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Carlos Padilla

La elección de San Diego Obescal

«¿Merece la pena todo este viaje para que Trump te nombre de forma chapucera o Musk ponga un tuit diciendo que vais a ganar las futuras elecciones?»

Opinión
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La elección de San Diego Obescal

Santiago Abascal y Elon Musk. | X

Por mucho que creamos que el socio necesario de la investidura sanchista es un prófugo llamado Carles Puigdemont, se sigue empeñado Santiago Abascal, conocido en EEUU como San Diego Obescal, en negar la evidencia. El líder de Vox se alza cada poco tiempo como socio a la contra, pero imprescindible de Pedro Sánchez. Porque entre un woke, por muy woke que sea, y el del saludo nazi, el Steve Bannon de turno, la gente elige el woke. Porque entre un político que ya negó los resultados electorales de 2020, y ahora acusa de dictador a Zelenski, la mayoría seguirá prefiriendo a todo aquel mandatario, sea Biden o su vecino, que, por aburrido y establishment que sea, respete las reglas democráticas que nos hemos dado.

El deber moral, el deber cívico, el deber europeo es seguir ayudando a Ucrania. Por eso son mezquinas las críticas de la oposición a que Sánchez viaje a Kiev para apoyar en persona a Volodímir Zelenski. Si en algo no ha cambiado de opinión el líder del ejecutivo en sus años de gobernanza, y miren si ha cambiado, o sea, mentido en tantas cosas, es en la política que se ocupa de la guerra en Ucrania. Un conflicto bélico, que está ahora en su tercer aniversario, y que nace de no aceptar que el ejército de Putin invada tu país, conquiste tu territorio, mate a tus ciudadanos, asalte tus instituciones. Se pensaba el dictador ruso, este sí con todas las letras, que aquello iba a ser una campaña relámpago, pan comido. Y sin embargo, la historia no se escribió como soñó en sus delirios imperialistas el otrora agente de la KGB.

Si en este mismo hueco, la semana pasada, me ocupé de la derechita groupie, habrá que tratar de nuevo este fenómeno porque la devoción ha ido en aumento. Acudió Santiago Abascal a la Conferencia Política de Acción Conservadora en Washington D. C., para hacer equipo, para dar unas palabras, y para agradecer, con mano en el corazón y sonrisa apocada, que el amado Donald Trump pronunciara durante dos segundos su nombre. O al menos, algo parecido a su nombre: «San Diego Obescal». Comprenderán los voxeros de las redes que este nuevo sobrenombre tiene su gancho. Recordarán cuando anduvieron durante meses con lo del «Antonio Sánchez», cuando pillaron, de manera tergiversada, cómo Mario Draghi le daba las gracias a Sánchez y a continuación daba paso a Antonio Costa, primer ministro portugués, para que este comenzara a hablar.

¿Merece la pena todo este viraje para que Trump te nombre de forma chapucera o Musk ponga un tuit diciendo que vais a ganar las futuras elecciones? ¿Han calibrado bien desde la formación los costes que pagarán si el presidente norteamericano sigue en su ruta de abrazar la propaganda putinista? ¿Se puede uno hacer el formal asistiendo a una cumbre donde más que a un tradicional evento político de ideas y discursos, la semejanza fue como de una reunión de los frikis que descubrió Javier Cárdenas en Crónicas marcianas? Es inadmisible, aparte de ridículo, que aparezcan, por provocación burlona o convicción férrea, saludos nazis delante del atril. Saludos que provocaron la marcha del francés Jordan Bardella, el sucesor de Le Pen, porque hasta en los extremismos hay líneas rojas que es mejor no cruzar.

No tuvo tiempo la «derechita valiente» de Abascal para denunciar en su discurso ante los presentes en la convención trumpista, que Zelenski no es un dictador, pero sí de sumarse a la idea de que la «civilización europea» vive amenazada. Sí, amenazada ahora en una pinza entre EEUU y Rusia, Trump y Putin, de la que Vox ejerce como corista entregado. La elección clave de San Diego Obescal, grosso modo, fue apostar en su momento por Viktor Orbán y alejarse de Giorgia Meloni. Con todo lo que eso supone, y está por suponer. Habrá que ver si la posición arriesgada de Vox para con su amado líder norteamericano, no acaba por frustrar su ascenso en las encuestas. Por lo incomprensible e incoherente de su postura en tantos momentos. Es cierto que ahora Abascal está más cerca de Trump que Feijóo, y puede presumir de fotitos para redes, ¿Pero con qué coste? Prefiero antes la irrelevancia que el pisoteo con aprobación. La demoscopia va y viene, la reputación juega con otros tiempos. Y hay aplausos de los que no se vuelve, para alegría de Sánchez.

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