Querida señora Montero
«Creo que el acuerdo de financiación firmado con Oriol Junqueras ha sido tu epitafio político. Será difícil levantarse de la lona tras algo así»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Pienso hoy en ti, María Jesús. Sola y enfadada en una de esas horribles salas de reuniones de muebles industriales y olor a vainilla. Escucho a Michael Penn. Tiene una canción, Long Way Down, que querría escuchar contigo mientras descorchamos el vino de la derrota, el que mejor sabor tiene, el más rojo, el que más tiempo permanece en el viejo templo de los labios. Dice algo como: «Si me ves llegar con la corona de la apatía, no me llames alteza, porque hay un largo camino hacia abajo».
Creo que el acuerdo de financiación firmado con Oriol Junqueras ha sido tu epitafio político. Será difícil levantarse de la lona tras algo así. Cuando subiste al cuadrilátero sabías lo que hacías. Que no te den miedo los puñetazos no te convierte en invencible. A veces hay que dudar. La duda diferencia a los valientes de los insensatos. La duda es un dique contra la locura. El sanchismo, lo sabemos los dos, exige una enajenación impropia de mujeres inteligentes como tú. Pero Junqueras será tu Caronte y Sánchez ha puesto en tu mano el óbolo que debes entregarle al barquero.
Has defendido este pacto con arrojo, embarrando tu futuro, intentando salvar tu difícil retorno a Andalucía. Pero hay batallas que se pierden antes incluso de que retumben los primeros cañonazos. La solidaridad entre territorios es uno de esos principios que los ciudadanos tienen en la piel, como una mancha de nacimiento. No hay literatura que pueda borrarla.
Ganar es de horteras, María Jesús. El fracaso, sin embargo, tiene pinceladas luminosas. Colores llamativos. Júbilo, confeti y copas abandonadas a mitad. La derrota es como la cola de un pavo real, majestuosa y terrible. Hoy estás abajo. Despechada y confundida. Peleando sola, con los puños desnudos. Frente a ti, la niebla. No sé de qué servirá ese acuerdo. No sé si a Sánchez le servirá para llegar a 2027, que es su meta anímica, su Rosebud. Pero, para ti, todo este lío solo va a servir para hacer aún más intransitable el desfiladero de Despeñaperros.
«Susana Díaz te tenía miedo. Por eso te quitó Sanidad y te metió en Hacienda. Para quemarte. Para aburrirte»
Tú no sabes quién soy yo, pero yo me acuerdo de ti. Hace muchos años. Era yo joven e ingenuo. En un mitin del PSOE, porque también yo tengo un pasado. En la antigua Estación de Córdoba, en Sevilla. Me suena que estaba Felipe González por allí. Quizá Zapatero. O Manuel Chaves. No recuerdo. Ni sé qué se votaba. Pero tengo bien nítida en la memoria tu intervención. Saliste como salen los buenos toros a la plaza, decidida pero templada, amenazante pero no malgastando cornadas en las tablas; y embobaste a todo el mundo. Se te aplaudió mucho aquel día. «¿Quién es esa mujer?», se decían unas señoras a otras mientras agitaban sus banderitas con el puño y la rosa. El tuyo era un verbo furioso, emocional, que hizo palidecer a tus compañeros de cartel. Rizos oscuros al viento y una tormenta de palabras precisa. Esta mujer puede llegar a donde quiera en el PSOE, pensé yo. Y por eso te escribo esta carta. Porque para llegar aquí, no hacía falta aquella mujer. Hasta aquí, hasta este sanchismo vulgar y acobardado, podría haber llegado cualquiera.
Susana Díaz te tenía miedo. Por eso te quitó Sanidad y te metió en Hacienda. Para quemarte. Para aburrirte. Sin embargo te rebelaste. Diste lo mejor de ti. Aprendiste un mundo que no era el tuyo. Eras guerrera. Tenías personalidad y colmillo. Pedías, precisamente, lo que ahora niegas a Andalucía, una financiación justa. Cuando Susana descarriló, tú te fuiste a Madrid. La venganza, como el gazpacho, es un plato que se sirve frío.
Sigue sonando Michael Penn. «Oh, ¿de qué sirve fingir que todavía tengo fuerzas para esto?». El sanchismo ha sido un precio muy alto para ti. Fuiste feliz. Creíste cambiar el mundo. Pero ahora cabalgas bajo la luz naranja del crepúsculo hacia ninguna parte. Pedro Sánchez tiene un plan. Pero Pedro Sánchez siempre tiene un plan. El problema es que sus planes cuestan vidas políticas. Y el reloj del pueblo dice que llegó tu hora.
Volverás a Andalucía. Y harás lo que está haciendo Pilar Alegría: ser amable. Hacerte fotos. Sonreír a todo el mundo. Charlar con jóvenes. Vestir desenfadada. Alertar de la llegada de la ultraderecha. Hablarás de privatización. De esperanza. De derechos. Dirás defender a los de abajo. A las clases trabajadoras. El colegio de los niños, las ayudas a quienes más lo necesitan. Pero creo que serán muchos los andaluces que recordarán este pacto oscuro e insolidario. Esta ordinalidad que viene y va como los niños en los cumpleaños. Este acuerdo que da privilegia a los de siempre. Andalucía no necesita la caridad de Sánchez. Porque si el fondo no es bueno, las formas son aún peores.
«Ni siquiera te reconoces en la pantalla. Defendiendo todo aquello contra lo que batallaste»
Pedro Sánchez te pidió que lo hicieras y lo hiciste. Escuchemos juntos la canción. Habla de lentos adioses. De traiciones. Del mordisco dulce a los días más tristes. De un gato que juguetea con el viejo vestido de su amante. Llegarán tiempos mejores. Pero no es ahora.
Ahora es el tiempo de los cuchillos y de las mentiras. Ahora es el tiempo de las excusas y del ruido. Ahora es el tiempo de la supervivencia. Viniste a la política para mucho más, María Jesús. El sanchismo es una enfermedad democrática que te devora los huesos. Lejos de buscar la cura, ayudaste a propagarla.
Nadie está a salvo. Encontrarás refugio en tu memoria. Mirarás los primeros capítulos de tu serie, porque siempre son los mejores. Pero esta temporada ya no tiene sentido. Solo alargan una trama que debió cerrarse hace tiempo. Ni siquiera te reconoces en la pantalla. Defendiendo todo aquello contra lo que batallaste. Queriendo espantar tu propio reflejo frente al espejo.
«It’s a long way down», señora Montero. Suerte contra ti misma. Hay guerras que nos habitan por dentro y nos convierten el pecho en un cementerio improvisado de valores, culpas y deseo.