Paradojas poscoloniales
«A una parte de la izquierda española solo le interesan los conflictos internacionales en los que puede culpar a Estados Unidos aunque EEUU no sea el principal culpable»

Imagen de Alejandra Svriz
A una parte de la izquierda española solo le interesan los conflictos internacionales en los que está involucrado Estados Unidos. O, por apuntar más, los conflictos en los que Estados Unidos tiene la culpa. O, por afinar aún más, los conflictos en los que puede culpar a Estados Unidos aunque Estados Unidos no sea el principal culpable. Rusia, Siria, Venezuela, Irán siempre tuvieron enormes problemas de autoritarismo, represión, violaciones de derechos humanos, imperialismo, pero una parte de la opinión biempensante progresista no se preocupó por esos países hasta que entró en escena (o creyó que entraba en escena) Estados Unidos.
Durante años, la plantilla para analizar Venezuela o Irán, los dos conflictos que ahora se han reactivado radicalmente, era muy sencilla y unidimensional: las sanciones. Es decir, Estados Unidos. Era la plantilla aplicada perezosamente durante décadas con Cuba. El régimen castrista no tenía nada de la culpa de su pobreza y mala gestión; eran las sanciones.
Y obviamente las sanciones a Cuba tenían un efecto muy grande, pero ¿qué tienen que ver las sanciones con el encarcelamiento (y posterior suicidio en 1990) de Reinaldo Arenas o, más recientemente, de José Gabriel Barrenechea Chávez, detenido en noviembre de 2024 (según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, «los cargos en su contra se basan en su presunta participación en una manifestación donde se exigía el restablecimiento del servicio eléctrico»)? ¿Qué tienen que ver las sanciones a Venezuela, un país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, con la detención del político Juan Requesens en Venezuela, o el fraude electoral de 2024? ¿Qué tienen que ver las sanciones con la pena de muerte (ya conmutada) del manifestante iraní Erfan Soltani?
Es un problema de dogmatismo, pero es también de absoluta pereza intelectual: no hay ni siquiera un amago de comprender la realidad de la situación. Cuando Trump secuestró a Maduro, hubo varias protestas en España contra el «imperialismo yanqui». El escritor venezolano Lucho Fraga escribió en Instagram: «Nunca nos han oído, no nos han leído. Somos fuente de noticias pero jamás se han interesado por nuestra cultura ni por nuestra historia. En la discusión antiimperialista, nuestra voz jamás ha sido importante».
Esta lógica se dice a sí misma anticolonial, pero sufre de un colonialismo cultural fascinante: todo se analiza desde el prisma estadounidense. Es comprensible que se haga desde Estados Unidos, que al fin y al cabo es una sociedad muy provinciana (incluso la parte educada y cosmopolita solo sabe hablar de sí misma, e incluso cuando hablan del extranjero están hablando también de sí mismos). Pero es sorprendente que caigan también en esa lógica quienes se autoproclaman anticoloniales: están aplicando el marco mental del imperio. Esta lógica supuestamente emancipatoria al final acaba siendo una cárcel mental.
«El imperialismo yanqui no es el único. Pero al antiimperialismo occidental, que sigue anclado en la Guerra Fría, solo le interesa EEUU»
En esta nueva época multipolar, de grandes poderes defendiendo sus áreas de influencia, el imperialismo yanqui no es el único. Pero al antiimperialismo occidental, que sigue anclado en la Guerra Fría, solo le interesa Estados Unidos. Su influencia ideológica será nula en aquellos conflictos con víctimas de otros imperialismos. Lo siento, si tu causa no es contra Estados Unidos no nos interesa (le ha pasado a los ucranianos, les pasará quizá a los taiwaneses o a cualquiera que sea víctima de China o Rusia).
Hay una versión de derechas de este dogmatismo y pereza intelectual en temas internacionales. Si a la izquierda no le interesa comprender la situación de un país a no ser que pueda culpar a Estados Unidos, a la derecha solo le interesa señalar esa hipocresía. Muchos análisis de derechas sobre Irán en España han sido sobre todo en clave doméstica: para atacar a Podemos, para señalar el cinismo y la incoherencia del feminismo institucional. Ha sido exasperante comprobar cómo el 80% de las conversaciones sobre el tema en redes sociales tenían que ver con «los medios progresistas no informan de esto». Está cambiando el mundo y nosotros estamos en Twitter señalando que Sarah Santaolalla no ha dicho nada sobre el tema o que Silvia Intxaurrondo ha llamado fachas a los iraníes.
La ideología y el provincianismo sustituyen el análisis. No hay un intento de comprender el problema, no hay curiosidad, solo hay un interés por aprovechar y reciclar absolutamente todo para usarlo en la batalla doméstica. De esta manera España se vuelve aún más pequeña e irrelevante de lo que ya es. Los estadounidenses pueden permitirse ser provincianos. Los españoles y europeos no.