The Objective
Santi González

Es la incompetencia, ministro

«La incompetencia de Puente corre pareja con su absoluta carencia de modales. Su fuerte es insultar en su cuenta de X a la oposición y a quien le parece no adicto»

Opinión
Es la incompetencia, ministro

Ilustración de Alejandra Svriz.

Uno de los episodios más notables de la crónica negra española fue el crimen del expreso de Andalucía, en el que cinco tipos, tan desalmados como incompetentes, asesinaron a dos oficiales de correos el 11 de abril de 1924. Fueron tan torpes que después de cometido el crimen se bajaron del tren en Alcázar de San Juan y volvieron a Madrid en un taxi. Cuando el expreso llegó a Córdoba, se descubrieron los cadáveres. El taxista dio las claves para aclarar el caso. De los cinco, uno se suicidó, tres fueron condenados a muerte y el quinto a 20 años de prisión. Entre el crimen y las ejecuciones pasaron 28 días.

En cierto sentido, podría hablarse del crimen del AVE de Andalucía para referirnos al trágico accidente en el que dos trenes de Alta Velocidad, un Iryo que viajaba de Málaga a Madrid y un Alvia que iba de Madrid a Huelva. El Iryo descarriló y fue a chocar con el Alvia que circulaba por la vía paralela en la localidad cordobesa de Adamuz el pasado domingo, con un saldo estremecedor de 40 muertos y 24 heridos graves a la hora de escribir esta columna.

Lo de los dos trenes de Andalucía no debe interpretarse como una analogía en sentido estricto. El choque de los dos trenes del domingo fue un accidente, mientras lo del expreso de Andalucía fue el producto de la voluntad criminal de sus autores. Lo que les empareja es que en un caso y en otro los responsables fueron unos incompetentes en grado sumo. Los criminales del expreso fueron además unos pardillos: no trataron de culpar a nadie de los asesinatos y confesaron su crimen de inmediato. 

La incompetencia de Puente corre pareja con su absoluta carencia de modales. Su fuerte es insultar en su cuenta de X a la oposición y, en general, a quien le parece no adicto. Él apodó a este diario en el que escribo como «The Ojete», en una muestra difícilmente superable de sus dotes de camorrista de taberna y matón de suburbio, que evoca aquel texto de Sabina: «Macarra de ceñido pantalón. Pandillero tatuado y suburbial. Hijo de la derrota y el alcohol. Sobrino del dolor. Primo hermano de la necesidad». Qué demasiado, ministro Puente. Lo suyo es zafio, no ya para un ministro, sino para un vigilante de los prostíbulos de Sabiniano.

Era él ministro de Transportes cuando explotó el caso que se dio en llamar el ‘galibogate’ en el que se diseñaron trenes para Cantabria y Asturias con un ancho superior al de los túneles que habían de atravesar, aunque la licitación del desastre había sido ejecutada con anterioridad, siendo ministro José Luis Ábalos, como ministro de Fomento y posteriormente de Transportes.

La gestión de Óscar Puente como cargo supremo de la Renfe no puede ser más descabellada: la empresa de fact checking Maldito Bulo cuenta citando datos de la Agencia Estatal Ferroviaria que entre 2023 y 2024 se registraron un total de 134 «accidentes ferroviarios significativos», de los cuales 28 corresponden a descarrilamientos de trenes. Otras fuentes elevan la carga y señalan que «desde que Óscar Puente es ministro de transportes se han producido hasta 250 accidentes y más de 50 descarrilamientos, casi 1.000 averías técnicas y hasta 45.000 trenes con retrasos graves».

Se atribuye a Cicerón la sentencia «la cara es el espejo del alma». Como toda generalidad tiende a ser falsa, pero si hay un ser humano en que se cumple a rajatabla el aforismo, ese es Óscar Puente.

Y es el caso que el ministro de Transportes ha calificado el accidente como «extraño» y «muy difícil de explicar». Las primeras investigaciones han determinado que la causa del accidente pudo ser un fallo en la soldadura del carril derecho de la vía. La Guardia Civil ha encontrado varios tramos de vía rota, aunque está por determinar si esas roturas son causa o consecuencia del accidente. Varios maquinistas habían dado la voz de alerta porque los AVE pegaban un golpetazo en la estación de Adamuz y «es probable que se rompiese la soldadura del carril que unía el cambio de vía en dicho punto».

Según el ministro, el choque se produjo en una recta, en un tramo «completamente renovado» en mayo pasado, tras una inversión de 700 millones de euros en la línea ferroviaria y con un Iryo «prácticamente nuevo», de apenas cuatro años de vida. Incluso él debería entender a estas alturas que la causa no estaba en el estado del tren, sino en la vía. ADIF lo ha dejado por mentiroso al señalar que desde 2022 se han producido 20 fallos en la vía de Adamuz, siete de los cuales se han producido tras la renovación de la que da cuenta el ministro.

El propio Gobierno admitió en respuesta a una pregunta del PP en el Senado que «las altas temperaturas y las vibraciones producidas por el tráfico de trenes ya ocasionaron una incidencia ferroviaria en las inmediaciones del municipio de Adamuz el pasado mes de junio de 2025, que afectó a la circulación de trenes». Por otra parte, el sindicato mayoritario de maquinistas pidió en agosto a ADIF y a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria que se rebajara la velocidad de los trenes a 250 km. por hora por el estado de las vías, porque a 300 km. por hora iban pegando muchos botes y vibraban mucho. Teniendo en cuenta todos estos detalles, quizá sea más comprensible la catástrofe, ministro.

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