No hubo buenos
«Cada cierto tiempo aparece un nieto socialista de pronto para ilustrarnos sobre su abuelo, y suele ocultar lo que el abuelo no le contaba, porque no lo sabe»

Ilustración de Alejandra Svriz.
El señorito Uclés, que anda por todos los huecos y asoma por todos los resquicios, dijo la semana pasada que no iba al debate de Pérez-Reverte, donde ya había confirmado su asistencia, si participan los malos. Tras este último numerito, queda claro que la derecha, como casi siempre, presenta mejores modales y más papeles que la antiespaña, como se les llamaba en los carteles de Sáenz de Tejada, ilustrador de la Guerra Civil desde el bando nacional. La izquierda contemporánea, en cambio, demuestra que no ha heredado la épica ni el rigor de las viejas ideologías. Solo ha heredado el sentimentalismo y el chantaje emocional, lo cual me parece una forma especialmente vulgar de la impostura.
Quizás la izquierda recurre al sentimentalismo y al desplante para no tener que afrontar un debate abierto sobre las responsabilidades de la guerra, porque están bastante más repartidas de lo que está dispuesta a reconocer. Conviene decirlo sin rodeos, hay que leer un poco para saber que hubo un bando ganador y otro perdedor, pero no hubo bando bueno.
No hubo buenos, y la prueba es que cada cierto tiempo aparece un nieto socialista de pronto para ilustrarnos sobre su abuelo, y suele ocultar lo que el abuelo no le contaba, porque no lo sabe. Pero además, nunca falta el tarro de los paralelismos históricos, del que sacan siempre la misma pedagogía sutil: «cuidado, que esta derecha es lo mismo, pero con otro disfraz». Empleando falsos paralelismos entre el 36 y ahora, dinamitando el debate sobre la Guerra Civil y falseando los datos se consigue imponer esta ficción.
Hay una nueva izquierda muy vieja que quiere tomar el poder por la vía blanda y facilona de la cultura, apelando al bando perdedor, peligroso apelativo que puede justificarlo todo, incluso la performance de ver a la ministra frente a la tumba de Lorca, en la exposición Pluma Roja financiada por la secretaría de Estado de Memoria Democrática. Más falso que el muñeco de Lorca es este movimiento que viene por las vías blandas: la tele, el vídeo, la demagogia de las exposiciones, la novela y hasta la boina. Quieren ir de víctimas y van a hacer lo imposible para serlo, porque en su mentalidad si uno es una víctima es bueno. Y si uno perdió la guerra es automáticamente una víctima.
Insisto: no hubo pluma buena, ni bando bueno. La derecha (silenciosa, cansada y algo escéptica) solo quiere verdad, un relato verídico y justicia histórica, no catecismos sentimentales. No queremos estatuas de Largo Caballero en Nuevos Ministerios, por la misma razón que no queremos estatuas de Franco. Y no me cabe duda de que los debates sobre la guerra se celebrarán a espaldas de quienes quieren dinamitar la convivencia y meterle metafísica a su cosa vital gracias a lo malo que son Aznar y Espinosa de los Monteros. Hoy, más que nunca, urge rebajar las emociones y hacer una llamada al sentido común, ese viejo invento al que antes llamábamos civilización.