The Objective
Joaquín Leguina

Venezuela sin Maduro y sin democracia

«Lo ocurrido en 2003 dejó un mundo con un tirano menos, pero sustituido por otro más peligroso. Quizá mantener el chavismo sea el resultado de estos desastres»

Opinión
Venezuela sin Maduro y sin democracia

Ilustración de Alejandra Svriz.

En medio de estas Navidades, los Estados Unidos dieron un golpe con el cual Trump había amenazado y se llevaron por delante al dictador venezolano Maduro y a su esposa, que hoy están procesados en Nueva York.

Los enemigos de las dictaduras nos pusimos contentos con esa intervención que parecía liquidar la sanguinaria dictadura que el chavismo había impuesto, pero nos quedamos de piedra cuando Trump apoyó a Delcy Rodríguez como presidenta interina. Delcy Rodríguez es una persona que tiene prohibida su entrada en la Unión Europea por estar acusada de delitos muy graves contra sus compatriotas.

Pero ¿quién es Delcy Rodríguez? 

Delcy y su hermano Jorge son hijos de un marxista que fundó la Liga Socialista, el movimiento en el que Nicolás Maduro dio sus primeros pasos en política y que acabó sentando las bases de la relación de sus hijos con el sucesor de Hugo Chávez. El hombre acabó en la cárcel por su participación en el secuestro de un empresario estadounidense y murió como consecuencia de las torturas que sufrió a manos de las fuerzas de seguridad. Era 1976 y en Venezuela gobernaba Carlos Andrés Pérez, un dirigente del partido socialdemócrata Acción Democrática, perteneciente a la Internacional Socialista y aliado de Washington.

La personalidad de los dos hermanos está marcada por ese duro trance vivido en su infancia, el asesinato de su padre. Con la llegada de Nicolás Maduro al Gobierno, la presencia de los hermanos Rodríguez en el círculo más íntimo del poder se consolidó. Pasaron a convertirse en «gente del Palacio de Miraflores».

Pese a la desconfianza general que el sostenimiento que Trump ha otorgado a Delcy, quizá convenga recordar lo que pasó en Irak en 2003, cuando el Gobierno de los Estados Unidos, con el presidente Bush a la cabeza, invadió Irak y ahorcó a Sadam Huseín. Tras la caída de Huseín, se tuvo ya la sensación de anarquía de la cual surgió el Estado Islámico, situación que se ha prolongado hasta hoy. Lo ocurrido en 2003 dejó un mundo con un tirano menos, pero sustituido por otro mucho más peligroso. Algo parecido ocurrió con Libia, que tras el linchamiento de Gadafi no ha llegado a ver la democracia. Quizá mantener el chavismo en Venezuela sea el resultado de estos y otros desastres, como el provocado también en Irán. En palabras de Guillermo Altares:

«La sensación de libertad tras la caída de Sadam Huseín, un tirano genocida que no dudó en gasear a su propio pueblo, desapareció rápidamente, al igual que ocurrió en Libia con Muamar El Gadafi. Forzar a bombazos un cambio de régimen no solo va contra la legalidad internacional, es siempre una pésima idea».

La única lección que parece haber aprendido Estados Unidos de aquellas nefastas intervenciones es el pragmatismo. Y es posible que esa posición actual pueda desembocar en un régimen democrático, pero la ausencia de Maduro no ha sacado un solo preso político de la cárcel y ese inmovilismo ha traído consigo la sospecha de que a Trump lo único que le interesa de Venezuela es el petróleo.

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