The Objective
Marta Martín Llaguno

Lo vi en directo

«Ojalá con Maduro caiga el régimen y el miedo. Ojalá. Y detrás de él caigan también todos esos comisionistas sinvergüenzas que prosperan donde los demás se hunden»

Opinión
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Nicolás Maduro llega a EEUU detenido por agentes de la DEA.

Hay frases que delatan.

Este sábado, poco después de que se anunciara la captura de Nicolás Maduro tras el ataque «a gran escala» en Caracas, Donald Trump soltó una que sintetiza la estrategia del poder en esta época: «Ha sido como estar viendo un show televisivo».

Alta geopolítica para prime time.

La primera imagen viral de Maduro capturado no ha llegado de una agencia ni de un comunicado oficial: la ha colgado el propio Trump en Truth Social, la plataforma que usa como sala de prensa y que funciona como espejo de su imperio.

El POTUS (President of The United States), con aire de vendedor comercial, ha comparecido ante las cámaras ante un pensado decorado. Un discurso aparentemente simple, tremendamente empático, y milimetradamente pensado. «Estados Unidos va a dirigir Venezuela hasta una transición segura». 

Como una inauguración de franquicia: solo ha faltado el corte de cinta.

La sentencia —y el modo actoral de decirla— vale más que cien análisis: la geopolítica ya no se justifica; se produce. El relato va delante y empuja al hecho para que encaje.

Es la narrativa del dominio. Lo vimos con Putin y su mesa. Con Zelenski y su mítica camiseta. Con Sánchez y sus cartas. El poder hoy no espera a que lo narren: se narra.

Los dirigentes contemporáneos asumen con naturalidad el vocabulario de la edición: «reencuadran» cuestiones, «matizan» declaraciones, «resignifican» actos. Jamás admiten un error: lo «funden» con sus histriónicos gestos. No rectifican ni mienten: «cambian de opinión». Todos comparten algo: ninguno da puntada sin hilo.

La política consiste en construir un relato que dé respuestas a puntos de dolor de distintas audiencias con el fin de avalar ciertos actos. El resto es no perder ni el encuadre ni el foco. Se trata de «liderar informativamente». Así es, nos guste o no.

Porque el relato sustituye a la realidad. De hecho, la construye.

Por redes sociales se han difundido las reacciones de instituciones y gobiernos (incluida la ambigua de Sánchez). Y también las de los internautas. Ayer las agencias publicaron fotografías de Maduro llegando al tribunal federal. Pero ¡atentos! Lo que se ha hecho viral son decenas de memes absurdos desmentidos por verificadores. Todo en orden.

Medios y plataformas son los cooperantes decisivos del poder: seleccionan, configuran y jerarquizan (o banalizan) a su antojo las cuestiones, especialmente cuando se trata de asuntos que no podemos experimentar. Como la geopolítica o la política exterior.

Sin embargo, como explicamos en teoría de la comunicación, cuanta más experiencia directa tienes de algo, menos «manda» el medio sobre tu percepción. 

Más allá del filtro mediático, ¿qué está pasando?

He llamado estos días a varios amigos de la oposición venezolana, gente que se la ha jugado contra la dictadura. Esperaba euforia. Todos me han devuelto prudencia. «Es todo raro», dicen. «Hay que ver». La cautela de los que más razones tienen para celebrar es, quizá, la reacción más honesta de todas. Me impresiona (aunque confieso que inicialmente me cabreó).

Además de la del show televisivo, Trump lanzó otra perla. «’María Corina Machado no tiene apoyo ni respeto’ en su país». Desconcertante. ¿Cuánto hay de táctica y cuánto de estrategia y cuánto de verdad?

Todo lo que exceda lo observable es hipótesis. Pero la hipótesis inevitable, hoy, bascula sobre cuánto hay en este movimiento de apuesta por la libertad y cuánto de operación financiera; cuánto de reordenación de intereses y cuánto de poder envuelto en retórica moral.

La caída de un dictador siempre es una excelente noticia. Ojalá con Maduro caiga el régimen y el miedo. Ojalá. Y detrás de él caigan también todos esos comisionistas sinvergüenzas que prosperan donde los demás se hunden. Pura escoria humana.

Pero conviene esperar antes de brindar: todavía no sabemos si hemos asistido al nacimiento de una transición, al establecimiento de un negocio o al estreno de un reality. O a todo. Veremos. Mucha fuerza, Venezuela.

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