Trump ya tiene su Somoza en Venezuela
«Delcy Rodríguez se sigue diciendo chavista, pero está encantada de recibir en Caracas, con la mayor de las sumisiones y sonrisas, al mismísimo director de la CIA»

Alejandra Svriz
Se le atribuye al presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt la frase en la que hablando del dictador nicaragüense Anastasio Somoza dijo: «Somoza puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». Una frase maestra de cinismo que ha regido durante décadas en toda la vida política internacional. Un cinismo que se queda pequeño con los últimos acontecimientos vividos en Venezuela. Trump ha ido más allá y usa de Somoza a la que fuera vicepresidenta del mismo régimen que quería derrocar, por la que incluso la DEA ofrecía una recompensa y que hasta hace pocos días alardeaba de ser enemiga histórica de Estados Unidos. Ahora parece amiga y garantiza el orden en el país que necesita Trump para saquear el petróleo venezolano.
La esperanza de millones de venezolanos, y de demócratas de todo el mundo, de que la captura del dictador Nicolás Maduro supondría recuperar la democracia y la libertad para el país fue dinamitada por un Trump que en su cesarismo absolutista no tiene ningún reparo en alardear de que solo le interesa el petróleo. Solo quiere controlar por años la mayor reserva del mundo, gestionando la producción, la venta, el reparto de beneficios y hasta el destino del dinero que corresponda a Venezuela para que solo sea gastado en productos norteamericanos. Un panorama que implica que mientras dure no habrá democracia en Venezuela.
A Donald Trump no le ha importado consolidar a una de las mayores responsables del estado criminal chavista. Delcy Rodríguez es ya un esperpento de «presidenta interina». Esta mujer, hija y hermana de revolucionarios comunistas, se sigue diciendo chavista, pero está encantada de recibir en Caracas, con la mayor de las sumisiones y sonrisas, al mismísimo director de la CIA, John Ratcliffe, el hombre que durante meses ha dirigido toda la operación de espionaje para el asalto y captura de Maduro. Un encuentro en el que se vio que la sintonía entre los dos no era precisamente nueva.
Son muchas las informaciones de que tanto Delcy Rodríguez como los otros dos mayores represores, los titulares de interior y defensa, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, responsables de los sucesivos pucherazos electorales de Maduro y de la criminal represión contra la oposición y en general contra toda la ciudadanía, habrían mantenido un doble juego. Dicen desde Caracas y desde Washington que este doble juego pudo ser inducido y asesorado por el siempre inquietante expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que, aunque no tenga las bendiciones de EE.UU., sí parece que habría conseguido que su plan de transición para mantener el chavismo y a su amiga Delcy en el poder, haya acabado coincidiendo con lo determinado por la CIA y el propio Trump.
Fue sorpresiva la operación militar relámpago de los Delta Force con la que el dictador fue extraído de Caracas y trasladado a Nueva York para ser juzgado por delitos que le aseguran muchos años de cárcel. Y más sorpresivo todavía fue el frenazo militar posterior y los rápidos mensajes de Trump de que no vendría la libertad a Venezuela, sino que prefería mantener a un chavismo delincuencial que aceptara su poder e incluso el saqueo de Venezuela. La permanencia en el poder de Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino garantiza el control de los militares y del chavismo más violento. Pero sobre todo les garantizaba a ellos seguir en el poder y poder mantener en sus cuentas extranjeras los miles de millones de dólares que han robado en el expolio de estas décadas chavistas.
Decía Roosevelt que «Somoza era un hijo de puta, pero era su hijo de puta». No son los presidentes norteamericanos los mejores exponentes de la defensa de la democracia y la libertad en aquellos países a los que consideran por cercanía su propio patio trasero. Se consideran con derecho divino para exprimir y saquear sus riquezas naturales sin más obligación que la de mantener el control del país con alguno de esos «hijos de puta» que decía Roosevelt. Antes buscaban y protegían a dictadores anticomunistas para ese sucio papel, ahora, con Trump, la miseria de ese antiguo imperialismo de la doctrina Monroe, se exponen sin vergüenzas ni disfraces. No les importa ya encargar la tarea de carniceros dóciles a los mismos revolucionarios comunistas que antes le combatían. El futuro más inmediato que se dibuja para Venezuela es el de una «dictadura chavista» bajo control de Washington y de las petroleras norteamericanas. No habrá liberta ni democracia, seguirá el mismo terror policial en las calles, suavizando por épocas la represión criminal de la oposición. Eso parece indicar la orden dada por EE. UU. al chavismo de liberación de los presos políticos cumplida parcialmente. Presos políticos que siempre Caracas (y Zapatero) negaron que existieran. Lo más vergonzante y triste es que, aunque los vayan liberando, nadie asumirá las responsabilidades por esas detenciones, torturas y crímenes durante estos años.
Trump blanquea una dictadura criminal porque, y en eso es honesto, solo le interesa el petróleo. Le gusta coquetear con dictadores a Trump y alardear de que los puede controlar. No lo ha conseguido nunca con Putin, ni con el Corea del Norte, Kim Jong-un, ni por supuesto con los ayatolás de Irán. Maduro es su primer triunfo y aunque millones de demócratas se hayan alegrado de la detención del líder chavista, ninguno entiende ni el mantenimiento de Delcy Rodríguez ni las humillaciones a la oposición venezolana.
El trato dado a la líder María Corina Machado es de una insolidaridad total. El menosprecio a la política que consiguió para su candidato el respaldo del 70% de los venezolanos es solo tolerable si hubiera un plan concreto, y corto en el tiempo, de transición a la democracia. El mismo día que Trump recibía a Machado, desde la propia Casa Blanca se alababa a Delcy Rodríguez que en esos momentos se reunía en Caracas entre sonrisas con el director de la CIA. La frustración por estos hechos hacen comprensible que en su afán por llegar emocionalmente a Trump, la política venezolana llegara incluso a regalarle su medalla del premio Nobel de la Paz.
«La amenaza de Trump a Dinamarca confirma la crisis ya abierta entre Estados Unidos y los que eran sus aliados occidentales»
El tsunami de excesos y declaraciones de Trump está demostrando a todo el mundo algo más intenso y peligroso que su avaricia por el petróleo venezolano. Se regodea de una demostración de poder en lo que considera su patio trasero. El Caribe es suyo. Y ahora busca en otros entornos todavía más peligrosos porque suponen la voladura definitiva del actual orden mundial.
La amenaza de Trump a Dinamarca para que le venda Groenlandia o que si no usará la fuerza militar, confirma la crisis ya abierta entre Estados Unidos y los que eran sus aliados occidentales desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos ya no parece un socio fiable para la OTAN ni para la UE, al menos mientras siga con sus caprichos dignos de Calígula que nos retrotraen a las épocas neocolonialistas e imperialistas del siglo XIX donde las relaciones internacionales se basaban solo bajo el principio de la fuerza.
Para Trump, Delcy es solamente su Somoza. Sabe lo que es y sabe que está bajo su control. La mantendrá en el poder mientras consiga su petróleo. La pregunta que queda en el aire es que pasará cuando Trump deje la presidencia dentro de dos años. Y la duda es si respetará la Vigesimosegunda Enmienda de la Constitución de EE.UU. que prohíbe que una persona puede ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces.