THE OBJECTIVE
Román Cendoya

Este lunes cambia el mundo

«Confío en que Trump y su MAGA sirvan para mejorar el mundo y obliguen a la obsoleta Europa a hacer MEGA (Make Europe Great Again), a reformarnos y a espabilar»

Opinión
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Este lunes cambia el mundo

Ilustración: Alejandra Svriz

Donald Trump toma este lunes posesión del gobierno del mundo con enorme frustración para la progresía caviar mundial. Que Trump sea nombrado presidente de Estados Unidos no es un asalto al poder. No es un golpe de Estado. Es la consumación de la voluntad del pueblo estadounidense expresada libremente en las urnas. Los ciudadanos americanos no podían soportar más el gobierno woke de un yayo inútil y de una vicepresidenta marioneta de los intereses del lobby woke. Un lobby liderado en lo político por los Clinton y los Obama y en lo económico por Bill Gates y George Soros. Ellos se hacían grandes y muy ricos mientras su país y sus ciudadanos sufrían los embates de políticas ruinosas y destructivas para la economía, la sociedad y la moral. Ese fracaso del Partido Demócrata augura un periodo de doce años de gobierno republicano. Los cuatro años que le quedan a Trump no son suficientes para regenerar y refundar el destrozado partido demócrata.

Este lunes cambia el mundo. Comienza una nueva etapa. Después del derribo del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, la izquierda mundial tuvo que reinventarse ante el fracaso político, social, económico y cultural de su modelo político. El comunismo llevó a la desesperación a cientos de millones de europeos sometidos a 70 años de total ausencia de libertades y a una desesperante precariedad económica. El derribo del muro supuso que el mundo ya no se estructurara sobre las ideologías. El derribo del muro supuso la victoria del capitalismo liberal y la desaparición de las ideologías políticas que han sido sustituidas por el globalismo económico. La globalización impuesta por la economía y el desarrollo de la tecnología ha provocado que la gobernanza mundial sea una disputa entre dos corrientes diferentes de imponer el gobierno corporativo mundial. El modelo woke de la agenda 2030 frente al libertinaje oligárquico de un populismo nacionalista alternativo. El woke ha sido un desastre. Habrá que ver cómo resulta la alternativa. Las últimas elecciones americanas han sido el escenario en el que se ha escenificado, con toda crudeza, la lucha por el poder entre dos corrientes oligárquicas del capitalismo corporativo mundial.

La nueva izquierda, representada por los fracasados demócratas americanos, tiene un modelo político de diagnóstico pero no de soluciones. Sus grandes proyectos están recogidos en los epígrafes de la agenda 2030. Objetivos aceptables y asumibles. Bonitos enunciados que, sin embargo, la izquierda es incapaz de llevar a cabo. La izquierda siempre es igual. Sus presuntas soluciones siempre se sostienen sobre el recorte de las libertades de los ciudadanos y la imposición de políticas orientadas a someter a la ciudadanía a sus privilegiadas oligarquías dirigentes. Construyen la nueva sociedad sobre la normalización e imposición de las tendencias y conductas de las minorías alternativas para ir destruyendo las estructuras históricas de la sociedad. Su presunta sostenibilidad es un falso y fracasado conservadurismo retrógrado. Se recortan las libertades a cambio de una presunta e intrusiva falsa seguridad. Un control absoluto del mundo sobre la imposición de su discurso a través de las reses sociales y las nuevas tecnologías. Lo cierto es que la pérdida del poder en EE.UU. es un duro golpe para la agenda woke. Pierden el pilar legislativo sobre el que elevar a categoría de ley sus obsesiones y así imponerlas a nivel mundial.

La izquierda fracasada necesita regresar a los dos bloques, al muro, para enfrentar a la sociedad. Se autoproclaman progresistas y demócratas. Los demás, los que no son ellos, los que estamos al otro lado del muro, somos definidos como extrema derecha fascista retrógrada. Organizar la sociedad en bloques separados por un muro provoca el enfrentamiento de realidades y evita el confrontamiento de las soluciones. Es un modelo fracasado, pero el único recurso que les queda para tapar su incapacidad para resolver problemas graves de las sociedades.

«No puede ser que cuando lo hace Pedro Sánchez sea progresismo democrático y cuando lo hace Donald Trump sea fascismo de extrema derecha»

Según la progresía política y mediática, la forma de actuar de Trump es la propia de un fascista totalitario. Otorga cargos a sus amigos y familiares. Impone el fiscal del Estado y los presidentes de la Reserva Federal (Banco Central) y de todos los organismos públicos. Se ha hecho con el control del algoritmo de la principal red social. Impone su ideología respecto a la migración, la moral y las políticas de forma despótica. Con Trump llegan los fascistas de extrema derecha. 

Pero si donde dice Trump pones Pedro Sánchez resulta que hace lo mismo. La diferencia está en que todos los que ha nombrado Trump tienen una valía profesional demostrada muy superior a Begoña, David, Koldo, Ábalos, Bolaños, Óscar, Yolanda, Patxi y toda la ristra de desperdicios profesionales colocados en España. Va a resultar que Pedro Sánchez es un fascista de extrema derecha pero, a diferencia de Trump, rodeado de inútiles. No puede ser que cuando lo hace Pedro Sánchez sea progresismo democrático y cuando lo hace Donald Trump sea fascismo de extrema derecha. No.

Que existe una relatividad ideológica de las grandes corporaciones se ha demostrado cuando, antes de que Trump asuma el poder, Mark Elliot Zuckerberg de Meta, Walt Disney y tantas grandes compañías, que se acomodaron a la política woke, se pasan con armas y bagajes al nuevo gobierno que es la antítesis de lo woke. No hay ideología, es el poder.

La gran incertidumbre del futuro pasa por saber qué modelo de gobernanza del mundo va a imponer el aprendido Donald Trump que ya sabe qué es gobernar y no va a perder un minuto en adaptarse. Su gobierno debe ser la alternativa contraria al modelo woke. Es importante saber si hacer MAGA (Make America Great Again) supone una mejora para la sociedad del mundo libre capitalista. Hay que ver si sus políticas traen más libertad, más competitividad y más paz para todos.

Sus formas no son ilusionantes. El nacionalismo americano no es bueno para Europa. No es esperanzador que antes de arrancar su mandato amenace y se salte el respeto a la soberanía de los Estados del mundo. El mundo no necesita un matonismo macarra verbal que amenaza a Panamá con usurparles el canal, le dice a Canadá que debe ser un estado más de los Estados Unidos o que el Golfo de México debe llamarse Golfo de América. El peor imperialismo yankee. ¿Qué piensa del mundo un presidente que pretende comprar Groenlandia en el siglo XXI?

Confío en que este mandato de Trump y su MAGA sirvan para mejorar el mundo y que nos obligue a la obsoleta Europa a hacer MEGA (Make Europe Great Again), a reformarnos y sobre todo a espabilar. Las grandes compañías del mundo han reaccionado. Europa no puede, como siempre, tardar años en darse cuenta de que el mundo ha cambiado.

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