The Objective
Santi González

Los inmigrantes van a ser insolidarios

«El sanchismo está seguro de que esa muchedumbre de sin papeles va a ser un vivero de votos que va a permitir prolongar su estancia La Moncloa»

Opinión
Los inmigrantes van a ser insolidarios

Ilustración de Alejandra Svriz.

Era un juicio recurrente en esta columna que Pedro Sánchez emputece todo lo que toca. No hay razón para que no hiciera lo mismo con el censo electoral o, por decirlo con otras palabras, con las elecciones. Este lunes nos enteramos de que el Gobierno está preparando una regularización masiva de inmigrantes irregulares, de 500.000, nada menos.

El Gobierno ha santificado una ocurrencia de Podemos para regularizar medio millón de inmigrantes ilegales. La Funcas, que es el acrónimo con el que se define la Fundación de las Cajas de Ahorros, se muestra algo más pesimista y estima que el número de inmigrantes ilegales a comienzos de este 2026 será de 840.000 y que ese contingente ha crecido un 800% desde 2017, año en el que había 107.000. Me perdonarán los lectores que haya calificado de pesimista este cálculo, pero cada uno se lamenta como lo siente. A Irene Montero y sus congéneres, que han impuesto a Sánchez su visión de la jugada, el invento les parece uno de los misterios gozosos del rosario.

Siempre hay que atribuir a Sánchez y su cuadrilla las peores intenciones, peores para España, que suelen ser las más favorables para ellos. Y cabe presuponerles el cálculo de que tamaña cantidad de personal les va a ayudar con su voto a consolidar la victoria del sanchismo y allegados sobre la derecha española (y no la de Mérimée). Eso quiere decir que los nuevos conciudadanos van a poder votar en las próximas elecciones municipales. Luego hay que tener en cuenta que el 90% son hispanoamericanos y, en su condición de tales, podrán acceder a la nacionalidad española en un plazo de dos años. Es decir, que podrán votar en las elecciones generales y en la mayor parte de las autonómicas, eso suponiendo que se cumplan los plazos anunciados reiteradamente por Pedro Sánchez.

Hay algunos aspectos de esta regularización masiva verdaderamente chocantes. Sorprende en grado sumo que se pueda acceder a la nacionalidad española sin un certificado de antecedentes penales; a quién se le ocurre, dirá nuestra izquierda sincopada: la derecha y la ultraderecha, en su obsesión contra la inmigración y su racismo, van a acabar exigiéndoles certificado de pureza de sangre.

Sostiene Macarena Olona, por otra parte, que todos los procesos de regularización masiva de inmigrantes desde 1985 habían pasado por el Congreso de los Diputados. Fueron un total de nueve procesos, cinco de ellos puestos en marcha por el PP y los otros cuatro por el PSOE. En todos ellos, según Macarena: «Las Cortes Generales, únicas representantes del pueblo español, habían aprobado procesos de regularización masiva y el Gobierno había ejecutado el mandato del Legislativo a través de reales decretos».

O sea que aquí tenemos una novedad. Ya había dicho Sánchez en septiembre de 2024 que: «Vamos a avanzar con determinación, con o sin apoyo de la oposición, con o sin concurso del poder Legislativo». Véase la prueba.

Claro que también hay que tener en cuenta que a este hombre no siempre le salen los planes tal como los piensa. Ayer mismo vio estrellarse un decreto ómnibus en el que viajaba la subida de las pensiones junto a otras medidas que nada tenían que ver con el asunto, como la suspensión de los desahucios por impago de los alquileres en familias vulnerables. Emplear a los pensionistas como rehenes ya no le vale.

El sanchismo está seguro de que esa muchedumbre de sin papeles va a ser un vivero de votos que va a permitir prolongar al inquilino de la Presidencia su estancia en La Moncloa.

No es en absoluto seguro. Hace ya un año que Sira Rego, esa ministra madrastra, prometió rebajar la edad para votar a los 16 años en la Ley de Juventud que piensa elaborar no tardando mucho. Todas las encuestas anticipan que se les volverá en contra; la identificación del voto joven con la izquierda es un error. Votan a la derecha y aun a la «extrema derecha». Con el voto inmigrante puede suceder algo análogo. En EEUU ya se vio que una parte sustancial del voto inmigrante fue para Donald Trump y aquí puede pasar algo parecido: los inmigrantes que han conseguido regularizar su estancia no quieren que otros inmigrantes vengan a hacerles la competencia. Puestos a elegir entre privatizar su corralito y abrirlo en solidaridad con otros hermanos inmigrantes para el futuro, escogen lo primero como un solo hombre. ¿Por qué piensan los socialistas que van a ser más solidarios que ellos mismos?

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