The Objective
Cristina Casabón

Manual de cinismo

«Mi asombro aumenta cuando compruebo que la responsabilidad ha quedado en ‘dar la cara’. Como si gobernar fuera un ejercicio de valentía facial y no de competencia»

Opinión
Manual de cinismo

Alejandra Svriz

Este Gobierno hace tiempo que ha sustituido el gobierno por el relato cínico. El cinismo es una prestigiosa manera de gobernar ya desde Voltaire y toda la escuela de cínicos del XVIII. A los posteriores les queda el cinismo de los cínicos para seguir sin hacer política seria, pero distrayendo al personal. Ahora, estos caballeros cínicos y bien planchados llevan esta política a su perfil extremo, que consiste en hacer frases ingeniosas antes que gestionar. Esto gusta mucho al público.

España, mientras tanto, envejece en la sala de espera, con la nevera medio vacía y con infraestructuras tercermundistas. Pero ellos no oyen el ruido de la realidad porque viven del cinismo que fabrican: enemigos de cartón, indignaciones de temporada y consignas para tuiteros de moda. Gobernar sería callar y saber gestionar, pedir responsabilidades cuando ocurre una tragedia.

Y a eso se dedican los socialistas sin presupuestos y con los impuestos más altos de la historia, a administrar la nada con retórica. El legado de Sánchez no será una reforma ni una obra hidráulica, sino dejar España con problemas de país tercermundista. Gobernar no es tuitear vídeos recomendando poemas de la princesa progre y música en Spotify. Gobernar es invertir donde no se ve, en infraestructuras que no dan votos inmediatos pero evitan tragedias dentro de diez años: presas, red eléctrica, mantenimiento de las vías de alta velocidad, planificación energética. 

No hay analista, portadista, político de izquierdas que no haya hecho sus declaraciones, histéricas o sospechosamente cautelares con el señor Trump, con la Tercera Guerra Mundial, con lo desagradable que es el señor de derechas que grita en redes, sin ver que los grandes problemas de España son (de un tiempo a esta parte) bastante más domésticos: una red eléctrica frágil, el cierre de la nuclear sin alternativa sólida, empresas públicas a pique, casos de corrupción por doquier, danas que se venden como «fenómenos imprevisibles», incendios que queman los montes de España y las tierras de nuestros abuelos, y bisabuelos. 

«Lo más grave no es el error, es la renuncia a hacer política de verdad, a pagar las consecuencias de la ineptitud y dejar el país a la deriva»

Mi asombro aumenta cuando compruebo en qué ha quedado hoy la responsabilidad política: en «dar la cara» (así ha defendido Sánchez a su ministro de Transportes). Como si gobernar fuera un ejercicio de valentía facial y no de competencia. Estos señores que cito y otros han apostado por más cinismo sin dar soluciones; apenas una cortesía retórica. Luego hay una variante cínica que no tiende a amenizar la frase frívolamente, sino a endulzarla para que el consumidor la soporte. Cuando los políticos destrozan lo común, incendian montes y arboledas, reparten beneficios que no han salido de ningún sitio, lo responsable no es dar la cara, sino irse, porque quedarse sin entender equivale a institucionalizar la negligencia y a crear un precedente (demasiado) peligroso. 

Lo más grave no es el error, es la renuncia a hacer política de verdad, a pagar las consecuencias de la ineptitud y dejar el país a la deriva. El socialismo gobierna con ministros cuya formación consiste en el manual de cinismo. Antes en España se pensaba en décadas; ahora en el trending topic del día, en la foto, en la frasecita ingeniosa y tóxica para crear polémica…  Esto gusta mucho al público.

Publicidad