The Objective
Ignacio Vidal-Folch

Clooney se afrancesa

«Desde que el Donald recuperó la presidencia de EEUU, muchos son los que suspiran por huir a Europa, por más que insista en que el Viejo Continente es un desastre»

Opinión
Clooney se afrancesa

George Clooney y su esposa Amal.

George Clooney, y su esposa, la abogada Amal Clooney, se han nacionalizado franceses. Al presidente demente, Donald Trump, esto le parece muy mal y rápidamente se ha puesto a insultarle y a intentar ridiculizarle en Truth Social, las dos cosas que parece que son las que más le gustan (después de mentir, sin importarle que nadie se crea sus trolas, y de matar gente a distancia).

El bello y simpático actor, que, gracias a lo bien que luce el smoking y alza la ceja, iba para heredero de Cary Grant, pero que ha alcanzado la fama mundial por anunciar Nespresso (What else?) en todos los aeropuertos del mundo, despierta la envidia de muchos de sus compatriotas.

Sí, porque desde que el Donald recuperó la presidencia de su país, muchos son los que suspiran por huir a Europa, por más que el Donald insista en que el Viejo Continente es un desastre y anda camino a la extinción.

Algo tendrá Europa… un je ne sais pas quoi, para que los amigos americanos te hablen desde Nueva York o Los Ángeles y muy angustiados te expliquen que la vida bajo el Gobierno de Trump es insoportable, que aquello es un infierno, que no se sienten las piernas, y que si les saliese alguna posibilidad, algún trabajo razonablemente remunerado, se mudarían aquí sin pensárselo dos veces.

Yo les escucho atentamente, fingiendo comprender su terrible aflicción y compadecerles, ya que no me parecería simpático decirles: «No me llores, quédate y lucha, como es tu obligación».

No; me tienta decirles eso, pero no lo hago. Lo que les digo es:

—Vamos a ver lo que puedo encontrarte… No puede ser muy difícil conseguirte empleo, porque las estadísticas afirman que la economía española va como un tiro, el IBEX está que se sale y el paro cae en picado… Dame unos días, que mueva a mis contactos. Dime, ¿cuánto ganas al año?

El pobre amigo americano me dice una cifra, yo le respondo que en España probablemente tendrá que conformarse con menos, pero, en cambio, por el alojamiento no tendrá que preocuparse, ya que hay muchísimas casas vacías y a la venta, a precios muy asequibles, en miles de pueblos y aldeas de Galicia, de Asturias, de Castilla la Vieja y la Nueva, de Aragón…

Hombre, yo, la verdad, preferiría vivir en Madrid… O en Barcelona o en Sevilla… Qué voy a hacer yo en un pueblo…

Entonces les explico que los venezolanos ricos ya han copado todas las casas representativas de Chamberí, y que Richard Gere se hizo con el último chalet disponible en La Moraleja. ¡No hay nada que hacer!

Les recomiendo que se olviden de España y hagan como George Clooney: que se compren una casa en la Costa Azul –sin ir más lejos, La Madrague, el chalet de Brigitte Bardot en Saint-Tropez, acaba de quedar deshabitado, y estará listo para entrar a vivir en cuanto los ciervos, perros, pingüinos, burritos, galgos y otros bichos que la actriz amaba sean trasladados al matadero más cercano y convertidos en hamburguesas gourmet—. A renglón seguido ya pueden nacionalizarse franceses.

Para qué hacerse español, si todos preferiríamos ser franceses. Todavía resuena en mis oídos la exclamación que prodigaban algunos amigos intelectuales cuando entonces:

—¡Qué desastre de país tenemos!… Qué barbarie… Es insoportable. ¡Yo me hago francés!

En sus dulces y románticos ensueños, el Estado francés les concedía encantado la ciudadanía, ya que iban a enriquecer el patrimonio cultural. Imaginaban la buhardilla en París, la publicación de sus libros en Gallimard y la subsiguiente mudanza a un piso en la rue du Bac… La posibilidad de que B.B. les invitase a La Madrague…

—Brigitte, precisamente había pensado en ti para que protagonices la película que casi seguro se rodará sobre una novela que pienso escribir. Eso sí, para encarnar bien a la protagonista, que es una mujer bella, liberada, seductora, independiente, tendrías que rejuvenecer 50 años y perder 50 kilos. Espero que estas condiciones no te parezcan síntomas de gordofobia ni de edadismo. ¿Cómo lo ves?… ¡Y aleja de mí ese maldito tejón!…

Esa fantasía viene a ser la de Midnight in Paris, de Woody Allen. Una película.

Hélas!     

Publicidad