The Objective
Jorge Vilches

La izquierda nunca es culpable

«La politización del dolor y la atribución de la responsabilidad en el otro están en la raíz de su pensamiento y de su visión de la sociedad»

Opinión
La izquierda nunca es culpable

Ilustración de Alejandra Svriz.

La izquierda es esa parte de la sociedad que llama «asesino» al dirigente de la derecha cuando ocurre una tragedia, pero que pide no politizar una catástrofe cuando gobiernan los suyos. Esa es la España en la que vivimos. Así ha pasado desde la intoxicación con el aceite de colza en 1981, cuando el PSOE responsabilizó al Gobierno de la UCD. Luego sucedió con el Prestige, el YAK-42, los atentados del 11-M, el accidente del metro de Valencia y del Alvia en Santiago, los muertos en Madrid por el covid o la dana de Valencia. No hace falta más que ver la reacción del frente que en todos estos casos formaron el PSOE y Podemos con sus medios de comunicación y sus artistas.

No es una invención. Pablo Iglesias dijo el 7 de octubre de 2016: «Debemos politizar el dolor, que el dolor se convierta en propuestas para cambiar la realidad». Hoy, con la tragedia ferroviaria que ha quedado indeleble en nuestra memoria, los mismos políticos y periodistas que exigían muerte civil, dimisión y cárcel para los gobernantes de la derecha dicen que es indigno politizar el accidente. Es una psicopatía difícil de asimilar para cualquiera que sienta compasión por las víctimas o que asuma una mínima responsabilidad ante los asuntos de Estado.

Algo ocurre en las entrañas del pensamiento izquierdista, atizado por una pulsión totalitaria de eliminación del adversario. Puede ser su complejo de superioridad moral, de salvadores no pedidos, o esa inseguridad intelectual de quien se ve incapacitado para debatir en plano de igualdad en una democracia pluralista. Si solo fuera eso, quizá sería aceptable. El problema es la derivada; esto es, la justificación de cualquier actividad que les permita deteriorar a la derecha, acceder al poder o no soltarlo nunca. Por eso no solo claudican ante Puigdemont, Bildu y ERC, sino que son capaces de politizar el dolor y usar a las víctimas.

El uso del sufrimiento es consustancial al izquierdismo, que se victimiza siempre y responsabiliza a los demás de sus propios fracasos. Son capaces de sostener la supuesta bondad del comunismo a pesar de la evidencia de su trastorno diciendo que la idea es buena pero que se ejecutó mal. Y es que se presentan siempre como los derrotados de la historia, los que tenían un gran plan para salvarnos de nosotros mismos, pero «los de siempre» no se lo permitieron o hubo algún traidor. Incluso se victimizan de forma retrospectiva. De ahí que hayan acogido el wokismo y el posmodernismo como formas justicieras de «visibilizar» a los oprimidos y de legitimar la censura de los demás. 

«Manipulan a las víctimas para que encajen con su relato de que la derecha es tóxica y la izquierda es benéfica»

La politización del dolor y la atribución de la responsabilidad en el otro están en la raíz de su pensamiento y de su visión de la sociedad. Manipulan a las víctimas para que encajen con su relato de que la derecha es tóxica y la izquierda es benéfica, por lo que hay que entregar el poder al progresismo transformador que imponga «el bien». Esta idea está en el mismo origen del socialismo, desde Marx y los «parias de la Tierra» o Lenin y su «famélica legión». Y ha continuado en el siglo XX con otros como Foucault, que afirmó que el motor del capitalismo es producir sufrimiento; con Walter Benjamin, que aseguraba que la mejor herramienta de cambio es que hable el dolor; y en toda la miserable dictadura woke que padecemos. Hasta Susan Neimann, más roja que la manzana de Blancanieves, denunció que el progresismo actual es victimista para aumentar moralmente la autoridad de sus políticas. 

Politizan el dolor salvo cuando el sufrimiento recae en aquellos que no pueden instrumentalizar. Por eso esta izquierda se desentendió de las víctimas israelíes en los ataques de Hamás del 7 de octubre. Esta es la razón por la que no quisieron saber nada de las niñas y mujeres violadas por esos palestinos. Del mismo, se desentienden de las víctimas del terrorismo etarra, pero tienen muy presentes a los fusilados durante el franquismo. O ignoran a conciencia el genocidio de cristianos en el África islamista.

Es cinismo en estado puro. ¿Qué habría dicho Óscar Puente en las redes sociales si al frente de Adif o de Renfe hubiera estado alguien del PP o de Vox? ¿Qué escribirían sus periodistas y qué dirían sus tertulianos? No todo vale para un voto ni para un clic en un artículo de opinión o en una noticia. Porque cuando la culpa siempre es del otro, la verdad deja de importar y la democracia se resiente.

Publicidad