Gracias, Boro
«En ese negro panorama, la vida de un perro podría parecer insignificante, pero era algo más. Boro se convirtió en un símbolo de esperanza dentro de la tragedia»

Boro, el perro desaparecido tras el accidente de trenes de Ademuz. | PACMA
En esta España desgarrada otra vez por el dolor de la tragedia, solo un perro nos ha permitido una ligera sonrisa. En medio del dolor por la muerte de 45 personas en el accidente de los dos trenes en Adamuz, la historia de este simpático mestizo de schnauzer y perro de aguas ha sido un pequeño refugio donde disfrutar, al fin, de una buena noticia. Boro, que así se llama, viajaba con sus dos dueñas en el tren Iryo. En el caos posterior al choque, Boro se perdió en los montes de Sierra Morena. Sus dueñas resultaron heridas. Una de ellas, embarazada, fue ingresada en la UCI. La otra, con heridas leves visibles en su rostro, aprovechó ante los medios para explicar que su perro se había perdido y pedir que, si alguien lo veía, se lo devolvieran. A algunos les pudo parecer una banalidad, pero los que tenemos perro sabemos que no lo era. Un perro es uno más de la familia, y así lo explicó ella misma.
Encontrar a Boro se convirtió en algo más. Nada se podía hacer ya, desgraciadamente, por los fallecidos, más allá de recuperar los últimos cuerpos de entre los amasijos de los vagones. Los más de cien heridos ya habían sido atendidos o estaban ingresados en distintos hospitales. En ese negro panorama, la vida de un perro podría parecer insignificante, pero era algo más. Boro se convirtió en un símbolo de esperanza dentro de la tragedia. El llamamiento movilizó a centenares de personas. Hubo batidas con muchos voluntarios y con personal del Seprona. Finalmente, cuatro días después, Boro fue localizado sano, aunque muy asustado, por bomberos forestales que lo devolvieron a sus dueños. Todos nos alegramos.
Ha sido la única buena noticia en este accidente en el que, sin casi recuperarnos del impacto emocional y superados los días de respeto por el luto, llega el momento de las respuestas transparentes y de que haya, por fin, responsabilidades políticas. Las responsabilidades jurídicas vendrán. Tarde, pero llegarán.
España necesita saber de una manera clara, rápida y transparente qué ha pasado, por qué ha pasado, de quién dependía lo que se haya hecho mal y qué se va a hacer para que no vuelva a pasar. Sería indignante que, desde el Gobierno, de quien depende ADIF, nos volvieran a lanzar una montaña de explicaciones técnicas ambiguas, incompletas y contradictorias que, como pasó con el apagón, solo buscaran enturbiarlo todo para no saber nada. Pues eso es lo que ha hecho Óscar Puente en su rueda de prensa del viernes.
Vivimos en una España aletargada, narcotizada, sedada, anestesiada ya por las mentiras y los relatos del Gobierno. No hay que politizar la tragedia, pero no debemos olvidar tampoco que este ministerio ha venido haciendo oídos sordos a las infinitas quejas de viajeros, de maquinistas, de expertos y hasta de comisiones sobre el deterioro evidente de nuestro sistema ferroviario. Tenemos un ministro que, entre chulería y chulería en las redes, ha sido capaz de insistir en que el tren vive en España su mejor momento de la historia, o de intentar vendernos que nuestros trenes serían, tras los chinos, los más rápidos del mundo.
Hemos visto el respeto institucional que ha marcado Feijóo en los días posteriores al accidente y la coherencia de Moreno en la coordinación de la Junta de Andalucía con el Gobierno en estos primeros días. Lo que no sería entendible para nadie es que, pasados cinco días, no se pidan explicaciones sobre las causas del accidente ni sobre las responsabilidades que implica. La comisión que investiga el accidente ha señalado que la causa fue la rotura de la soldadura de una de las vías. Alardea el ministro Puente de la rapidez y transparencia del informe de la comisión como si fuera mérito suyo. Debió darse cuenta e inmediatamente matizó, diciendo que esa comisión es autónoma e independiente. Algo que no se cree ni la Unión Europea, que ha criticado que esa comisión esté bajo el control del Gobierno.
Niega el ministro Puente que haya habido problemas de inversión, mantenimiento o de control. Repite hasta la saciedad que se gastaron 780 millones de euros en renovar ese tramo de la red en Córdoba el pasado agosto. Mil explicaciones técnicas para concluir que no saben las causas de la rotura. Eso sí, de nuevo el Gobierno lanza insinuaciones sobre terceros en un afán de embarrar el campo. Como ya ocurrió con el apagón y algunas empresas eléctricas, el Gobierno intenta meter en el ruido a las grandes constructoras españolas. Señalan que las obras de renovación las hizo una UTE compuesta por, según ha dicho Puente, «la flor y nata de las obras públicas españolas».
Intenta marcar Puente el relato con una presencia activa ante los medios, en la que lanza un aluvión de análisis técnicos que no aportan nada sobre la causa final, siempre con el objetivo de aplastar por exceso de datos y con la finalidad indirecta de excusarle a él de toda responsabilidad. Insiste por activa y por pasiva en que no ha sido un problema de falta de mantenimiento, ni de controles, ni de obsolescencia de los materiales. Es decir, no sabe. Puente quiere dar la imagen de un ministro que responde a todo de forma transparente y rápida, sin explicar la causa.
Es sorprendente el tratamiento de las responsabilidades políticas en este Gobierno. Dice Pedro Sánchez que ya se han asumido todas. Nadie sabe cuáles. Ni se sabrán. Cinco días de silencio ha tardado en solicitar ir al Congreso a dar explicaciones. Preguntan a Puente si va a dimitir, y contesta que no cree que Sánchez se lo pida. Más timorato ha sido el presidente de ADIF, que se ha visto obligado a admitir que, si hubiera algún indicio de su culpa, «asumiría la responsabilidad desde el minuto cero». Le va a tocar. No debería ser el único.
En este Gobierno tan adicto a la mentira parecía obligado acusar a la prensa de publicar bulos. Es el estilo de Sánchez y también de Puente. Un Puente que, en su política de salpicar con insinuaciones, desliza el descontrol en la comunicación del accidente del Alvia. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no supo, no quiso o no pudo responder sobre la tardanza. Puente tampoco lo sabe explicar, pero lanza insinuaciones sobre una supuesta descoordinación que, según él, debería explicar Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid. Faltaba Ayuso y ya está aquí.
Este Gobierno domina los tiempos para imponer su relato. Sabe embarrar el campo con insinuaciones que manchan a terceros y es capaz de omitir las explicaciones básicas de los hechos. No sabemos qué pasó con el apagón. Mucho me temo que lo mismo pasará con las causas reales de este accidente. Explican todo menos el porqué saltó un trozo de vía. Y niegan que lo hicieran mal. Un ministerio que, con el mayor presupuesto de todos, pasó de los años de parálisis y corrupción de Ábalos a la ineficacia soberbia de Puente.
Estoy seguro de que fuimos muchos los que nos alegramos de que Boro fuera encontrado sano y salvo. Se atribuye al poeta romántico Lord Byron que «cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro». Pues eso.