Jueves milagro
«Moriremos, pero lo extraño, lo milagroso, fue nacer. Y seguir aquí por el momento. Hoy, 1 de enero, la ‘luz no usada’ (salvo sus primeras briznas) de este 2026»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Nuestro tiempo es la síntesis del círculo y la línea; o quizá, más que una síntesis, un cruce dialéctico, conflictivo. La línea que va del nacimiento a la muerte; el círculo del año y de los meses, que vuelven periódicamente al 1, de la semana que vuelve al lunes, del día que vuelve a la mañana. «Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio», agradeció una vez Borges. Dio las gracias también «por la costumbre, / que nos repite y nos confirma como un espejo». Hoy volvemos a la costumbre de empezar otra vez, ilusoriamente.
No me resisto a añadir la mejor definición que conozco del amor, que va igualmente en ese Otro poema de los dones: «Por el amor, que nos deja ver a los otros / como los ve la divinidad». Hay un hilo ahí con esto que he leído hace poco de Susan Sontag: «Haz cosas. Mantente concentrado, curioso. No esperes el empujón de la inspiración ni el beso de la sociedad en la frente. Presta atención. Se trata de prestar atención. La atención es vitalidad. Te conecta con los demás. Te llena de entusiasmo». Entusiasmo: estar poseído por la divinidad.
En su librito Sobre el tiempo, Safranski habla de la «escasez escatológica de tiempo» en el cristianismo primitivo. Y cuando quedó desengañada la esperanza inminente en el Reino de Dios y se pasó a una incierta prolongación del plazo: «También bajo estas circunstancias había que utilizar el tiempo de la vida en orden a la salvación del alma. Para ello, el tiempo es siempre escaso, pues no sabemos cuándo le toca el final a cada uno en persona». Esta «economía de la salvación» la llevaron al extremo los presbiterianos americanos, que consideraban que perder el tiempo era el pecado más grave.
En Proust, el tiempo perdido es también el tiempo derrochado, desperdiciado. Su busca trata de ser asimismo una restitución, aun al borde de la muerte. En El tiempo recobrado escribe: «Pero, en vez de trabajar, viví en la pereza, en la disipación de los placeres, en la enfermedad, en los cuidados, en las manías, y ahora emprendía mi obra en vísperas de morir, sin saber nada de mi oficio». Páginas antes: «Sí, esta idea del Tiempo que yo acababa de formarme decía que ya era hora de ponerme a la obra. Ya era hora, desde luego; pero, y esto justificaba la ansiedad que se había apoderado de mí desde que entré en el salón, cuando las muecas de los rostros me dieron la noción del tiempo perdido, ¿tenía todavía tiempo y me encontraba además en estado de hacerla?». Y esta idea impresionante: «Afortunados aquellos a los que, por cercana que se halle la una de la otra, les suene antes la hora de la verdad que la hora de la muerte».
«Ir ofreciendo obras en el curso de la vida ondulante: esta sí puede ser una síntesis»
Volviendo al círculo y la línea, me parece que una clave de funcionamiento estaría en saber combinar a Nietzsche con Montaigne. Nietzsche: «Fórmula de mi felicidad: un sí, un no, una línea recta, una meta». Montaigne: «Todo es movimiento irregular y continuo, sin dirección y sin objeto». Y (también con Pla): «La vida es ondulante». La meta de Zaratustra, por cierto, no era la felicidad, sino la creación. Ir ofreciendo obras en el curso de la vida ondulante: esta sí puede ser una síntesis.
El lunes de mi vida fue un jueves, día de la semana en que nací. Un jueves milagro. Moriremos, claro, pero lo extraño, lo milagroso, fue nacer. Y seguir aquí por el momento. Hoy, jueves 1 de enero, la «luz no usada» (salvo sus primeras briznas) de este 2026.