The Objective
César Calderón

El sismógrafo aragonés

«La política aragonesa ha dejado de ser un aparato de medición fiable para convertirse en un laboratorio electoral al servicio de los grandes partidos»

Opinión
El sismógrafo aragonés

Ilustración de Alejandra Svriz.

Aragón siempre ha sido el mejor sismógrafo de la política española. Lo que sucede en las riberas del Ebro suele ser el tráiler de lo que, meses después, se proyectará en la pantalla nacional. Pero hoy, con el panorama fragmentado y las trincheras cavadas a profundidad de búnker en toda España, la política aragonesa ha dejado de ser un aparato de medición fiable para convertirse simplemente en un laboratorio electoral al servicio de los aparatos nacionales de los grandes partidos.

Y es que si miramos las proyecciones que manejan los estados mayores de los partidos —esos artefactos de ingeniería demoscópica que, como los pimientos de padrón, a veces aciertan y otras veces nón—, se dibujan tres escenarios para el futuro de las instituciones aragonesas. Tres caminos que nos dicen mucho de quiénes somos y, sobre todo, de la profunda crisis política que vivimos

Escenario 1: El PP gana, Vox decide

El primer escenario (y el más probable a años luz del siguiente) dado el actual estancamiento en las encuestas del Partido Popular es el de la consolidación del bloque que hoy habita el Pignatelli.

Una mayoría de derechas que, lejos de ser un matrimonio por amor, es un contrato de alquiler con cláusulas de rescisión leoninas. Aquí, Azcón juega (como Guardiola en Extremadura) a ser el barón moderado mientras mira de reojo a Madrid, consciente de que su estabilidad depende de que Vox no decida que le sale más a cuenta romper la baraja para alimentar el relato nacional de Abascal. Es el escenario de la «paz armada»: gestión técnica, perfil bajo en lo ideológico para no asustar al votante de centro, pero con el aliento de la extrema derecha en el cogote marcando la agenda cultural.

Un gobierno además que, como en el caso extremeño y sobre todo si el PP no logra mejorar sus números significativamente, significaría que las elecciones no han servido para nada más que para fortalecer a una extrema derecha que sigue aplaudiendo con las orejas cada vez que un líder del PP adelanta elecciones.

Escenario 2: El PP gana, Aragón Existe decide

El segundo escenario sería el más benéfico para el PP aragonés, complicado de lograr pero aun con opciones, al menos teóricamente y con las encuestas en la mano

Se lo describo. Consistiría en que el PP lograse remontar y alcanzar el diputado 31 (las encuestas le dan entre 28 y 30) mientras Aragón Existe logra por la mínima el último diputado en juego por la provincia de Teruel, arrebatándoselo a Vox y alcanzando así entre ambos la mágica cifra de 34 diputados.

En este escenario el bloqueo o la llave estaría en manos del regionalismo pragmático, sin duda mucho más cómodo para Azcón y sobre todo para la región, ya que significaría garantizar una legislatura sin demasiados sustos, cosa que muchos aragoneses agradecerían.

Escenario 3: La carambola

El tercer escenario, altamente improbable pero que aun así hay que tener en cuenta, es el retorno de la carambola. Un PSOE que, tras la orfandad post-Lambán, intenta reconstruir una mayoría «de progreso» con lo que quede de la izquierda a su izquierda y el nacionalismo de corte regionalista. Es la política del funambulista. Un gobierno de geometría variable donde cada votación es un mercado persa y donde la gobernabilidad de Aragón quedaría supeditada a las exigencias de minorías que, en ocasiones, confunden la Aljafería con un mostrador de reclamaciones. Sería el Aragón del «qué hay de lo mío»… en un momento de transformación industrial clave para la región.

Publicidad