Patriotismo no es nacionalismo
«El patriota ama su nación, pero respeta la diversidad y pluralidad. El patriota, además, no se considera superior a los patriotas de otras naciones»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Escribía Fichte en El estado comercial cerrado (Tecnos, 1991), que todo socialismo deviene nacionalista y todo nacionalismo en socialista. Y es que ambos son colectivistas y, por tanto, laten en ellos la tentación totalitaria y la ingeniería social que busca crear un hombre nuevo. El patriota, sin embargo, es otra cosa. El patriota ama su nación, pero respeta la diversidad y pluralidad. El patriota, además, no se considera superior a los patriotas de otras naciones. Se limita a amar la suya, querer una España mejor para todos, y a defender los derechos individuales de sus compatriotas.
Lamentablemente, en España hay muy pocos patriotas y muchos nacionalistas envueltos en banderas de usar y tirar. Señala José María Marco en Después de la nación. La democracia española de 1978 (Ciudadela, 2024), que la Transición, cuyo espíritu de concordia hoy se ve anulado y atacado por los populismos de izquierdas y derechas, no supo construirse sobre la idea de nación. Una nación que las izquierdas, los nacionalismos y los regionalismos identificaban e identifican con el dictador. Como si antes de Franco no hubiera existido la nación española a la que se refirieron Manuel Azaña, Ortega y Gasset o Antonio Machado. Como si la Guerra Civil no hubiera sido un terrible enfrentamiento entre hermanos, pero ninguno de ellos demócrata.
Con esta falaz premisa fue posible la implementación de la Ley D’Hondt, que buscaba, por complejo, favorecer a los nacionalismos periféricos de ERC, PNV y CiU. La ley que ha provocado que en España haya habido más Gobiernos débiles que fuertes. Gobiernos débiles que están liquidando, de la mano del nacionalismo, el ethos de la nación española. El propio discurso de algunos contra el bipartidismo, que es mucho mejor que el multipartidismo por cuanto el ganador lleva a cabo su programa y si lo hace mal se recurre en las urnas a la alternancia, que en eso consiste la democracia, tiene su origen en ese complejo. Eso sí es Maricomplejines en todo su esplendor. Porque Maricomplejines no solo ha abrazado la liquidada socialdemocracia (que ha muerto de éxito), sino también el nacionalismo.
El nacionalista, a diferencia del patriota, busca construir una comunidad homogénea a imagen y semejanza de su líder. Es un movimiento excluyente, sectario, de enfrentamiento y polarización. Precisamente por eso el populista de izquierdas tiene un discurso muy similar al populista de derechas, que en España hasta el advenimiento de Vox estaba representado por PNV y CiU. En el fondo todos ellos son ingenieros sociales y se parecen muchísimo. ¿O acaso lo que estamos viendo con un Vox renuente a entrar en Gobierno a los que se ha presentado en las urnas que se limita a enredar o pedir imposibles no es similar?
«No debe de extrañar nada la simbiosis entre el PSOE y el PNV, por lo tanto. Ni las cosas de Vox. Colectivistas todos ellos»
En España los nacionalismos han servido de coartada a las oligarquías locales para llenarse el bolsillo. No debe de extrañar nada la simbiosis entre el PSOE y el PNV, por lo tanto. Ni las cosas de Vox. Colectivistas todos ellos. Que te quieren decir cómo pensar, cómo sentir, cómo ser. Como tampoco debe de extrañarnos el avance del populismo, un recurso discursivo que apela a las emociones, al infantilismo provocado por décadas de socialdemocracia y desprecia la razón.
Va siendo hora de diferenciar entre nacionalistas y patriotas. Porque no, no es lo mismo.