The Objective
Francesc de Carreras

Algo se mueve

«La aportación de Jordi Sevilla es una más, tan razonable como otras, y con un PSOE en franca decadencia me parece oportuna. Una voz más en la buena dirección»

Opinión
Algo se mueve

Ilustración de Alejandra Svriz.

¿Pero dónde se mueve? En el espacio político del centroizquierda español. Veamos.

Antes de nada, señalar que ello no es nuevo. Ya había movimientos, internos y externos, desde la elección por segunda vez de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE en mayo de 2017. De manera mucho más decidida, la alarma empezó a cundir desde la moción de censura a Rajoy que dio lugar a un Gobierno socialista sostenido por los populistas de Podemos y los independentistas catalanes y vascos.

Un año y medio después, tras dos elecciones generales, las ideas de Pedro Sánchez cuando fue elegido cristalizaron en el primer gobierno de coalición de la democracia: el PSOE con Podemos. Y también cristalizaron determinadas asociaciones como La España que reúne o el colectivo Fernando de los Ríos, en los que participaron militantes del PSOE y otros de su entorno.

Sin visibilidad pública también se reunían otros socialistas críticos con Sánchez. Además, algunos actos públicos fueron aprovechados por los socialistas discrepantes. Especial relieve tuvo la presentación de las memorias de Virgilio Zapatero a la que asistieron y tomaron la palabra Felipe González y Alfonso Guerra. El público que abarrotaba el amplio local se sentía feliz viendo como los dos veteranos de la época de Suresnes coincidían de nuevo.

Un poco más tarde, el grupo de reflexión El Jacobino pasó a constituirse en partido con el nombre Izquierda Española: ni su confusa estrategia, ni el nombre, eran los adecuados para aquel momento y fracasaron en las últimas europeas, pero quedó claro que discrepaban del PSOE y de Podemos, antes de que este se hundiera. El grupo La Discrepancia ha efectuado una buena labor en su web y el nombre ya lo dice todo. En los últimos meses, el manifiesto Consenso y democracia obtuvo más de mil firmas. Desde la opinión pública, en TO y en otros medios, incluidas radios y televisiones privadas, las críticas al Gobierno y al PSOE desde posiciones de centroizquierda han sido constantes.

«Para el PSOE de Sánchez gobernar es residir en la Moncloa, no intentar solucionar los problemas de los españoles»

Pero todas estas críticas chocaban contra aquello que controlaba Ferraz: en el PSOE, en sus estructuras partidistas, no se movía ni una hoja, allí se detenía todo, no traspasaba sus paredes. Lo mismo puede decirse de sus periódicos de referencia, como El País y el Diario.es, o en los medios de comunicación pública como RTVE o la SER. No era sólo en opinión sino también en información: determinadas noticias no aparecían en estos medios. Una vergüenza como profesionales.

Las elecciones de 2023 se sentenciaron con la frase de Sánchez: «Somos más». El PSOE había sido derrotado, pero sumando a los demás partidos, los mismos de la moción de censura de 2018, alcanzaban una frágil y escuálida mayoría. Con ella pensaba seguir el líder del PSOE aunque no pudiera aprobar ni leyes ni presupuestos, es decir, no pudiera gobernar porque nuestro sistema es parlamentario. Daba igual, «gobernaremos sin el Parlamento», dijo el líder máximo. Así fue, así sigue siendo.

Para el PSOE de Sánchez gobernar es residir en la Moncloa, no intentar solucionar los problemas de los españoles. Se hizo visible que la cuestión no era que el PSOE gobernara en coalición con los populistas sino que el partido se había podemizado al tiempo que Podemos se había hundido irremediablemente. De ahí la teoría de crear un «muro», los unos contra los otros, de nuevo la vuelta al pasado, ya que todavía no se podía acabar con la Constitución de 1978 se ponía fin al «régimen del 78», el de la centralidad y el diálogo, el de los consensos y la voluntad de llegar a acuerdos en determinadas materias con otros partidos de centro. El PSOE estaba atado al bloque de quienes querían acabar con la Constitución o separarse del resto de España. Y ahí sigue como voluntario prisionero.

Meses después de estas elecciones de julio de 2023 empezaron a descubrirse los escándalos de corrupción que afectaban al núcleo central del partido (Ábalos y Santos Cerdán, sus secretarios de Organización, segundos de Sánchez), a su esposa y a su hermano. No hubo asunción de responsabilidad política alguna. Sánchez impertérrito, en ocasiones simulando lloros en sus días de retiro, la farsa de un gran actor, tan clara como la de un desvergonzado político. En Ferraz el silencio interno era total: un partido estalinista al viejo estilo. Hasta hace un mes, hasta las elecciones de Extremadura.

«El mensaje del Manifiesto de Socialdemocracia 21 es claro: el PSOE debe abandonar el modo de gobierno populista»

Entonces algunos socialistas con cargo empezaron a ver un negro panorama futuro para su partido. Antes habían mostrado una posición crítica muy digna los presidentes de Castilla-La Mancha y de Aragón, García-Page y Lambán. La muerte de este último dio lugar a un homenaje en el Senado con intervenciones de gran categoría a cargo de viejos dirigentes socialistas: Felipe, Alfonso, Cándido Méndez, Javier Fernández, Virgilio Zapatero. No asistió ningún miembro del Gobierno ni del actual PSOE: una vergüenza, una muestra de sectarismo, de su miedo a enfrentarse con la realidad y de su mala educación, ni siquiera guardan las formas. También de su cobardía.

En las últimas semanas, han salido a la luz quejas de algunas figuras socialistas del ámbito local, el alcalde de León, algún alcalde de Asturias, y el lunes de esta semana el Manifiesto de Socialdemocracia 21, cuyo redactor principal es el veterano socialista, aún militante del partido, Jordi Sevilla, un buen economista y un buen teórico.

El mensaje del Manifiesto es claro: el PSOE debe volver a sus raíces de Suresnes, abandonar el modo de gobierno populista, recuperar el espacio de centroizquierda y retomar el diálogo con el PP, con lealtad institucional, voluntad de llegar a acuerdos y una política económica coherente y sin demagogia. Una giro que acabe con políticas que abonan la desigualdad y la precariedad económicas, la creciente desafección a la democracia y el odio como elemento de la confrontación política. En política, mientras se acepten las leyes, hay adversarios, no enemigos. Por tanto, el PSOE debe cambiar el rumbo, se ha llegado a un punto que el giro que debe dar es copernicano.

No sé si el PSOE sobrevivirá a Sánchez cuando este se hunda del todo. Tengo muchas dudas, los ejemplos de Italia y Francia hacen pensar que puede desaparecer. Sin embargo, hay un espacio que cubrir, a muchos ciudadanos no les gusta el PSOE actual, no lo han votado o no lo votarán más. Pero tampoco les complace del todo votar a otro partido, sea más a la derecha o a la izquierda (si estos términos todavía son válidos) y no se quieren abstener.

La aportación de Jordi Sevilla es una más, tan razonable como otras, y con un PSOE en franca decadencia en estos momentos me parece oportuna. Una voz más en la buena dirección. Algo ha cambiado en la política española, en todo caso algo se mueve, hay más motivos para un cierto optimismo.

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