¿De qué se trata?
«Frente a la dignidad de las razones sionistas en el ‘caso Eichmann’ se levanta el cinismo de un promotor inmobiliario cuya único fin es robar el petróleo venezolano»

El dictador Nicolás Maduro trasladado por agentes de la DEA.
El asunto de la semana, con diferencia, ha sido el secuestro de Maduro mediante una operación militar norteamericana. De inmediato la izquierda sanchista y una parte de cínicos equidistantes han esgrimido eso de la ley internacional y bla bla bla. Sobre esta cuestión, Guadalupe Sánchez ya puso en claro el otro día en TO cuál ha de ser la posición de alguien con cerebro. Si no la han leído, léanla, por favor.
La operación me ha recordado el secuestro de Eichmann y se lo voy a contar porque ya vamos siendo pocos los que vivimos aquel magnífico suceso. En el mes de mayo de 1960 fue extraído (como dicen ahora los periodistas) de Buenos Aires el criminal de guerra Adolph Eichmann y conducido a Israel, donde fue juzgado, condenado y ahorcado en 1962. El mejor relato del asunto está en Eichmann in Jerusalem, escrito por Hanna Arendt y del que hay una selección traducida en Taurus.
Eichmann había sido quien organizó la red de ferrocarriles que condujeron a millones de judíos a la muerte en los campos de exterminio. Fue una pieza clave de la industria del asesinato inaugurada por el Tercer Reich alemán en su modelo actual, ya que el anterior, el bolchevique, se había realizado a mano. De la manufactura criminal comunista a la criminalidad industrial alemana hay un gran adelanto. Fue como pasar del Biscúter al Lamborghini.
Las actas del proceso, analizadas por Arendt, con su característica e incisiva inteligencia, son sobrecogedoras. En el documental filmado, donde aparece Eichmann tratando de justificar sus actos, hay un momento magnífico en el que incluso llega a enfadarse porque nadie reconoce el trabajo enorme que llevó a cabo y el valor de su dedicación. No fue fácil asesinar a tantos millones de humanos, viene a decir exasperado. Arendt llamó a esa monumental estupidez «la banalidad del mal». Finalmente, Eichmann mostraba algo esencial y terrible: era tan sólo el típico funcionario al servicio del Estado y se había limitado a cumplir con su deber. El monstruo carecía por completo de individuación. Era un siniestro animal sin conciencia. Por lo tanto, se le podía ahorcar como a un animal dañino. Y así se hizo.
Lo de la «banalidad del mal» sirvió para que varios centenares de mentecatos atacaran a Arendt por inmoral. Otros tantos se valieron del derecho internacional para combatir sus ideas. Ni unos ni otros habían entendido nada. O lo que es peor, habían entendido perfectamente a Arendt y reaccionaban como perros de Pavlov.
«Cuando quedó claro que nadie iba a poner en práctica el derecho internacional, el Mossad se saltó una ley que protegía a los asesinos»
Se trató, sin duda, de una operación ilegal de los servicios secretos israelitas, los cuales actuaron tras constatar que nadie iba a perseguir a los asesinos nacionalsocialistas alemanes que se habían refugiado en Argentina, España, EEUU y demás lugares acogedores y compasivos. Sólo cuando quedó claro, ¡en 1960!, que nadie iba a poner en práctica el derecho internacional, sólo entonces el Mossad decidió saltarse una ley internacional que protegía a los asesinos.
Algo así ha sucedido también con Maduro, un asesino privilegiado por gente del Partido Socialista español en la persona de Zapatero, y sostenido por todos los organismos internacionales europeos incapaces de defender nada que no sea el sueldo de sus empleados. Como es lógico, sólo un estúpido puede acusar a Trump de ser peor que Maduro. O aún más grave, sólo alguien que está a sueldo de la mafia criminal venezolana puede decirlo.
Pero, como ya intuyó Marx, la historia se produce una vez como tragedia, y luego se repite como comedia. Las razones de los israelitas que explica Arendt son inexpugnables para cualquier moralista con cerebro. Las razones de Trump también, pero frente a la dignidad de las razones sionistas se levanta el cinismo de un promotor inmobiliario cuya única finalidad es robar el petróleo de Venezuela que no es de Maduro, sino del pueblo venezolano. Una triste comedia que sólo ha servido para que proteste toda la izquierda que estuvo silbando al cielo mientras Putin invadía Ucrania. ¿El derecho internacional? ¡No me hagas reír que se me abre la herida!