THE OBJECTIVE
Rafael Pampillón

La avaricia rompe el saco

«La historia muestra que los aranceles pueden ser un arma de doble filo. Su impacto a largo plazo puede resultar contraproducente»

Opinión
2 comentarios
La avaricia rompe el saco

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | Leah Millis (Reuters)

La política comercial ha sido una de las herramientas más utilizadas en la historia de Estados Unidos para impulsar la economía y proteger la industria nacional. Desde el siglo XIX hasta la actualidad, los aranceles han sido objeto de debate, enfrentando posturas a favor y en contra del proteccionismo. Un caso emblemático fue la Ley Arancelaria McKinley de 1890, que buscaba fortalecer la industria manufacturera estadounidense, pero terminó generando efectos negativos inesperados. Más de un siglo después, Donald Trump adopta una estrategia similar, aplicando aranceles a productos extranjeros con el objetivo de fortalecer la economía nacional. La visión de Trump es volver a las políticas del presidente William McKinley cuando los aranceles eran la principal fuente de ingresos fiscales para el Gobierno Federal. Sin embargo, la historia parece haber demostrado que los efectos de estos aranceles pueden ser más perjudiciales que beneficiosos.

Proteccionismo en la Era Industrial

En 1884, Grover Cleveland, del Partido Demócrata, asumió la presidencia de Estados Unidos con la idea de reducir los aranceles. Entendía que estos aumentaban la inflación y beneficiaban a los grandes monopolios industriales. Sin embargo, su postura librecambista generó mucha controversia, y en las elecciones siguientes el candidato republicano Benjamin Harrison, defensor del proteccionismo, resultó electo.

Como parte de su programa electoral, Harrison impulsó en 1890 la Ley Arancelaria McKinley, promovida por William McKinley, entonces congresista y presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes. Esta legislación aumentó los aranceles hasta un 50%, principalmente sobre bienes manufacturados, mientras que algunos productos como el azúcar y el café quedaron exentos. El objetivo de esta política proteccionista era proteger la industria nacional e impulsar su crecimiento, pero la medida tuvo consecuencias inesperadas.

Los efectos no tardaron en manifestarse: los precios de los bienes de consumo se elevaron, lo que generó un creciente descontento entre la población. A pesar del auge industrial, el alza de precios afectó a los consumidores y debilitó el respaldo al Partido Republicano. En las elecciones legislativas de 1890, el partido perdió casi la mitad de sus escaños en la Cámara de Representantes. Además, el aumento de los aranceles redujo las importaciones y, en consecuencia, la recaudación fiscal. Como resultado, la política terminó perjudicando al propio gobierno, que vio mermados sus ingresos.

McKinley, quien posteriormente se convirtió en el 25° presidente de EEUU en 1897, mantuvo su postura proteccionista y promulgó otro arancel elevado en 1897. Sin embargo, la lección era clara: cuando los aranceles son demasiado altos, el efecto recaudatorio se debilita, ya que la caída en las importaciones puede ser mayor que el incremento por el aumento del impuesto.

Los aranceles de Trump: primer mandato

Más de un siglo después, Donald Trump implementó una estrategia arancelaria similar. Durante su presidencia (2017-2021), su administración impuso aranceles a diversos productos extranjeros, principalmente aquellos provenientes de China. Su argumento era que estos impuestos ayudarían a reducir el déficit comercial y fomentar el crecimiento de la industria estadounidense. Trump veía los aranceles como una herramienta para fortalecer la producción interna y como una fuente de ingresos fiscales, al igual que lo hizo McKinley en su momento.

Sin embargo, al igual que en 1890, la realidad económica demostró que los aranceles podían traer consecuencias no deseadas. Uno de los primeros efectos fue el encarecimiento de los bienes de consumo, afectando a los ciudadanos y a las empresas que dependían de materiales importados. Sectores como la manufactura y la agricultura sufrieron el impacto de estas medidas, ya que muchos de los bienes que necesitaban para operar se volvieron más caros. Además, otros países respondieron con medidas similares, imponiendo aranceles sobre los productos estadounidenses, lo que afectó a las exportaciones.

El efecto en la recaudación fiscal también fue similar al que experimentó McKinley. Aunque los aranceles estaban diseñados para generar ingresos, la reducción en las importaciones disminuyó la recaudación fiscal, haciendo que la estrategia no fuera tan efectiva como se esperaba. Además, diversos estudios han demostrado que los consumidores estadounidenses terminaron asumiendo gran parte del coste de estos impuestos, ya que muchas empresas trasladaron el aumento de precios a los clientes.

A pesar de sus intenciones, la política arancelaria de Trump no logró los resultados esperados y, en muchos aspectos, replicó los errores de la Ley Arancelaria McKinley. La historia parece haber demostrado que imponer aranceles elevados no siempre es la mejor solución para aumentar los ingresos fiscales y fortalecer una economía.

Segundo mandato de Trump

A pesar de la mala experiencia, ahora, y muy al principio de su segundo mandato, Trump está volviendo a proponer elevados aranceles sobre muchos bienes importados. Por ahora sobre aquellos procedentes de Canadá, México y China. Más tarde vendrán sobre las mercancías procedentes de Europa. Su objetivo es reducir el déficit comercial, disminuir la entrada de migrantes, fortalecer la industria nacional e impedir la entrada de fentanilo.

Las consecuencias económicas negativas de esta nueva ola de aranceles podrían ser más graves que las observadas en el primer mandato de Trump. Estos aranceles podrían elevar los precios para los consumidores estadounidenses, contraviniendo sus promesas electorales de reducir la inflación. Además, sectores como la manufactura y la agricultura, que dependen en gran medida de las exportaciones y de las cadenas de suministro internacionales, podrían verse gravemente afectados por las represalias de los países damnificados por los aranceles.

En resumen, la política arancelaria del segundo mandato de Trump refleja una intensificación de su enfoque proteccionista, con medidas más amplias y agresivas que en su primer periodo. Las similitudes con la Ley Arancelaria McKinley de 1890 son evidentes, y las lecciones históricas sugieren que tales políticas pueden tener consecuencias económicas adversas, tanto en el ámbito nacional como el internacional.

En resumen, la historia muestra que los aranceles pueden ser un arma de doble filo. Si bien pueden proteger ciertas industrias en el corto plazo, su impacto a largo plazo puede resultar contraproducente. Tanto la Ley Arancelaria McKinley de 1890 como los aranceles de Trump evidencian que imponer barreras comerciales excesivas puede provocar inflación, descontento social y una disminución en los ingresos fiscales. En definitiva, cuando el proteccionismo se lleva al extremo, la economía puede terminar sufriendo más de lo que se pretendía evitar. Como bien dice el refrán, «la avaricia rompe el saco».

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D