La hora de Pedro Sánchez
«No es improbable que el equipo de opiniones sincopadas difunda la versión de que él lleva el reloj cuatro horas atrasado con el fin de no llegar a los sitios con adelanto»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Pedro Sánchez es un golfo con tirabuzón, un chulángano con andares de macarra, cumbre en su desfachatez, al que no le basta enunciar su condición con los grandes asuntos que salpican su carrera política: el plagio de su tesis, la vulneración de la Constitución con los estados de alarma, la proximidad a todos los corruptos que en los últimos años han sido por razón de familia, como es el caso de su mujer, la hija de Sabiniano, pentaimputada, su hermano, imputado por cuatro delitos, en política a sus brazos derechos, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, a punto de sentarse en el banquillo. Ábalos, por cierto, acaba de renunciar a su acta de diputado, que no puede sostener por «su actual situación procesal». Habría que añadir a esa ominosa lista a Koldo García Izaguirre, el aizkolari del puticlub y hombre de toda confianza, naturalmente, al exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
Pocas dudas pueden caber ya a los más obnubilados de sus votantes de que el hombre al que confiaron sus votos es un mentiroso, un embaucador, mangante, chorizo, sablista, gorrón y algunos sinónimos más que recoge el Diccionario de la Real. Estaba meridianamente claro para todo el mundo, incluso para los más distraídos de los sanchistas, que el decreto ómnibus o decreto guagua, según la terminología que aprendí de un guía en una de mis visitas a Cuba. Acabábamos de montar al autobús que nos llevaría al hotel, cuando el guía, un negro muy simpático no anunció: «Me llamo José Antonio y voy a ser su guía. Ahora nos dirigimos a su hotel en este ómnibus —guagua lo llaman ustedes—, allí tendremos ocasión de compartir [hablar] los unos con los otros, mutuamente y viceversa».
Habíamos comentado ayer que metió la propuesta de revalorizar las pensiones en un decreto ómnibus junto a otras 21 medidas, entre ellas la protección a los inquiokupas. Las redes sociales distribuyeron un video en el que este caradura, marido tolerante de la Bego que fue primera madama de la capital, y yerno, por tanto, de Sabiniano, hermano de David Azagra, jefe de Ábalos, Cerdán y Koldo y de Álvaro García Ortiz lucía su cara más contrita para anunciar la derrota en el Congreso del decreto-ómnibus o del decreto-guagua. No tanto por anunciar la derrota como por señalar al culpable de la misma, el Partido Popular: «Otra vez el PP toma como rehenes a los jubilados y jubiladas de nuestro país votando en contra de sus intereses». Y luego, con ese abuso obsceno del tuteo con el que la izquierda acostumbra a invadir el espacio de sus interlocutores, añadió: «Quizá pienses que a ti esto no te afecta directamente, pero piensa en tu abuelo, en tu abuela, quizá en tu madre, en tu padre, que podrían perder más de 500 euros al año».
Fue la de Sánchez en el video una lección magistral de interpretación, su expresión contrita y el gesto dolorido, componían una versión masculina y laica de la Dolorosa. Lo que pasa es que todo era mentira, tal como puso en evidencia una captura de pantalla en la que se le ve el reloj de pulsera que marca la hora de la grabación. Era la una de la tarde, acababa de terminar el Consejo de Ministros y Ministras. La votación no se produjo hasta las 15.30. O sea, que el caradura acudió a la votación sabiéndola perdida y habiendo grabado el video con el único fin de culpar al principal partido de la oposición, el PP. No hizo ningún reproche a Vox ni a Junts per Catalunya, los otros dos partidos que contribuyeron a derrotarle su propuesta. No es improbable que el equipo de opiniones sincopadas difundan la versión de que él lleva el reloj cuatro horas atrasado con el fin de no llegar a los sitios con mucho adelanto.
No es en los grandes asuntos que pringan su carrera política, decíamos ut supra, donde se revela la miseria moral del personaje que nos ha tocado en suerte como presidente del Gobierno. Es en gestos como este, en pequeñas anécdotas gestuales que revelan el calado de la sima ética y estética. Hay otro vídeo, de junio de 2016, en la campaña de las legislativas que se iban a celebrar el 26 de dicho mes, cuando el candidato paseaba con algunos de sus acólitos y se cruzó con una familia de negros, de «personas de color», diría él mismo. Estrechó la mano de la mujer y tres pasos más adelante hizo ademán de limpiarse la mano, frotándola con la otra. Siempre son los pequeños gestos los que definen a los grandes líderes.