The Objective
César Antonio Molina

La 'deschavización' de Venezuela

«Delcy es tan culpable como Maduro. Debería ceder el Gobierno y entregárselo temporalmente a alguien que no tuviera sus manos manchadas de sangre»

Opinión
La ‘deschavización’ de Venezuela

Ilustración de Alejandra Svriz.

Que caiga una dictadura siempre es una gran noticia para la democracia. Pero esta gran alegría se agria un poco, o un mucho, cuando es otro neodictador el que suplanta al anterior. Un dictador este mucho más poderoso, más violento (ya llevamos tiempo viendo las persecuciones y asesinatos a los inmigrantes hispanos que permite y justifica), que viene de fuera, egocéntrico, y que cree que puede poner a sus pies a todo país o nación que no cumpla con sus caprichos. Porque Trump es un neodictador que está convencido que su mandato sí llegará a los mil años. Un personaje mentalmente trastornado.

A Trump, estoy seguro, que todos los insultos que —con razón— le podamos hacer le encantan. Lo peor para su psiquis sería no volver a citarlo durante algún tiempo. Cosa que como todos sabemos es una utopía. Trump no es un demócrata, o es tan demócrata como también se creían Chaves y Maduro, este último falsificando las papeletas. Elegido en las urnas, Trump ha violado permanentemente la división de poderes que es esencial para que una democracia lo sea plena y de verdad. Y eso, hasta estos años, lo eran los EEUU.

Un neodictador destituye a otro dictador diciéndonos a todos, descaradamente, que lo hace para robarle o para robar mejor que él lo estaba haciendo. No para restituir la democracia y las libertades. Trump, desde luego, es siempre muy claro. Sobre todo con países que no se pueden defender. Con Putin se repliega de manera cobarde y vergonzosa. Y además afirma, reiteradamente, que Venezuela va a depender de los americanos durante muchos años.

Todavía no ha dicho que va a ser una colonia o se va a integrar en la bandera estrellada. Esto último nunca pasaría, porque los hispanos para él son gentes de un nivel racial e intelectual muy bajo. Está convencido que sus genialidades pervivirán en el tiempo o se reencarnarán en alguno de sus «niños». Así denomina Trump al vicepresidente y a Marco Rubio, un hispano «excepcional» como para Hitler lo fue aquel cojo (con perdón) y escasamente esbelto Joseph Goebbels, ejemplo a su manera feroz de la raza aria.

En su visión imperialista hollywoodiense Trump da por hecho que el Partido Demócrata desaparecerá y que todas las instituciones harán lo mismo tras perseguirlas sin piedad. Otras quizás surjan después de haber colocado a los suyos. Trump puede perfectamente morir. Por ejemplo, en la próxima visita a Moscú, cuando Putin le enseñe las tumbas de Lenin y Stalin para «inspirarse». Este Partido Republicano secuestrado perderá en algún momento y la democracia regresará en toda su plenitud. El Partido Demócrata aún tiene un largo camino para purgar su wokismo e insensateces varias. Kamala Harris fue la mayor aliada de su oponente. Fue ella quien verdaderamente aupó a Trump al poder. La posibilidad de que pudiera volver a ser de nuevo la candidata demócrata a las próximas elecciones da pavor.

«¿Pueden los mismos ladrones y asesinos liderar una transición democrática?»

En el año 2024, en estas mismas páginas, publiqué un artículo que se titulaba ¿Amnistiar al nazismo etarra? En él contaba cómo el sanchismo, en colaboración con el PNV y los etarras de Bildu, estaban integrando a los terroristas en la vida social del País Vasco. Y explicaba cómo. Terroristas, muchos de los cuales ni se han arrepentido ni cumplido sus penas. Y comparaba este proceso, en su justa medida, con lo que pasó con los millones de alemanes que sobrevivieron a la derrota por parte de las tropas aliadas. Y ahora aquí, volvamos a establecer un parangón semejante con lo que está sucediendo en Venezuela. ¿Pueden los mismos ladrones y asesinos liderar una transición democrática? Como todos sabemos el nazismo fue un estado criminal terrorista que provocó la más sangrienta de las guerras, asesinó a millones de personas y exilió a miles de conciudadanos.

La dictadura de Chaves y Maduro, con todos mis respetos hacia las víctimas cruentas o incruentas, en comparación con aquello, es de otro calibre. La sanción que recibieron los seguidores del nazismo, casi toda la población en un grado u otro, fue mínima. Y allí también estaban los EEUU. Precisamente ellos y la URSS se repartieron a los científicos y recolocaron a los militares por el miedo al comunismo, de un lado, y al capitalismo por otro. La naciente República Federal Alemana otorgó la amnistía a todos los nazis sobrevivientes excepto a los cabecillas más destacados. Adenauer puso de Jefe de Gabinete al jurista Hans Globke, coautor de las leyes raciales de Núremberg. En mi artículo citado aquí, decía que era como si Sánchez nombrara para el mismo puesto a Otegi. ¿Quién sabe? Alemania diezmada, Venezuela de alguna manera también lo está, tuvo que integrar a todas las gentes. Pero se llevó a cabo un proceso de desnazificación. Adenauer dijo algo tremendo: «No se tira el agua sucia mientras no se dispone de la limpia».

¿Y qué pasó con las víctimas? Condenadas al silencio, como ha sucedido en el País Vasco. ¿Pasará esto mismo en Venezuela? No sé por qué, siempre hay una mayor condolencia con los asesinos que con los asesinados. Delcy ha mandado a la cárcel a cientos de detenidos sin juicio, pero ella —al menos todavía— no puede ser ingresada en una de esas dependencias. La actual presidenta de Venezuela es una «criminal de guerra», pues la guerra fue lo que se le hizo a millones de compatriotas indefensos. Estas gentes tenían patente de corso para torturar y asesinar a los opositores. En la Alemania de la posguerra tomó el poder un civil que tenía limpia las manos y los mandos del ejército que quedaban fueron depurados. ¿Por qué no así en Venezuela? La deschavización debería surgir inmediatamente, así como un pacto entre todos los partidos políticos legítimos para preparar unas elecciones generales o un gobierno de concentración.

Lo peor de la democracia es su permanente debilidad y su mala conciencia para ejercer el poder fuerte cuando sea menester. La democracia tiene que buscar, juzgar y castigar a aquellos que la derrocaron por las armas, o bajo amenazas. La democracia debe ser fuerte y justiciera. Y el mal no se puede combatir si no hay por medio arrepentimiento y el pedir perdón. No se puede asesinar y luego perdonar al asesino. No se puede torturar y perdonar al torturador. No se puede robar y perdonar a los ladrones ¿Qué derechos tendrían entonces los que han sufrido inocentemente todos estos agravios? Si no se lleva a cabo una depuración siempre estará en el aire la posibilidad de nuevos golpes de Estado. Y entonces me dirán ustedes, ¿qué pasó con la transición española que no castigó a nadie? No se pueden castigar a los muertos. La transición la hicieron los hijos pero, sobre todo, los nietos de ambos bandos. Y además, en este caso, las circunstancias no son exactamente las mismas.

«A Trump la democracia en Venezuela o en otro país no le interesa nada. Si viera ventajas económicas, ayudaría a que la derrocaran»

A Trump la democracia en Venezuela o en cualquier otro país no le interesa nada. Si viera aprovechamientos económicos ayudaría a que la derrocaran. Groenlandia o Canadá son ejemplos de la desestabilización que quiere provocar en Occidente. Como la desaparición de los EEUU de la OTAN, que es una invitación a Putin a agredirnos todavía más. Nuestro continente para él es una reserva india. Delcy, la actual presidenta de Venezuela, es tan culpable como Maduro. Mucho más lista que él, mucho más tramposa y delincuente, debería ceder pronto el Gobierno y entregárselo temporalmente a alguien que no tuviera sus manos manchadas de sangre. Y así iniciar el camino de la transición hacia la democracia.

Hay que empezar a deschavizar Venezuela explicando todo lo que, durante estos años, llevaron a cabo los responsables del régimen aún en el poder. Y llevar los restos de Chávez a un cementerio. E ir, institución por institución, restableciendo a aquellos funcionarios depurados. La libertad de poderes es fundamental. Víctimas, desaparecidos, exiliados y expropiados deberían ser reconocidos oficialmente y respetados. Y los militares de tropa pasados a la reserva. ¿Le interesa esto a Trump? ¡No, en absoluto! La democracia le horroriza. ¿Cuántos muertos van ya debido a sus leyes antiinmigración? Sobre todo contra la hispana. Por cierto, Trump es el mayor perseguidor del español. Lo retiró de todos los organismos públicos y hablarlo en la calle es una forma de denunciarse uno a sí mismo.

Europa debería ser más beligerante con este lamentable personaje que teme a los grandes, como se ve que hace con Putin, y desprecia a los que él cree inferiores. Pero teniendo la UE los dirigentes que tiene, cualquier día se presenta en Bruselas y ejecuta un rápido ordeno y mando. Para Trump el derecho a las normas, tanto nacionales como internacionales, le da lo mismo. Venezuela tiene que comenzar su depuración. Y las bandas armadas tienen que devolver sus armas e integrarse en la sociedad. Venezuela no solo tiene grandes recursos naturales, sino también humanos: gentes muy preparadas, dispuestas de nuevo a trabajar por su país.

Trump, que es un analfabeto por decisión propia, desconoce que los faraones y los emperadores no solo pasaron a mejor vida, sino que fueron arrancados de la historia por sus sucesores. Camino de eso va él, nieto de emigrantes alemanes, de los cuales también se avergüenza. ¿Había otra manera de sacar a Maduro de su sillón? ¡Probablemente no! Casi seguro que no. ¿Entonces, por qué no se lo agradecemos a Trump? Porque Trump no es ninguna ganga. ¿Caerán pronto Cuba y otras dictaduras de la zona? ¡Ojalá que sí! Pero Trump no actúa como un demócrata sino como un hacendado. Sea como fuere, y de momento, que la alegría dure un rato más.

Publicidad