The Objective
Jorge Vilches

Todos contra la democracia

«Bildu, ERC, PNV y Junts hicieron presidente a Sánchez para destrozar la democracia. Sabían que iba a colonizar el Estado, atacar al Poder Judicial y a la prensa libre»

Opinión
Todos contra la democracia

Ilustración de Alejandra Svriz.

El PSOE no está solo en esto. Sánchez y su cuadrilla no son los únicos responsables del desgobierno, de la parálisis y la inestabilidad, ni de esta corrupción que debería abochornar a cualquiera. Los soportes de este sindiós son sus aliados parlamentarios y la prensa afín. No obstante, su peso no es el mismo. Los medios sanchistas son meros transmisores de las consignas gubernamentales. Pero esta circunstancia no existiría si el PSOE no estuviera en el poder y dispusiera de fondos para repartir. Por tanto, lo trascendental es el apoyo parlamentario que recibe Sánchez desde 2018 para estar en el poder.

Bildu, ERC, PNV y Junts pusieron al líder del PSOE en el banco azul para destrozar la democracia española. Sabían que el presidente era un tipo sin escrúpulos. Conocían que iba a colonizar el Estado, atacar al Poder Judicial y a la prensa libre porque es la salida corriente de todo autócrata. Esos grupos tenían presente que Sánchez no era un socialista al uso, sino un hombre que venía de amañar las elecciones primarias en su partido después de que la vieja guardia lo echara. Y sabían que con Sánchez llegaba la corrupción solo mirando a su grupo de asesores: tres mangantes sin estudios ni experiencia en la alta política. Era de cajón que iban a trasladar sus métodos corruptos al Gobierno de España.

Esos partidos rupturistas apoyaron a Pedro Sánchez para quebrar nuestro sistema constitucional y meterlo en un agujero oscuro de difícil salida. Por eso, la moción de censura de 2018 fue una puñalada a la democracia de la Constitución de 1978. Quisieron que el Gobierno solo pudiera legislar cuando beneficiase al separatismo y perjudicase a la separación de poderes o a la libertad. Buscaron que Sánchez levantara un muro que separase al nuevo Frente Popular de la derecha constitucional. Incitaron a la polarización de la sociedad, resucitando el guerracivilismo y convirtiendo la vida pública en un campo de minas. Encanallaron las Cortes, desde su presidencia hasta las sesiones de control al Ejecutivo, para ensuciar la representación nacional.

Los cuatro grupos independentistas empujaron al PSOE hacia un discurso y comportamiento antisistema. Reavivaron su republicanismo y alimentaron los insultos al rey y a la monarquía. Hicieron que el PSOE asumiera el vocabulario de los separatistas respecto al poder judicial, la amnistía y el Estado plurinacional. Fortalecieron en el PSOE, el mismo partido conciliador que hizo la Transición a la democracia, el instinto de hacer un cordón sanitario a la alternativa legal y legítima que constituye el PP.

En su afán de enturbiar la idea de España como un proyecto común y democrático, esos cuatro partidos ayudaron al PSOE a extender la idea de que la corrupción no importa mientras no gobierne la derecha, eliminando de esta manera la esencia republicana y cívica de una democracia. Permitieron que continuara un gobierno negligente en las catástrofes, desde el covid-19 hasta la dana de Valencia y los incendios, lo que ha aumentado la desafección de la gente hacia la política. Entre todos han conseguido que los españoles crean menos en su democracia y en sus dirigentes. Nos han metido así en una crisis sistémica de la que va a ser difícil salir.

«Aferrados al patriotismo de partido, siguen sin exigir un congreso extraordinario que limpie el PSOE, haciéndose cómplices de la crisis»

Hay otros responsables. También están los siete millones de españoles que votan a Sánchez a pesar de tener una carga negativa que jamás soportarían en otro partido. Por supuesto, no podemos olvidar a los socialistas que no se rebelan, y que critican en voz baja o sin profundidad, como García Page y otros.

Aferrados al patriotismo de partido, siguen sin exigir un congreso extraordinario que limpie el PSOE, haciéndose cómplices de la crisis. Es cierto que hubo socialistas que fueron conscientes de la catástrofe que se avecinaba, pero Sánchez cerró sus bocas. No a todos, y algunos acabaron en la calle, expedientados o apartados de las listas. Una buena prueba de esa dictadura interna es que los sanchistas no han ido al homenaje a Lambán.

Cuando se haga la historia de este periodo aciago habrá que tener en cuenta a los colaboradores necesarios. No ha sido cosa solamente de un hombre narcisista y sin escrúpulos alejado del sentido común y de la responsabilidad de la que presumirán quienes hoy lo apoyan. El día que Sánchez caiga todos dirán que no tuvieron nada que ver, que desconocían la corrupción y el ataque a la democracia que caracteriza al sanchismo. Lo dirán los partidos rupturistas, los periodistas del equipo de opinión sincronizada y unos cuantos millones de nuestros compatriotas.

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