Paco Marugán, un referente
«Será siempre un modelo para los que estén dispuestos a regenerar un partido que ha perdido el norte desde hace años y que puede acabar en el basurero de la historia»

El recientemente fallecido Francisco Fernández Marugán en 2021. | Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)
El martes pasado falleció Francisco Fernández Marugán, ejemplo de político socialista de los antiguos tiempos, es decir, del PSOE socialdemócrata. Era menudo de estatura pero tenía una inteligencia ágil, prodigiosa y, además, unas cualidades que cada vez escasean más en política: la sensatez, el sentido común, la mesura y la moderación.
Muy competente como economista, fue el diputado que mejor dominaba la técnica presupuestaria, y desde 1984 hasta que abandonó la cámara en 2011, se había constituido en punto de referencia no sólo de su grupo parlamentario sino también de todos los demás que sabían por experiencia de su gran capacidad en llegar a acuerdos aceptables y alcanzar mediante el diálogo un gran pacto final.
Un compañero suyo me lo definió ayer como «el arquitecto de las finanzas del Estado durante casi treinta años: pactar, pactar y pactar era su mejor virtud». Y para pactar, para que todos le reconozcan esta cualidad, es necesario ser técnicamente muy competente, ver lo que otros no saben ver hasta que se lo indicas, tener la autoridad que sólo da el gran conocimiento de la materia de la que se trata y la confianza que los demás depositan en ti ganada a pulso por tu lealtad a los pactos y la acreditada honradez en el cumplimiento de lo pactado.
Casualmente estos días he estado leyendo el último libro de Francisco Sosa Wagner sobre Carlo Schmid (¡ojo!, no confundir con Carl Schmitt, el teórico del Estado nazi), profesor de derecho público y político socialdemócrata, considerado como el padre de la Ley Fundamental de Bonn, la Constitución de la Alemania Federal de 1949 que siguió vigente tras la unificación y tan buenos frutos ha dado.
En muchos aspectos, Carlo Schmid me ha recordado a Paco Marugán: respetado por todos, trabajador infatigable, socialdemócrata por convencimiento, fiable e íntegro en todos los órdenes. Una vida al servicio de la gran política que trae libertad y prosperidad a los pueblos mediante acuerdos con los adversarios y prescinde del sectarismo de partido. En el breve libro de Sosa se muestra la utilidad de un político de estas características, un servidor público que nunca descarta que el otro, el adversario, pueda tener algo de razón y tú quizás no la tienes toda. Ser humilde, a veces, además de lo más realista, es también lo más práctico y eficaz. Marugán era el prototipo de esta raza de políticos.
«Ante todo le preocupaba la defensa de los derechos relacionados con la igualdad»
En las últimas semanas he escuchado decir a Jordi Sevilla que el PSOE debe abandonar el actual populismo y retornar a la socialdemocracia. Es una opinión razonable y sensata, la que esperamos muchos, seguramente la misma que tenía Marugán, la que demostró toda la vida, también en su último cargo público como adjunto al Defensor del Pueblo y después como Defensor del Pueblo en funciones. Desde luego, ante todo le preocupaba la igualdad, la defensa de los derechos relacionados con la igualdad.
En cambio, no comprendía el concepto de identidad colectiva, por ejemplo cuál podía entender la razón de que vascos y catalanes tuvieran un sistema de financiación distinto y discriminatorio respecto al resto de comunidades autónomas. ¿Por qué son naciones? ¡Anda ya! Pura argucia populista, conservar el Gobierno a costa de perder los principios. Ahí chirriaba la igualdad, la discriminación no tiene fundamento alguno en la socialdemocracia, es más, la esencia de ésta es precisamente la lucha contra la discriminación.
En todo caso, Paco Marugán será siempre un modelo para los que estén dispuestos a regenerar un partido que ha perdido el norte desde hace años, desde los tiempos de Zapatero, y que puede acabar en el basurero de la historia si una reacción interna no lo impide.
El PSOE siempre ha dado muchos bandazos a lo largo de su más que centenaria historia. Las siglas se han mantenido pero las políticas han ido cambiando, a veces en bien y otras en mal. En realidad, no ha sido un gran partido hasta la actual democracia, hasta que Felipe, Alfonso, Nicolás Redondo y Múgica empezaron a empujarlo casi desde la nada a principios de los años setenta y llegaron al Gobierno acompañados de muchos más en 1982. Como en estos últimos tiempos ha tocado fondo, quizás hay que darle otro empujón como el de entonces.
Siempre se está a tiempo de rectificar, una generación joven está aguardando, una generación vieja y gastada debe respaldarles. El éxito no está nunca asegurado, hay que arriesgarse. Un Paco Marugán se arriesgaría y en todo caso quedará siempre como un referente, un ejemplo a seguir. Era uno de ellos.