THE OBJECTIVE
José Antonio Montano

Mirador de Sansueña

«Cada vez que lo visito en Torremolinos es como estar en una patria o un refugio, suspendido en la vida y con la promesa, todavía, de la vida»

Opinión
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Mirador de Sansueña

Playa de Torremolinos. | Europa Press

Si alguien pasa este verano por Torremolinos, que no deje de visitar el mirador de Sansueña. Y que se acuerde de Luis Cernuda, que lo pidió: «Si alguna vez me pierdo, que vengan a buscarme aquí, a Sansueña». Jaime Gil de Biedma imitó el recurso en el poema que empieza «Bienamadas imágenes de Atenas…», en el que celebra «una calle vulgar, con muchas tiendas» del barrio de Monastiraki: «Si alguno que me quiere / alguna vez va a Grecia / y pasa por allí, sobre todo en verano, / que me encomiende a ella». 

Y que se acuerde también de mí, si es que no estoy en el momento de la visita. El mirador se encuentra junto al hotel Castillo de Santa Clara y es la azotea del edificio de apartamentos Castillo del Vigía: una azotea que hace a su vez de plaza pública. La acondicionó en 1990 el arquitecto José María Córdoba, como leo en el número 9 (de aquel año) de la inolvidable revista malagueña Bulevar. Algo después la descubrí, cuando me mudé a Torremolinos en 1998. Fue en un paseo que de pronto se abrió al mar memorablemente. Se convirtió en uno de los destinos de casi todos mis paseos.

Luego he vivido en Madrid y he vuelto a Málaga, y no he dejado de volver al mirador. Con frecuencia he cogido el trenecillo de la costa solo por pasar un rato mirando el paisaje marítimo y playero, con Torremolinos a la izquierda y Málaga al fondo, a lo lejos, y por detrás, más a lo lejos, las montañas. Y la extensión del mar Mediterráneo a la derecha, y la línea perpendicular del litoral, con las anchas olas. Como el aeropuerto está al lado, cruzan cada pocos minutos aviones de juguete. ¿Qué busco allí? Tal vez una recuperación del tiempo grande. Es una terapia anímica, estética. En mi caso, con épocas de mi vida acumuladas ya. Veintiséis años. Todo flota en aquella atmósfera, que remite a una pureza absolutoria.

El mirador lo cerraron de repente hace unos años y muchísimos paseos míos estuvieron terminando en la reja hasta que lo reabrieron en 2022 con su aspecto actual y su nuevo nombre: Mirador de Sansueña, en homenaje a Cernuda (Sansueña es como aparece Torremolinos en la obra del poeta). Tras algunos contratiempos con el horario, por fin tiene uno estupendo: de diez a diez en verano (en invierno será de diez a seis). El proyecto se ha beneficiado de una admirable continuidad administrativa: se inició con el alcalde del PSOE y se culminó con la alcaldesa del PP. Hay que citar especialmente a los respectivos concejales de Cultura: David Tejeiro (IU) y José Manuel Ruiz Rivas (PP). 

«Cernuda no conoció su mirador, pero sí la zona, a la que dedica el relato ‘El indolente'»

Cernuda no conoció su mirador, pero sí la zona, a la que dedica el relato El indolente y los poemas Elegía anticipada (sobre el cementerio cercano) y Ser de Sansueña. En el relato dice: «Durante el día reina la paz; una paz militante, sonora y luminosa». Y en el segundo poema, desde el exilio: «Las cosas tienen precio. Lo es del poderío / La corrupción, del amor la no correspondencia; / Y ser de aquella tierra lo pagas con no serlo / De ninguna: deambular, vacuo y nulo, / Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce».

El jardincito del Príncipe Anglona en Madrid y el mirador de Sansueña en Torremolinos, Málaga: yo mismo he cultivado el efecto que me producen, tras el momento inaugural, y cada vez que los visito me producen ese efecto. Es como estar en una patria o un refugio, suspendido en la vida y con la promesa, todavía, de la vida.

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