El hombre de hielo
«No se engañen: este Gobierno de Sánchez es el mismo que va a sacrificar toda su supuesta política migratoria progresista para regalar a Junts otro de los chantajes»

Ilustración de Alejandra Svriz.
No, este artículo no va sobre el ICE, ese Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, que se ha convertido ya en una especie de Gestapo de Donald Trump para perseguir con una saña inhumana a los inmigrantes. Su racismo violento no distingue: ataca a ciegas a inmigrantes con papeles o a ciudadanos norteamericanos de raza hispánica que viven en los estados demócratas. Unos matones, con camisolas militares de camuflaje pardas, que ya han asesinado a sangre fría a varios ciudadanos blancos estadounidenses que se manifestaban pacíficamente, tal y como muestran los vídeos grabados por otros manifestantes.
Este artículo en realidad va sobre el hombre de hielo que nos gobierna. La inmigración marca también la actualidad política española. Prueba de ello es la decisión del Gobierno, por sorpresa, de aprobar por decreto ley una regulación de forma extraordinaria de más de medio millón de inmigrantes que ya viven en España. De «día histórico» calificó la portavoz del Gobierno y ministra de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones, Elma Saiz, la aprobación del decreto. No debía ser tan histórico cuando el Gobierno, en siete años, no lo había hecho. Pese a considerarlo histórico, el Gobierno huye del trámite legislativo en el Congreso, que le hubiera dado la importancia requerida.
Pedro Sánchez, el hombre de hielo que gobierna España, lo ha tenido en la nevera hasta que ha visto que podía usarlo, por supuesto, en su beneficio. Por un lado, desviaba el tiro de todo lo que estaban recibiendo por el accidente de trenes y, por otro, le servía para ganar tiempo, a él. Más de medio millón de inmigrantes han tenido que sufrir el inexplicado parón y silencio del Gobierno durante más de un año, cuando en 2024 una iniciativa legislativa popular (ILP) fue respaldada por más de 700.000 firmas y tomada en consideración en el Congreso de los Diputados por todos los grupos menos Vox.
Lo vende ahora como una negociación con Podemos, pero es un nuevo pago de un chantaje para garantizar su permanencia en el poder. Necesita que Podemos sienta que han sido ellos los que lo han conseguido, aunque sean incapaces de explicar las lagunas que tiene este trámite de urgencia, que regulariza de forma extraordinaria y urgente y donde algunas condiciones del acuerdo no se explican igual por ambas partes. Necesita que los de morado no veten otro pago de otro chantaje, esta vez a Junts.
El estilo Sánchez es siempre así. Del silencio y el bloqueo se pasa a la cesión de la foto, aunque luego lo normal es que no cumpla o tarde, bajo amenazas, en cumplir lo hablado o pactado. En Sánchez priman siempre sus intereses particulares por encima de todo. Le gusta gobernar con un ordeno y mando (está obligado a ello por su falta de mayoría estable). Es el rey de los decretazos, muchos de los cuales duran lo que dura el trámite parlamentario. No tiene Presupuestos, no controla la gestión de su gente. En estos años su logro ha sido desgastar el Estado de derecho y desgastar el Estado del bienestar por su falta de inversión en mantenimientos esenciales, como se ha visto con la dana y con el accidente de Adamuz.
El «hombre de hielo» huye de las Cortes como si fueran el Infierno. No pisa el pleno del Senado desde hace dos años y su pánico a las derrotas en el Congreso sí que es de verdad histórico. Abusa de las trampas de los decretos ómnibus, en los que mezcla todo lo que puede en una muestra más de su alejamiento de todo sentido democrático del proceso legislativo. «Trilero» le llaman a Sánchez los del PNV por estos métodos de los decretos ómnibus. Declaración también para la hemeroteca, porque luego los nacionalistas vascos le apoyan siempre a cambio de nuevas tajadas en forma de transferencias impensables, que hasta rompen la caja de la Seguridad Social o la gestión de los aeropuertos.
Alardea la portavoz del Gobierno de la bondad de este decreto ley de regulación. No se engañen: este Gobierno de Sánchez es el mismo que va a sacrificar toda su supuesta política migratoria progresista para regalar a Junts otro de los chantajes, la transferencia de las competencias a Cataluña de la política migratoria. El hombre de hielo sigue demostrando un cálculo político que trasciende cualquier rasgo de sensibilidad y de sentido común. La verdad en Sánchez, cuando existe, está siempre escondida, y en este caso es que lo hace para que Podemos no vote en contra de la cesión de esas competencias migratorias a un partido xenófobo y racista como Junts. Podemos tragará, ya tiene su medalla para las próximas elecciones. Y si hay un papelón, ese es el que el hombre de hielo reserva para la cada vez más invisible Sumar. Tras conceder la foto de la financiación singular a Cataluña a ERC y la concesión de todo lo que le pidan al PNV, tocaba Podemos para poder conseguir que también Junts entre por el carril.
Dice el expresidente Felipe González, con una dureza y puntería que más quisiera tener Alberto Núñez Feijóo, que Pedro Sánchez no gobierna, que solo resiste. Resiste encerrado en su búnker de la Moncloa, donde su política de hielo sigue sacrificando a sus candidatos autonómicos. Tiene miedo al Congreso y tiene miedo a la calle. En los últimos tiempos solo ha salido a mítines electorales donde se siente rodeado y protegido por militantes socialistas o a actos cerrados al público donde solo hay cargos institucionales. Con la dana solo se atrevió a visitar las localidades afectadas parapetado tras los Reyes, a los que abandonó a las primeras de cambio cuando las críticas de los ciudadanos pasaron a mayores. No ha vuelto en un año. Con los incendios forestales del pasado verano tardó días en abandonar sus vacaciones en Lanzarote y, cuando al final salió, se dirigió a zonas aisladas en los montes, sin pueblos ni vecinos cerca.
Con el trágico accidente de trenes en Adamuz, es cierto que visitó el lugar del accidente con el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, pero no visitó a ninguno del centenar de heridos que fueron hospitalizados. Tiene miedo, y con razón. Mintió la Moncloa al decir que se posponía el funeral de Estado por petición de los familiares que pedían más tiempo. La verdadera razón fue la negativa de los familiares a aceptar la presencia de miembros del Gobierno, al que consideran responsable directo. Pedro Sánchez no quiso sufrir en sus carnes un «Mazón». Dijo que su Gobierno ya había asumido las responsabilidades del accidente. Debe de ser el mismo tipo de responsabilidad integral que la renovación integral que dijo Óscar Puente de la vía férrea del tramo de Adamuz.
Bajo esa máscara demacrada en que se ha convertido el rostro de Pedro Sánchez ya no laten ideas socialistas, progresistas o solidarias. Nada late: solo existe el hielo con el que toma sus frías decisiones para seguir en el poder. Como sea.