ha traducido en una especie de despertar identitario a nivel cultural e incluso religioso.

Este problema, siendo la arabización llevada a cabo tanto por Sadam Hussein como por Hafez al Assad han un proceso muy evidente mezcla de coacción y atracción, ha generado un sentimiento identitario por la cual estas minorías se han volcado hacia su propio relato colectivo separándose del tronco central de la sociedad. Lo que era una sociedad colectiva diversa se ha convertido en una multitud de sociedades homogéneas que pugnan entre ellos por el poder y por imponerse a nivel político e identitario en sus zonas de influencia, de ahí el choque entre los árabes, kurdos, turcomanos y asirios…y dentro de estos últimos la subpugna identitaria entre asirios y arameos.

En total, un tejido social roto que amenaza con eternizar la guerra y no hacer posible una reconciliación sin la confluencia de una empresa colectiva por parte de los poderes centrales (Bagdad y Damasco) que sea capaz de ilusionar a estas minorías y hacerlas partícipes de un todo conjunto en el cual quepa la identidad personal o de grupo englobada dentro de un equilibrio social y una estabilidad política que permita el avance de estos estados.

Equilibrio que no se puede lograr si estos dos países, Siria e Iraq, abandonan el modelo tribal conflictivo y el nacionalismo centralista por un modelo de estado imperial (que no imperialista) en el cual cada identidad sea reconocida en sus términos, se le haga partícipe en igualdad de condiciones del devenir de la sociedad y el ejercicio del poder se de en figuras carismáticas elegidas en listas abiertas cuyo mensaje sea estrictamente lógico en un discurso racional que deje atrás las cuestiones identitarias y religiosas.

En este sentido Siria está muy más cerca del triunfo que Iraq. Siria es un estado cuyo partido ha podido, incluso durante la guerra, ganarse el apoyo no sólo de los alawitas (la élite del Baaz de Siria) sino también de drusos, cristianos y algunos kurdos. Mantiene altas cotas de popularidad y controla grandes extensiones de terreno, la capacidad de Damasco de poder atraerse a los kurdos a su zona pasa porque a las élites kurdas del este de Siria se les ofrezca un espacio de poder en Damasco siendo leales al baaz y a Bashar al Asad y en caso contrario, restituir la unidad de su territorio soberano mediante el principio de la legítima defensa para la protección de su integridad territorial.

Iraq, cuya situación es límite y que se enfrenta no sólo al conflicto étnico en el tercio norte, se encuentra también en la tesitura de poder enfrentar un conflicto religioso entre sunitas y chiitas en el resto de su territorio. Sin contar con el conflicto entre nacionalistas árabes contra los proiraníes. Sin embargo esta es la única solución para solventar el problema sino, las regiones del norte de Irak quedarán convertidas en bolsas étnica, lingüística y culturalmente homogéneas compuestas por kurdos, turcomanos y asirios, regiones balcanizadas que serán foco de conflicto crónico entre sus partes.

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