The Objective
Santi González

Pedro, hijo mío, ¿cuántas veces?

«Digamos que Sánchez tiene una relación tangencial con la verdad. ¿Psicópata? No, solo es un tipo dotado de una moral alternativa»

Opinión
Pedro, hijo mío, ¿cuántas veces?

Ilustración de Alejandra Svriz.

Al tipo que ejerce más o menos las funciones de presidente del Gobierno solo lo secundan las criaturas más desasistidas de su cohorte, pongamos que hablo de Javier Ruiz y esa novia surrealista a la que ha colocado en las tertulias de Televisión espantosa y cadenas afines. Aunque no tiene capacidad de raciocinio, sí conserva dotes para el grito. Solo gente como esta, o la Intxaorrenda o Jesús Cintora están dotados para interpretar el pensamiento del maestro y no se desvían ni un milímetro.

«Ojo al mensaje», dijo Ruiz con el gozo que le reventaba por las cinchas del caballo «porque Sánchez ha sido preguntado por ¿desconocía usted al señor Ábalos?». Y en el vídeo adjunto responde el felón: «Ha habido medios que de manera bastante torticera retorcieron lo que dije sobre si conocía o no conocía la dimensión personal del señor Ábalos. Lo voy a decir de otra manera: yo creo que se conoce más a una persona yendo de vacaciones subiéndose a un yate que compartiendo mesa en el Consejo de Ministros». Solo un majadero podría tragarse el bulo.

En esto habría que preguntar como los confesores de antaño sobre los pecados contra el sexto mandamiento: «¿Cuántas veces, hijo mío?». Cualquiera podría pensar que Pedro se encontró a José Luis inopinadamente un martes cualquiera en esa mesa descomunal de La Moncloa en la que se apiñan como piojos en costura los ministros y las ministras de Pedro Sánchez.

Veamos: A Ábalos se lo encontró en el Consejo de Ministros porque él lo puso allí y se lo encontró durante los tres años y cinco semanas en las que fue ministro, lo que viene a suponer 125 consejos de ministros, una vez descontados los periodos vacacionales. Ábalos fue miembro de la Ejecutiva Federal desde junio de 2017 hasta julio de 2021, cuatro años y tres semanas, en las que se encontraron en 163 reuniones, a razón de una vez por semana.

Antes de todo esto, en febrero de 2017, Pedro Sánchez con su Bego, Ábalos con su Carolina y Santos Cerdán con su Paqui, alquilaron una casa rural en Milagro, el municipio natal de Santos Cerdán, donde pasaron un fin de semana en amor y compaña. Y antes todavía, desde el otoño de 2016, los tres citados en compañía de Koldo García Izaguirre se recorrieron España de casa del Pueblo en casa del Pueblo en el ya legendario Peugeot 407.

No voy a cuantificar los encuentros de Pedro y su hombre para todo desde 2014, cuando Ábalos lo apoyó en las primarias frente a Eduardo Madina y Pérez Tapias, pero en fin, no fueron menos de 400 encuentros en los últimos 11 años. Y dice el tipo que cuando se conoce bien a alguien es en un yate al que invitaron a Feijóo hace más de treinta años. Claro que tampoco hay razones para suponer que Sánchez conocía a su suegro, Sabiniano Gómez, ni la naturaleza de sus negocios que le permitieron ser mecenas en sus primarias.

El relato de las complicidades de Pedro Sánchez con sus corruptos Ábalos y Cerdán, con el tipo que estaba llamado a sustituirles en la Secretaría de Organización, Paco Salazar y el padre de su catedrática que era también su patrocinador y al que se consideraba el quinto viajero del Peugeot no podría hacerse sin incurrir en el Código Penal vía artículo 208 que trata de las injurias.

Hace ya más de cinco años que uno definió a este tipo como mentiroso, psicópata y necio, con apoyatura de la Real Academia, pero habrá que modular, que no quiero yo líos. Digamos que este hombre tiene una relación tangencial con la verdad. ¿Psicópata? No, solo es un tipo dotado de una moral alternativa y no diré que necio, sino que parece instruido por la tía a la que ha tenido como ministra de Educación los últimos cuatro años y medio.

¿Es un ladrón? Quizá sea solo un descuidero, un tipo que tiene un concepto no concluyente del derecho de propiedad. ¿Un proxeneta, quizá? Tal vez sea solamente un comisionista del amor venal. ¿Plagió su tesis? No, se limitó a menudear por sus páginas homenajes de reconocimiento a los autores en cuyos textos se inspiró. No los citó siempre, pero es que la justicia no tiene por qué estar reñida con la discreción y el buen gusto.

¿Y qué decir de Zapatero? Dio Rosa Díez con un hallazgo de precisión notable al definir que José Luis Rodríguez era el cáncer y Pedro Sánchez su metástasis, pero hay cuestiones en las que su antecesor le da sopas con honda.

Zapatero fue un precursor en el descubrimiento del odio a los demás como factor aglutinante de los suyos, pero es que, además, ha llegado más lejos que Sánchez en la degeneración porque ha corrompido a sus propias hijas, que ahora se comportan como socialistas ejemplares. Uno lo vio venir, en un episodio de su vida que contaba con bastante candor Raúl del Pozo al describir una visita con el entonces presidente del Gobierno al bar de Las Cortes.

Un camarero, llamado Santi por más señas, le preguntó por sus hijas. Y él responde, cuenta Del Pozo «con una frase tal vez de Gamoneda»: «Bien. La mayor con 13 años, sabe que está convidada a la vida». Estuvo muy oportuno Arcadi al replicar: «¿Gamoneda? Quiá, Evax». Si ustedes tienen una niña adolescente, imagínenla ante la noticia de que su padre les va contando a los camareros que ella ya tiene la regla. 

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