Mamdani es su profeta
«El republicanismo moderado y los demócratas centristas, que juntos conformaban la mayoría del país, han sido abducidos. Nueva York es la prueba de ello…»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Zohran Mamdani tomó posesión como alcalde de Nueva York a los pocos minutos de empezar el año. Ganó aplastantemente: un desconocido hace un año y pico, con una campaña en redes sociales insólitamente eficaz y tres promesas claras y concretas: congelación de alquileres, transporte y guarderías gratuitos. Modelo para armar.
Pero en su discurso de investidura defendió el «colectivismo», abordó la cuestión de Israel derogando la definición de antisemitismo de la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto), además de anular un decreto contra el boicot a Israel, si bien aseguró que gobernará para todos los neoyorquinos, incluidos los judíos (solo faltaría). Contó con el apoyo de figuras de la izquierda, el tronado Sanders y la enrabiada Ocasio-Cortez, y reiteró su oposición a Donald Trump, caladero.
Y todo eso tras jurar sobre un Corán. Cierto que a nadie sorprende que los alcaldes y otros cargos públicos, incluidos los presidentes, juren sobre la Biblia, pero no hay equivalencia posible: el primer libro es un programa político, el segundo, ¡a Dios gracias!, una antigualla de uso privado. Se entiende que los miles de musulmanes de Nueva York votasen masivamente por él. Lo que no se entiende es que también lo votasen quienes más sufrirían bajo el imperio de ese libro sagrado.
Aquí, en la población musulmana en Europa, más de un 25% apoya la implantación de la sharía en detrimento de nuestras leyes e instituciones. Entre los jóvenes nacidos o crecidos en nuestro continente, ese porcentaje puede alcanzar el 50% debido a sus crisis de identidad. Parecido ocurre con quienes comprenden, apoyan y justifican una acción armada contra los infieles en defensa de su Islam. A pesar de esa gran mentira que es la islamofobia, creada por potencias arabomusulmanas y mantenida con su financiación para acallar, debemos reconocer la incompatibilidad del islam y de un número creciente de musulmanes con nuestras sociedades democráticas libres. La democracia es haram para ellos: solo su dios puede dictar las leyes, no los hombres, aunque se sirven de ella subrepticiamente para alcanzar el poder hasta imponerse.

El movimiento MAGA surgió como un rebote, cumpliendo con la ley de hierro del péndulo, frente al wokismo dominante desde Obama (que lo toleró cuando no lo auspició): un movimiento que era una excrecencia de las élites de izquierdas. Pero, sobre todo, MAGA surge por defección de las derechas convencionales, que no supieron combatir el wokismo rampante. Se fue generando, como reacción, un universo cerrado de sesgo de confirmación supremacista, fruto de esa tensión, que ha dado pie a un país totalmente polarizado y dividido en dos cuerpos electorales impermeables. Trump es causa y efecto de este fenómeno. El republicanismo moderado y los demócratas centristas, que juntos conformaban la mayoría del país, han sido abducidos. Nueva York es la prueba de ello.
Es la misma polarización que en Europa, pero más virulenta. Se solía decir que los fenómenos sociológicos y las modas que venían de EEUU llegaban a Europa unos cinco o diez años después. Ya no es el caso: ahora los vasos comunicantes del mundo globalizado occidental hacen que todo ocurra casi simultáneamente.
Así como el cambio climático y el Me too fueron los dos temas de la conversación hasta hace poco, igual de absurdos son hoy los dos grandes asuntos en el debate público: la seguridad y la inmigración. De Europa viene el miedo a la inmigración, algo grotesco en EEUU, donde todos son hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes. No hay lugar en el planeta donde mejor esté garantizada la seguridad que en Occidente (Latinoamérica no pertenece, por desgracia).
Sin embargo, el progresismo americano coge la vía Mamdani, y le sigue el europeo; el trumpismo tiene un futuro rosado allí y aquí.
Coda 1) El punto de Maduración. Ha caído Maduro, veremos si cae el madurismo si la transición la dirige su vicepresidenta Delcy Rodríguez, según anunció Donald Trump en rueda de prensa descartando a la candidata legítima para dicha tarea, Corina Machado. Ella era la única persona indicada para una transición a la democracia y el regreso, al menos de una parte, de los nueve millones de exiliados.
Corina Machado, premio nobel de la paz, que se ha felicitado demasiado pronto por la intervención. Ella no pidió en Noruega una intervención militar en suelo venezolano: pedía a las democracias que actuaran contra los flujos financieros que mantienen viva a la dictadura represiva de Maduro, originados sobre todo en el narco, el oro y el petróleo que sortea las sanciones (toca de cerca a la trama Ábalos). Esa era y es la responsabilidad de los países democráticos, y como siempre, fallaron.
—¿Podría dirigir el país Corina Machado?
[Trump] «No, sería demasiado duro para ella ser la líder, no tiene el apoyo ni el respeto de la gente del país… con todos mis respetos, es una mujer estupenda, pero no tiene el respeto de la gente…».
Veremos, también Suárez fue ministro del movimiento y Juan Carlos el delfín de Franco, como bien lo cuenta aquel en su entretenido libro de memorias «pre-post». Pero Delcy Rodríguez es tan criminal y corrupta como su mentor. (Zapatero: respira, prórroga).
El general americano encargado de la misión en Caracas explicó ayer en rueda de prensa y con detalle técnico la exitosa operación, subrayando la capacidad militar americana de actuar en cualquier lugar del mundo con precisión y contundencia. La América intervencionista ha vuelto (ya lleva once meses haciéndolo, para que luego digan que Trump era un aislacionista…). Asistimos estupefactos a la puesta en práctica del llamado «corolario Trump de la doctrina Monroe», es decir, la doctrina Donroe o Trumproe.
Europa, una vez más, a rebufo de los acontecimientos y llorando con un ojo tuerto porque no se ha cumplido el derecho internacional ni la Carta de ONU. Vive en otro mundo. Alineado con Bruselas, «desescalada y responsabilidad, mediación de España», dice, por su parte, Sánchez.
Es evidente que Trump tenía más razones que las meramente humanitarias y democráticas para su acción al margen del derecho internacional, como pueda ser la lucha contra el narcotráfico, la recuperación de petroleras estadounidenses y la búsqueda de consolidar su zona de influencia, a la par que debilitar el eje de los regímenes latinoamericanos populistas no afines.
Pero es ante todo un puñetazo en la mesa del intemperante Trump frente a Rusia y, sobre todo, frente al gigante chino, que quiere dejar claro quién sigue siendo el líder del mundo occidental. Pero solo occidental. China ya ha tomado nota.
(La pedrea es que los sanguinarios molás iraníes ya pueden poner sus horrendas barbas a remojar).
Coda 2) Orriols über alles. El asalto a la capital Barcelona por parte del partido Aliança Catalana se produce con el anuncio de la denuncia de 700 comercios que no rotulan en catalán. Sílvia Orriols, depredadora de la derecha independentista, puede hacer que Junts se plantee en serio pactar con el PP, y volver a la cordura.
Coda 3) Sanchismo de capa caída. Empieza el año de los malos augurios demoscópicos para Sánchez y sus más que probables debacles autonómicas, amén del calvario judicial de su entorno pasado, presente y futuro (esos acosos como rayos que no cesan y el juez Peinado que sigue peinando mails de su esposa). Se huele el fin de su ciclo, pero que nadie piense que no estirará hasta lo indecible su mandato. Porque sin él no sería ni será nada.
Que la economía no se esté hundiendo al ritmo del hundimiento del sanchismo es la mejor noticia del año que empieza, y Feijóo debería aprovechar ese tiempo en pensar cómo podrá gobernar con Abascal para que Abascal no tenga la oportunidad de gobernar con él.
Coda 4) BeBé. Murió Brigitte Bardot, el mito de la mujer francesa, es decir: de la mujer. Lo fue hasta el final, políticamente incorrecta, irreverentemente libre. La prensa socialdemócrata la despide con un retrato en claroscuros. La izquierda más feminoide la ha ignorado, fiel a su feminismo inverso. Lo que le habría encantado.