Sánchez, la armonía de la cuadrilla
«Montero acaba de demostrar lo mucho que puede dar de sí el genio de la raza al haber cumplido el pacto de financiación del jefe supremo con Junqueras»

Ilustración de Alejandra Svriz.
De vez en cuando le asalta a uno una idea recurrente, una visión, que es la de Pedro Sánchez Pérez-Castejón como una perfecta suma de armonías: unas le vinieron dadas y otras las escogió él personalmente en persona. Si nos fijamos en su hermano David, comprenderemos de manera inmediata que le vino dado por la madre naturaleza, el empeño reproductor de Pedro Sánchez Fernández y Magdalena Pérez-Castejón y las leyes, casi siempre inapelables, de la genética. De ahí que David y él tengan un cierto parecido físico, una voz indistinguible y, sobre todo, una maña idéntica para convertir lo público en privado.
Esta habilidad la aplicó Pedro con singular fortuna a todas las relaciones que fue estableciendo a lo largo de su prolongada y fructífera carrera, incluso antes de que llegara a la Presidencia del Gobierno. Era secretario general de su partido cuando se enfrentó a gente muy relevante del PSOE a la que no le pareció adecuado el intento de organizar una votación fraudulenta en el Comité Federal en torno a la convocatoria de un congreso extraordinario. Era un pucherazo organizado por el malogrado socialista vasco Rodolfo Ares, con una urna detrás de una cortina, pero no salió y el citado Comité resolvió el tema con votación a mano alzada que los partidarios de Sánchez perdieron aquel 1 de octubre de 2016 por 132 votos contra 107.
Además de Ares, Pedro encontró tres almas parejas con las que se lanzó a recorrer España, una agrupación tras otra, en su Peugeot 407 para recuperar el partido: José Luis Ábalos, Koldo García Izaguirre y Santos Cerdán, tres hombres fieles. Los dos primeros están en la cárcel, para los que la Fiscalía pide 24 años y 19 años y seis meses respectivamente, y Cerdán fue puesto en libertad tras cinco meses de prisión provisional. Sánchez es el único viajero del Peugeot que no ha participado de la suerte de sus pares, pero la afinidad era indudable.
La empresa culminó con éxito el 1 de junio de 2018, en aquella moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy de la Presidencia del Gobierno y que fue presentada como la madre de todas las batallas contra la corrupción y para recuperar la regeneración democrática, ¡por José Luis Ábalos!
Después tocó formar Gobierno y el asalto a las instituciones, y no hubo un solo cargo en el que no instalara Pedro a alguna alma gemela. Bueno, esto requiere un matiz: como en estos siete años y medio ha gobernado en coalición, una parte del Gobierno la nombraba su socio, primero Pablo Iglesias Turrión y después Yolanda Díaz Pérez, aunque es preciso señalar que en sus nombramientos mostraron unas dotes de cazatalentos equiparables a las del Número Uno.
Y vino todo lo demás: ministros y ministras, la Fiscalía General del Estado, en la que primero instaló a su ministra de Justicia, Dolores Delgado, la ministra más reprobada por el Congreso —tres veces— en nuestra democracia. Dolores, novia y después esposa de Baltasar Garzón, fue como fiscal general el motivo que llevó al exjuez a facturar 8,8 millones de euros a la petrolera venezolana Pdvsa por servicios legales en España, incluyendo la «coordinación con la Fiscalía y tribunales». Ella dimitió un año después por razones de salud tras una operación de la columna vertebral y Sánchez la sustituyó por su segundo, Álvaro García Ortiz, condenado por el Tribunal Supremo a dos años de inhabilitación para el ejercicio del cargo, además de una multa y una indemnización al particular perjudicado por su filtración de secretos.
Claro que no hay dos sin tres, y el hueco dejado por don Alvarone con su dimisión fue venturosamente ocupado por otra de su cuerda, Teresa Peramato, que no ha encontrado tarea más urgente para recuperar a la maltrecha Fiscalía que encontrar a su fiscal delincuente un hueco razonable y cómodo en la Sección de lo Social del Tribunal Supremo, en la consideración de que la sentencia solo lo inhabilita como fiscal general, pero no para otros cargos de la Fiscalía.
Quizá debió atender a que el Ministerio Público, en el artículo 32.1 d) del Reglamento del Ministerio Fiscal, prevé la pérdida de la condición de fiscal para quien fuera condenado a «pena principal o accesoria de inhabilitación para cargo público o condena por delito doloso», como es el caso, aunque admite que «la persona que ostente la Fiscalía General del Estado puede sustituir la pérdida de la condición de fiscal por la sanción de suspensión en los casos en que la pena no fuera superior a seis meses». Pero seis meses o 24, qué más dará. Son solo números, ha debido de pensar Peramato.
Sánchez se ha dotado además de una vicepresidenta primera que acaba de demostrar lo mucho que puede dar de sí el genio de la raza al haber cumplido el pacto de financiación del jefe supremo con Junqueras, que dotará a los catalanes de 4.700 millones más. Como ella misma va a ser candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía en las próximas autonómicas, ha explicado que todas las comunidades van a ganar, pero no ha colado, claro. La vicepresidenta Montero solo va a contar con la aprobación de Salvador Illa para su esperpento.
Las otras dos comunidades gobernadas por el PSOE, Asturias y Castilla-La Mancha, están en contra, como si las gobernara el PP. Así se lo explicaron ayer a María Jesús Montero en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, a la espera de que rinda cuentas en las elecciones autonómicas andaluzas de junio, que es cuando tocan.
No todo es negativo, sin embargo. No queda más remedio que admirar la extraordinaria armonía de la panda, como decía al principio.