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David Mejía

Ayuso, ilustre asesina

«Hoy todo esfuerzo analítico debe centrarse en los niveles de odio al que nos tienen acostumbrados quienes quieren ser antifascistas sin ser antitotalitarios»

Opinión
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Ayuso, ilustre asesina

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. | Europa Press

Ayer tuvo lugar el acto de reconocimiento a los nuevos Alumni ilustres de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. De los ocho premiados, siete lo fueron a propuesta de la facultad, y una -Isabel Díaz Ayuso- a propuesta del rector. El acto transcurrió con la tranquilidad a la que nos tiene acostumbrada la universidad cuando la visita la derecha: acoso, gritos, insultos, empujones, disturbios y antidisturbios. La particularidad de Ayuso es que además de «fascista» suelen gritarle «asesina». Sí, han leído bien: asesina (Asesinar: 1. tr. Matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa, DRAE). 

Jorge Resina, Vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas, manifestó en Twitter la vergüenza que como profesor de la Complutense sentía por lo sucedido. No se refería al escrache, claro, sino al reconocimiento de Ayuso como Alumni ilustre. Si han ojeado la prensa o han tenido encendida la radio, sabrán que la indignación con el nombramiento ha trascendido la burbuja universitaria. ¿Es Ayuso digna del premio? Pues miren, no lo sé. A priori, parece que cumple los requisitos de Alumni ilustre: es exalumna de la Facultad y ha llegado nada menos que a presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid; se me ocurren pocos cargos de mayor lustre. 

«Las instituciones públicas deben cuidarse de extender condecoraciones divisivas»

Requisitos formales aparte, es lícito preguntarse si este era el momento idóneo para premiar a Díaz Ayuso. Si me hubieran preguntado la semana pasada, habría dicho que no, por los mismos motivos por los que considero desatinado el nombramiento del expresidente Zapatero como Doctor Honoris Causa por la Universidad de León. Las instituciones públicas deben cuidarse de extender condecoraciones divisivas. La institucionalidad consiste en evitar fracturas, esto es, en primar la cohesión sobre la división. Y al caso Ayuso se añade que estamos en precampaña electoral. Pero, les decía, esto habría contestado la semana pasada, hoy ya no importa. 

Ahora el foco debe estar en otra parte, no sea que los más avispados intenten convencernos de que lo intolerable es que Ayuso reciba un reconocimiento, ¡no que tenga que acudir escoltada a recogerlo! Hoy todo esfuerzo analítico debe centrarse en los niveles de odio e intolerancia al que nos tienen acostumbrados quienes, como diría Orwell, quieren ser antifascistas sin ser antitotalitarios. Mención aparte merece el grado de cobardía y bajeza democrática de quienes, como el candidato Lobato, se apresuraron a acusar a Díaz Ayuso de haber ido a la universidad a provocar. Ahora que paseamos los fantasmas de Orban y Bolsonaro, que nos hartamos de hablar de derivas iliberales, propongo que volvamos a hablar del viejo concepto de la deshumanización. 

PD: Hace una semana el Consejo de Ministros aprobó la «Estrategia Estatal para combatir las violencias machistas 2022–2025», según la cual los insultos a mujeres en cargos políticos deben ser considerados violencia machista.

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