The Objective
Martín Varsavsky

La captura de Maduro puede convertirse en el juicio final del socialismo 'woke'

«No es casualidad que muchos de los que hoy se autoproclaman defensores de la democracia hayan guardado silencio durante años sobre Venezuela o Cuba»

Opinión
La captura de Maduro puede convertirse en el juicio final del socialismo ‘woke’

Ilustración de Alejandra Svriz.

La captura de Nicolás Maduro por las fuerzas especiales estadounidenses no es solo un episodio militar o diplomático. Puede marcar el inicio del colapso judicial, político y moral de todo un sistema ideológico que durante décadas ha parasitado democracias occidentales bajo la etiqueta amable del «progresismo», pero que en la práctica ha operado como una red de poder, corrupción y narcotráfico: el socialismo woke.

Donald Trump ha anunciado que Maduro y su esposa, Cilia Flores, han sido capturados en una operación relámpago en Caracas y trasladados fuera del país para enfrentarse a la justicia estadounidense. Si esto se confirma plenamente, el impacto no se limitará a Venezuela. Puede convertirse en el mayor ajuste de cuentas político desde el final de la Guerra Fría.

No es Maduro: es el sistema

Maduro no es una anomalía. Es el producto de un ecosistema ideológico que mezcla victimismo, retórica social, control del Estado y alianzas con el crimen organizado. Durante años, ese sistema ha sido blanqueado por intelectuales, políticos, ONG y medios occidentales que prefirieron ignorar la realidad a cambio de mantener vivo un relato.

El socialismo woke ha funcionado así: mientras predica derechos humanos en universidades europeas, financia dictaduras; mientras habla de justicia social, se sostiene con narcotráfico; mientras acusa a Occidente de colonialismo, se alía con Irán, Rusia y grupos terroristas.

Maduro es el eslabón judicialmente más débil… y por eso el más peligroso para los demás.

El juicio que puede hacerlo caer todo

Si Maduro colabora con la justicia estadounidense, no estará confesando solo sus crímenes. Estará exponiendo el sistema de apoyo internacional que permitió al chavismo sobrevivir cuando ya había destruido su país.

Un eventual juicio podría revelar:

  • Cómo el socialismo latinoamericano financió y asesoró a partidos europeos.
  • Cómo se usaron ONG «progresistas» como tapadera para mover dinero y narrativa.
  • Cómo la migración masiva fue instrumentalizada como arma política.
  • Cómo el narcotráfico sostuvo proyectos ideológicos que jamás habrían sobrevivido en el mercado libre de ideas.
  • Cómo Cuba actuó como cerebro represivo y de inteligencia del sistema.
  • Cómo líderes occidentales miraron hacia otro lado mientras se llenaban la boca de moral.

Este no sería un juicio penal más. Sería un juicio político, histórico y moral.

El problema para el socialismo ‘woke’ es la verdad

El socialismo woke sobrevive en sociedades libres porque no se le exige rendición de cuentas. Vive de consignas, no de resultados. De símbolos, no de hechos. De acusar al adversario, no de explicar su propio balance.

Pero un juicio en Estados Unidos no funciona con eslóganes. Funciona con pruebas, registros bancarios, testimonios, grabaciones y documentos. Y eso es exactamente lo que este sistema teme.

«Si Maduro habla, el socialismo woke pierde su coartada moral. Ya no podrá presentarse como una corriente bienintencionada malinterpretada»

No es casualidad que muchos de los que hoy se autoproclaman defensores de la democracia hayan guardado silencio durante años sobre Venezuela, Cuba o Nicaragua. Sabían que tirar de ese hilo llevaba inevitablemente a ellos.

El posible punto de inflexión

Si Maduro habla, el socialismo woke pierde su coartada moral. Ya no podrá presentarse como una corriente bienintencionada malinterpretada. Quedará expuesto como lo que es en demasiados casos: una estructura de poder autoritaria sostenida por corrupción, represión y crimen organizado, decorada con lenguaje inclusivo para consumo occidental.

Por eso esta captura importa tanto. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de verdad contra propaganda, de responsabilidad contra impunidad, de realidad contra relato. Y por primera vez en mucho tiempo, el socialismo woke puede enfrentarse a algo que no sabe manejar: un tribunal, pruebas y consecuencias.

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