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Daniel Múgica

Nobles franquistas

«Los nobles franquistas, lo cierto, fueron una patulea de horteras, definición de los nuevos ricos»

Opinión
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Nobles franquistas

Los Franco en el Pazo de Meirás. | Europa Press

El contenido central de la ya aprobada Ley de Memoria Democrática es basura, se ríe de las víctimas y persigue al primer gobierno socialista de la democracia. Feijóo ha prometido derogarla. No creo que lo haga, a menos que, llegado el momento, se lo exija Vox, el partido franquista. Feijóo, en Galicia, entregó la educación a los nacionalistas gallegos con tal de que no le montasen jaranas. Y acusa con desfachatez a Sánchez de compadrear con los catalanes. Ambos consiguieron lo mismo, acallar a los nacionalistas, solo que Feijóo no lo necesitaba al contar con una mayoría absoluta.

Las leches en el patio del colegio, van por zonas, y caen a menudo sobre los militantes. La disidencia se ha convertido en un lujo, está claro.

«Se dice con razón que tenemos rémoras de la dictadura, bastantes más de las que se contabilizan, la más arraigada, el señoritismo»

La ley de marras tiene algo que gusta, quita los títulos nobiliarios a los herederos de los empresarios franquistas. Todo lo que sea dar leña al dictador y su entorno se aplaude y celebra. Se dice con razón que tenemos rémoras de la dictadura, bastantes más de las que se contabilizan, la más arraigada, el señoritismo.

El señoritismo, la defensa a ultranza de la élite, abunda en la izquierda. Que se lo pregunten a Yolanda Díaz. Que se lo pregunten a ciertos ministros que no citaré por una cuestión de pundonor socialista, los que no saben activar el mecanismo de un chupete.

Pero, en el sentido contrario, hay que felicitar a Montero por el nombramiento de vicesecretaria general. Y es que María Jesús Montero, guste más o menos, lleva toda la vida currando en el socialismo, no como la mayoría de nuevos, muchos amigos de partido que no son del partido, que vienen a llevárselo por la jeta. Y además es buena política la condenada, de lo mejorcito.

El matrimonio Franco veraneaba en San Sebastián, como los reyes anteriores, hay que joderse. Mi abuela, Paulette Herzog, judía, regentaba una peletería en San Sebastián que me alegraba las tardes de infancia. Carmen Collares, la esposa de Franco, solía pasearse por los comercios donostiarras a robar. Acompañada de su séquito, se probaba una pieza, se la llevaba y aclaraba que alguien iría a pagar. Nadie se presentaba, así que la collares arrasaba la economía de aquellos establecimientos familiares. 

Los peleteros, joyeros y relojeros donostiarras crearon un fondo de resistencia que cubría lo que había afanado la momia collares. Hubo uno que en verano cerraba la tienda en San Sebastián y abría otra en Pamplona. Eran triquiñuelas que evitaban en su medida los abusos de una dictadura cruel y cainita.

Franco, al estilo de los señores feudales, regaló títulos nobiliarios de nueva creación, dotados de tierras y esclavos, los campesinos de entonces. Los Santos Inocentes, la novela y la peli, retratan al dedillo las sobradas de los propietarios. Los franquistas siempre fueron unos hijos de mala madre que aprendieron en casa a machacar al vecino. Con la ley ha caído, entre otros, el título de marqués de Fenosa, un tipo llamado Barrié de la Maza, cacique y fundador de las fuerzas eléctricas del noroeste. Fenosa es una empresa cuyo acrónimo da nombre a un noble. La imaginación siempre ha escaseado en las dictaduras.

Aquellos malnacidos se caracterizaron por el apoyo cerrado al dictador, la complicidad en el asesinato, el conchabamiento en el latrocinio, el saqueo de los bienes republicanos. Nada que objetar sobre sus nietos,  muchachos a los que la ley les va a quitar un traje que no les pertenece y que fue confeccionado por sus mayores con la sangre del adversario. 

Esta parte de la ley no afecta a la necesaria amnistía, uno de los pilares que sostuvo el inicio de la democracia. Esta parte de la ley, la otra es infausta, repara años de humillación, retrata a unos apellidos y, en especial, trabaja en el exilio histórico de los símbolos franquistas; los árboles genealógicos de nuevo cuño lo son. Que no en el exilio de la historia del franquismo, de obligado estudio para que no se repita.

Estarán estos nobles sorbiendo sopitas en platos donde vean dibujados sus escudos, una frikada de muy señor mío. Los nobles franquistas, lo cierto, fueron una patulea de horteras, definición de los nuevos ricos.

Otro es el que posee el título ganado en las gestas. Comparen al Marqués de Fenosa con Gonzalo Fernández de Córdoba.

Faltan aún muchas leyes de reparación, la más importante en el tiempo corto es la de las víctimas de ETA, una que no se pase por las gónadas el gobierno de turno.

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