The Objective
Pilar Cernuda

¿De verdad es Sánchez un presidente democrático?

«Los españoles merecemos un presidente auténticamente democrático. Que respete la Constitución, la Ley y las instituciones. Y que no mienta»

Opinión
¿De verdad es Sánchez un presidente democrático?

Ilustración de Alejandra Svriz.

Lleva tres años sin presentar los Presupuestos aunque la Constitución recoge que el Gobierno «debe» presentarlos al Congreso al menos tres meses antes de que finalice el año anterior. Dice ahora la vicepresidenta Montero que su departamento ya los tiene listos y se presentarán próximamente, pero la palabra de Montero vale tanto como la de Sánchez: nada. No se trata de animadversión personal, sino que los incumplimientos del presidente y sus ministros se cuentan por centenas. En cualquier caso, si se presentaran ya los PGE, como asegura Montero, sería fuera de plazo.

Ha dado instrucciones a sus ministros para que presenten iniciativas sociales que no necesiten la aprobación previa del Congreso. Como si hasta ahora le resultara imprescindible… Sin el respaldo del Congreso ha firmado un acuerdo sobre el Sáhara y otro sobre Gibraltar, ha tomado decisiones sobre la guerra de Ucrania y ha incrementado el presupuesto de Defensa porque teme que Trump utilice a la OTAN en su contra, por mencionar solo algunos ejemplos. Con la ayuda inestimable de Francina Armengol ha evitado los debates sobre el Estado de la Nación, y el Congreso ha bloqueado los proyectos que venían del Senado, Cámara a la que el presidente tiene poco aprecio porque cuenta con menos senadores de los que le gustaría.

Un presidente verdaderamente democrático sería el primer interesado en combatir la corrupción, en lugar de emprender una campaña de desprestigio contra los jueces y fiscales empeñados en cumplir con profesionalidad su tarea; actúa de la misma manera para desactivar el trabajo de la UCO, intenta cercenar la independencia de los medios de comunicación que investigan lo que debe ser investigado, no permite que Transparencia responda a preguntas de obligada respuesta, tanto sobre el uso de medios públicos para disfrute personal de amigos y familiares del presidente, como para informar sobre las maniobras de su hermano para obtener ventajas fiscales como residente en Portugal cuando residía en Moncloa. Lo hizo durante unos meses con su familia —hasta que se conoció su situación— amparado por la discreción y privacidad del recinto presidencial.

Pedro Sánchez, que utiliza su inteligencia, que la tiene, para alcanzar todos los objetivos que se marca, no ha dudado en recurrir a trampas para hacerse con un doctorado, se ha saltado leyes para cumplir con las exigencias de socios que le permitían mantenerse al frente del Gobierno y ha promovido nombramientos de afines que no cumplían las condiciones para ocupar determinados cargos. Empezando por su famoso hermano músico, que tan poco trabajaba en Badajoz que no fue capaz de explicar a una juez dónde estaba su despacho y cuál era su horario.

Ha desmantelado las empresas públicas para colocar a amigos y afines, la mayoría de ellos escasos de trayectoria e inexpertos en gestión, con resultados nefastos que cuantificados en centenares de miles de euros que pagan los ciudadanos con sus impuestos, cada vez más altos. Y no ha dudado en profundizar en la desigualdad regional haciendo suyas las políticas de sus imprescindibles socios.

«El presidente gobierna como algunos de los dictadores populistas que andan por el mundo»

Inexplicablemente, en la mesa del Consejo de Ministros no se escuchan voces discrepantes, y eso que al menos tres o cuatro de los que allí se sientan tenían biografía profesional relevante. Pero callan ante los signos inequívocos de que el presidente gobierna como algunos de los dictadores populistas que andan por el mundo. No se comprende que Sánchez siga manteniendo a Zapatero como su asesor áulico, cuando el expresidente es ejemplo de ensimismamiento y fascinación ante algunos de los dirigentes latinoamericanos más detestables en todos los sentidos. Zapatero se mueve por intereses personales, económicos, y por eso baila el agua a personajes de la política ajena a los modos democráticos.

¿Algo bueno de Pedro Sánchez? Pues sí, habla bien inglés y se defiende en francés, y caía bien a la mayoría de los gobernantes europeos. Caía, no cae, porque esos gobernantes hace tiempo que se han dado cuenta del déficit democrático del presidente español, de su escasa sintonía con los principios atlánticos, de su manga ancha con la corrupción y sus simpatías por la ultraizquierda más inquietante. Y empiezan a darle de lado.

Acude a las reuniones obligadas en la UE, las del Consejo, pero no es convocado a las que se celebran en petit comité para debatir las cuestiones verdaderamente relevantes para Europa y para el resto del mundo

«Lo más preocupante es que los españoles tienen como  presidente a un hombre falto de principios»  

La corrupción en el Gobierno y en el partido de Pedro Sánchez se lleva todos los titulares desde hace dos años. Llenan de vergüenza a la mayoría de los españoles, que no creen que el presidente fuera incapaz de advertir lo que ocurría a su alrededor, incluido su círculo más íntimo. Si es verdad que efectivamente no se enteraba de nada, entonces es que no vale para dirigir ningún gobierno.

Pero más allá de esa vergüenza, a la que se suman gravísimos problemas sociales que el sanchismo es incapaz de solucionar, incluso de abordar, lo más preocupante es que los españoles tienen como presidente a un hombre falto de principios.  

Finaliza el año y se acrecientan las especulaciones sobre el futuro político de Sánchez. Ojalá sea breve. Los españoles merecemos un presidente auténticamente democrático. Que respete la Constitución, la Ley y las instituciones. Y que no mienta.

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