Sorpresa: el petróleo siempre ha sido y será de Venezuela
«Para animar a una multinacional petrolera a invertir en Venezuela, hay que garantizarle que no va a ser expropiada y que le van a devolver sus instalaciones»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Poco después de que tropas especiales de EEUU capturasen al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y lo llevasen a una cárcel de Nueva York, muchos analistas afirmaron que Trump quería apropiarse del petróleo venezolano. Trump lo reconoció: «Necesitamos acceso total al petróleo». ¿La razón? Venezuela «se apoderó y robó unilateralmente del petróleo, los activos y las plataformas estadounidenses».
Pero por más que quiera, ni Trump ni nadie puede apropiarse del petróleo porque desde hace más de un siglo, según las leyes de Venezuela, el petróleo ha sido, es y será de Venezuela. Lo que hacen las multinacionales es explorar, extraer, comercializar, refinar el petróleo y pagar una parte al Estado venezolano.
Vayamos al principio. Estados Unidos empezó a explotar el petróleo en Venezuela en los años veinte del siglo pasado. Llevó a sus ingenieros, construyó plataformas, oleoductos y refinerías, empezó a sacar petróleo y a venderlo: las petroleras se quedaban el 90% y daban el resto al gobierno de Venezuela.
Para el gobierno venezolano del general Juan Vicente Gómez (un país pobre entonces) aquello era un negocio formidable. Era como si alguien fuera a tu jardín, hiciera una prospección, detectase agua, construyera un pozo, extrajera agua mineral y la vendiera a los vecinos, dándote una parte del volumen total: las regalías o royalties. Y tú, sin poner un dólar.
Venezuela se enriqueció, pero el petróleo, según las leyes de Venezuela, siguió siendo de Venezuela, no de EEUU.
Los posteriores gobiernos de Venezuela fueron aumentando su parte del negocio (los royalties) cobrando hasta el 16% del petróleo extraído a todas las compañías extranjeras que han operado en el país, desde la Standard Oil o Texaco, hasta las europeas Royal Dutch y Total. Estas compañías eran dueñas de las instalaciones y tenían la potestad de extraer y comercializar el petróleo. Pagaban los royalties en forma de dinero o entregas de petróleo a Venezuela, pagaban impuestos, y tasas al gobierno de Venezuela. Pero el petróleo, esa materia prima, seguía siendo de Venezuela, según las leyes de país.
En 1976, el gobierno de Carlos Andrés Pérez nacionalizó el petróleo con el lema «el petróleo es nuestro» y creó PDVSA. Lo que hizo en verdad fue nacionalizar las instalaciones, los oleoductos y las refinerías, que pasaron a manos de PDVSA, la nueva empresa estatal. El Estado venezolano pagó 5.600 millones de dólares en indemnizaciones a las compañías transnacionales (como Shell, Exxon y Mobil) por sus activos en el país. Las compañías extranjeras siguieron operando a través de concesiones de PDVSA, garantizando así el suministro de petróleo a sus propios países y aportando asistencia técnica a Venezuela.
La situación cambió en los 80 del siglo pasado, con la llamada «Apertura Petrolera». Los pozos del lago de Maracaibo comenzaron a agotarse y se descubrió la inmensa faja bituminosa del Orinoco (en teoría, la mayor reserva del mundo). El gobierno permitió que las empresas extranjeras formaran sociedades mixtas con PDVSA y empezaran a invertir de nuevo. Solo ellas tenían el dinero y la tecnología para extraer ese petróleo pesado lleno de azufre. Para darles garantías, el gobierno permitió que las petroleras extranjeras tuvieran la mayoría del capital (y del riesgo) de las nuevas sociedades. El petróleo seguía siendo venezolano, con la ventaja ahora de que, con las alianzas, PDVSA se convirtió en una de las empresas más grandes del mundo, mejor gestionada y con mejores técnicos. La producción de petróleo llegó al máximo de su historia: más de tres millones de barriles al día.
Entonces llegó Hugo Chávez. A partir del 2000 expropió las instalaciones a las compañías extranjeras y obligó a las multinacionales a aceptar sociedades mixtas con la condición de que PDVSA fuera mayoritaria. Aumentó los royalties (las regalías) hasta el 30%. Muchas dijeron que no y se fueron como fue el caso de las estadounidenses ConocoPhilips y ExxonMobil. Según el derecho internacional, Chávez tenía que haber indemnizado a esas empresas, pero no lo hizo o lo hizo en parte. Venezuela todavía les debe dinero de las expropiaciones.
En el caso de PDVSA, Chávez sustituyó a los directivos profesionales, por políticos. Los empleados hicieron una huelga que acabó con el despido de 20.000 empleados de PDVSA.
Las instalaciones, los oleoductos y las refinerías perdieron capacidad y se deterioraron. La producción de petróleo pasó de más de tres millones de barriles al día, a menos de 400.000. La única compañía estadounidense que ha operado estos años ha sido Chevron.
China, que es el mayor comprador de petróleo del mundo, ha aprovechado la oportunidad para cobrarse los préstamos que ha concedido a Venezuela. Sus barcos salen de Venezuela con petróleo, y se ha convertido en uno de los principales clientes del país. El año pasado, China instaló una plataforma flotante (el proyecto costará mil millones de dólares) en el lago de Maracaibo para reactivar la extracción de petróleo, y además obtuvo una concesión de 20 años.
Estados Unidos quiere el petróleo de Venezuela, y de paso echar a China de ese territorio porque es su gran competidor geopolítico. El petróleo es un recurso estratégico para todos los países porque se puede convertir en gasolina y gasóleo para los vehículos, queroseno para la aviación, asfalto, aislantes, tuberías, sellantes, plásticos, resinas, fibras sintéticas (nylon, poliéster), caucho sintético, disolventes, pinturas, adhesivos, medicamentos, cosméticos, detergentes, ropa, electrónica, teléfonos, teclados, ordenadores, prótesis médicas… Ninguna materia prima es tan versátil.
«Venezuela tiene 3.000 kilómetros de costas en el Caribe dispuestos a recibir la inversión de empresas turísticas»
Si la presidenta Delcy Rodríguez permite ahora el regreso de las empresas petroleras, las primeras y con más ventajas serán las de EEUU. Los norteamericanos son los que más han arriesgado en el cambio (el arresto de Maduro ha sido el más caro de la historia), y ejercerá sus derechos. Venezuela ha dicho que está dispuesta a «cooperar con EEUU».
Esa apertura, si se lleva de forma razonable, permitirá en poco tiempo a Venezuela recuperar sus exportaciones, aumentar sus ingresos y mejorar el nivel de vida. No será fácil porque la mayor parte del petróleo venezolano (en la Faja del Orinoco) es pesado, lo que significa que cuesta mucho extraerlo y refinarlo. Para animar a una multinacional petrolera a invertir en Venezuela hay que garantizarle que no va a ser expropiada y que le van a devolver sus instalaciones.
Si las multinacionales creen que pueden invertir en Venezuela y ver la rentabilidad, sería el primer gran paso para recuperar un país destrozado por 26 años de chavismo.
Y eso que solo estamos hablando de petróleo. Venezuela tiene 3000 kilómetros de costas en el Caribe dispuestos a recibir la inversión de empresas turísticas (ojalá españolas). Posee inmensas reservas de oro, piedras preciosas, hierro, aluminio, bauxita, tierras raras, es el séptimo país con mayores reservas de agua dulce, pastos, tierras feraces y una población que quiere ser libre, trabajar, y prosperar.