The Objective
Ricardo Dudda

La vivienda es para especular

«Al menos en España, la revalorización es consecuencia simplemente de la escasez. Cuanto menos se construya a tu alrededor, más valor tendrá tu casa»

Opinión
La vivienda es para especular

Una mujer mirando los precios de la vivienda en una inmobiliaria. | Ricardo Rubio (Europa Press)

Esta semana, el presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que no quería bajar el precio de la vivienda, sino subirlo. «Vamos a garantizar que los propietarios de viviendas sigan siendo ricos. Vamos a mantener altos los precios. No vamos a destruir el valor de sus viviendas para que alguien que no ha trabajado muy duro pueda comprar una casa». Eran declaraciones contrarias a la propuesta sorprendentemente intervencionista que hizo hace semanas, cuando dijo que quería «prohibir a los grandes inversores institucionales comprar más viviendas unifamiliares […] Las casas son para las personas, no para las empresas». Pero no es una novedad que Trump cambie de opinión constantemente: pasó de ser un presidente en defensa de la asequibilidad a ser un presidente de la especulación. Porque, ¿de qué otra manera puede explicarse la lógica de la vivienda como activo que debe siempre revalorizarse?

Es una lógica globalmente extendida. De Washington a Carabanchel. El concejal presidente del distrito madrileño, Carlos Izquierdo (PP), tuiteó hace un par de años: «Hace días los portales inmobiliarios señalaban que #Carabanchel es el distrito en el que más sube el precio de la vivienda. Ahora también el precio del alquiler. Sin duda, Carabanchel es un distrito cada vez más atractivo para vivir». Poco después, añadió: «En Carabanchel hay 120.000 viviendas de gente trabajadora. Si sube el precio, ellos son los primeros que se benefician». ¿Cómo? ¿De qué te sirve que tu casa, en la que vives, valga más en el mercado? El 80% de propietarios en España tienen una sola casa y es su propia vivienda. No la usan para especular. Es además una revalorización bastante cuestionable. Al menos en España, esa revalorización es consecuencia simplemente de la escasez. Cuanto menos se construya a tu alrededor, más valor tendrá tu casa. 

En el discurso político y económico sobre la vivienda hay una contradicción insalvable. La explicaba en un estupendo artículo la analista Jerusalem Demsas hace unos años: «La propiedad de la vivienda funciona para algunos porque no puede funcionar para todos. Si queremos que la vivienda sea asequible para todos, entonces debe ser barata y estar ampliamente disponible. Y si queremos que la vivienda sirva como vehículo para la creación de riqueza, el valor de las casas debe aumentar significativamente con el tiempo. ¿Cómo podemos garantizar que la vivienda se revalorice para los propietarios, pero que sea lo suficientemente barata como para que todos los posibles compradores puedan adquirirla? No podemos». Donald Trump representa a la perfección esa neurosis central en el discurso de la vivienda. Un día promete asequibilidad y al siguiente se da cuenta de que de eso reducirá el valor de las viviendas (la mayor oferta baja los precios), entonces promete que mantendrá la riqueza de los propietarios. 

Es un nudo difícil de desatar. Las polémicas palabras del exministro Ábalos hace unos años («la vivienda es un derecho, pero también es un bien de mercado») son ciertas. Una solución intermedia es la abundancia, construir más. En 2022, la alcaldía de Alicante anunció la construcción de 140 viviendas protegidas en la zona de San Juan. Era un número ridículo, pero menos es nada: era la primera promoción de vivienda protegida en Alicante en dos décadas. Esta semana se ha descubierto que el reparto de esas viviendas lo organizó el promotor y que varias de ellas se adjudicaron a la concejala de urbanismo, a dos hijos de una directora general del ayuntamiento y al arquitecto municipal. La vivienda es para especular, y cuando no, es también para especular.

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