Que parezca que gobierna
«Lo importante es que siempre haya algo de lo que hablar como si de verdad estuviera gobernando. Que parezca que gobierna es lo único que le importa»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Cada dos o tres días el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, nos sorprende con alguna nueva propuesta que inmediatamente marca el relato informativo del día. Suelen ser propuestas que consideran urgentes e impactantes y que despiden un supuesto aroma progresista. También las hay que son solo maquillaje para ocultar el tufo que desprenden los pagos a los chantajes de los socios parlamentarios y de Gobierno. Suelen ser propuestas que implican, según los responsables, la solución casi definitiva a problemas que afectan a la ciudadanía, al desarrollo económico, a la estructura del estado o incluso a la paz mundial.
Coinciden todas estas propuestas en ser acogidas con un automático entusiasmo por toda la trompetería informativa del gobierno que no duda en batirse en su defensa en cualquiera que sea la tertulia. Nunca cuestionan su contenido, ni su originalidad o simplemente su viabilidad. Pese a que todos saben que muchas de esas propuestas son viejas, repetidas o sin ningún futuro parlamentario.
Algo sí tienen en común estos anuncios con los que Sánchez intenta marcar la agenda política. Nunca los hace en el Parlamento. Esos anuncios buscan siempre el protagonismo del presidente en algún acto institucional, o de partido, en el que sepa que con toda seguridad va a ser acogido por el aplauso sumiso de los suyos y por la ausencia de periodistas que le puedan preguntar o cuestionar el proyecto en cuestión.
En esta escenografía creada, en la que buscan siempre un ambiente a favor del líder, podemos encontrarnos con esperpentos como el celebrado hace unos días en Madrid en el que Sánchez acudió a ver como una excavadora derribaba unos viejos edificios militares en la eterna operación de Campamento en Madrid que empezó en 1989. Un presidente de Gobierno, tres ministros, un delegado de Gobierno y un buen ramillete de cargos socialistas en esta operación urbanística en la que tiene un papel fundamental el Ayuntamiento de Madrid, y cuyo alcalde, José Luis Martínez-Almeida, de forma sorprendente fue excluido de la foto.
Este acto refleja en todas sus miserias la situación de un Gobierno que lo da todo por una foto en la que parezca que gobierna. Un acto en el que Sánchez anunció, de nuevo, la solución mágica para finalizar con el problema de la vivienda. Tenemos un presidente que ha encontrado ya varias veces la solución definitiva a la escasez y carestía de la vivienda. En Campamento, Sánchez repitió la escénica que ya había protagonizado hace veinte años, sí en el 2006, el también presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero. No solo la foto. También la misma promesa de construir 10.700 viviendas en esos terrenos. El mismo número de viviendas.
Las dos fotos tienen, sin embargo, algunas diferencias interesantes. En la de Sánchez hay siempre un batallón de apoyo de extras que son cargos socialistas uniformados como él con vistosos chalecos amarillos y cascos blancos. Otra diferencia, y no menor, es que en la época de Zapatero todavía se cumplía el habitual respeto institucional para el protocolo de este tipo de actos. Junto a Zapatero estaba José Bono, por entonces ministro de Defensa, propietaria de los terrenos (el ministerio, no Bono), y también las lógicas presencias de la por entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y del alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón.
A Sánchez le sobran todos. Creado ya el escenario propicio, rodeado Sánchez solo de los suyos, y sin prensa que pudiera preguntar, anunció la medida estrella del acto: la bonificación fiscal del 100% en el IRPF para los caseros que no suban el alquiler. Y ¡zas! La segunda. Tampoco esta medida era original. Ya la incluyó hace justo un año en otro anuncio de bonificaciones fiscales y que luego se enlazó con otro anuncio en mayo de la ministra de vivienda, Isabel Rodríguez. Ninguna salió adelante. Duermen entre otras varias decenas de proyectos en el Congreso, sobre todo por la oposición de los propios socios. Ni Sumar ni Podemos lo aceptaron, ni tampoco ahora lo van a hacer.
«’Ganamos todos’, repetía un Sánchez que copiaba la frase a Oriol, que copiaba las propuestas ya presentadas hace un año»
Lo sabe Sánchez, pero eso es parte de su propio guion para ganar tiempo y seguir en el sillón de la Moncloa hasta el 2027. Sánchez lleva un par de años que hace cómo que gobierna. Rodeado de un inigualable cerco de escándalos de corrupción, se dedica a anunciar, día sí y día también, medidas de gobierno que no va a poder sacar adelante en un Congreso en el que es incapaz hasta de aprobar la esencia legislativa básica para el funcionamiento correcto de un estado. Eso que en todos los países del mundo son imprescindibles y esenciales y que se llaman Presupuestos Generales. A este paso, Sánchez va a gobernar una legislatura sin haberlos aprobado un solo año.
Para algo sí que le sirven, para regalar propuestas insolidarias a los socios independentistas. Decía el líder de ERC, el condenado e inhabilitado Oriol Junqueras, que la nueva propuesta de financiación del gobierno, la que regala 4.700 millones de euros a Cataluña y les beneficia con la singularidad de ordinalidad, solo para ellos, que con esa ley «ganamos todos». El «todos» se refería solo a Cataluña, a Salvador Illa, al PSC y a ERC. Hasta Sánchez si consiguiera de nuevo convencer a todos sus socios. Un «todos» siempre singular.
La misma frase de «ganamos todos» la usó también Sánchez para vender su repetido plan de ayudas fiscales al decir que con esas bonificaciones fiscales se compensaría a los dueños que no suban el alquiler, con lo que ganarían si no se incrementaran los precios. «Ganamos todos», repetía un Sánchez que copiaba la frase a Oriol, que copiaba las propuestas ya presentadas hace un año y que también copiaba el acto del derribo de la excavadora de Zapatero del 2006.
En esta ocasión fue la vivienda. Pero sus propuestas, que son humo, se suceden. Hace poco se trataba del envío de tropas españolas a Ucrania si hubiera un improbable alto el fuego, y de paso para que todo se complique siempre más y dominar así el relato, proponía también el envío de soldados españoles a palestina en una inventada fuerza de paz. Lo importante es que siempre haya algo de lo que hablar como si de verdad estuviera gobernando. Que parezca que gobierna es lo único que le importa.