The Objective
Román Cendoya

Puente es mala persona

«Óscar Puente nos molesta, no por su forma de trabajar, que también, sino porque es mucho peor ser de lo que creíamos»

Opinión
Puente es mala persona

Ilustración de Alejandra Svriz.

Yo pensaba de Óscar Puente que era un provocador y un maleducado. Con el punto de sinvergüenza necesario para poder ser del núcleo cero de Pedro Sánchez. Sus formas bastas y macarras le sirvieron para ser el «portacoz» perfecto para un tipo como el presidente. Siendo todo esto cierto, una obviedad ante su trayectoria y actividad en redes sociales, tengo que reconocer que estaba equivocado. Como atenuante a mi error puedo alegar que nunca lo había visto trabajar en asuntos del ministerio. Su trabajo, siendo ministro con una de las más importantes carteras por contenido y presupuesto, era ser el insultante community manager de Pedro Sánchez.

Es abominable. Mientras se celebraba el funeral por los 46 muertos de los que Óscar Puente es responsable político, con unas imágenes de dolor profundo y sincero, solo a él, con la soberbia y prepotencia que le caracterizan, se le ocurre vomitar en el Senado «les molesto porque hago muy bien mi trabajo».

Oída la frase, tomé conciencia de lo equivocado que estaba sobre la calidad humana de Óscar Puente. Por encima de cualquier otra consideración es muy mala persona. Es muy mala gente. Óscar Puente es un desalmado insensible, hipócrita, soberbio, arrogante y agresivo. Un ser deplorable a la par que deleznable.

Les ruego que lean la frase despacio asimilando cada una de sus palabras. «Les molesto porque hago muy bien mi trabajo». 46 muertos. «Les molesto porque hago muy bien mi trabajo». 46 familias destrozadas. «Les molesto porque hago muy bien mi trabajo». Huérfanos y huérfanas. Recuerden a Cristina, de 6 años, que ha perdido a sus padres, a su hermano y a su primo, quedándose sola. «Les molesto porque hago muy bien mi trabajo». Viudas y viudos. «Les molesto porque hago muy bien mi trabajo». 46 proyectos vitales truncados de forma directa y muchísimos más de forma indirecta. «Les molesto porque hago muy bien mi trabajo»… Solo un ser abyecto como Óscar Puente puede considerar que hacer «muy bien su trabajo» es que se produzcan 46 homicidios involuntarios con todo el dolor y el sufrimiento que ello conlleva.

Óscar Puente nos molesta, no por su forma de trabajar, que también, sino porque es mucho peor ser de lo que creíamos. Nos molesta porque en sociedad no queremos convivir con escoria como él. Y menos que disfrute de puestos de privilegio. De Óscar Puente nos molesta que para él los ciudadanos seamos fungibles, que podamos morir bajo su responsabilidad, y que eso sea «hacer muy bien su trabajo».

Desde su soberbia y maldad, utiliza su verborrea para crear un relato lleno de falsedades, inexactitudes, desconocimientos, mentiras y manipulación, una cortina verbal que cree que le va a permitir continuar como ministro. Puente y Sánchez ya no van a convocar un aquelarre —seudofuneral civil— de Estado con las víctimas del accidente, porque saben que no pueden manipularlas. Saben que el dolor, la rabia, la incomprensión, la verdad y la razón de las víctimas están en su contra. No acercarse, no consolarlas, no entender sus rabias y sus razones es para Óscar Puente hacer «muy bien su trabajo».

La solidaridad de Pedro Sánchez y gentuza como Puente con las víctimas llega hasta donde dejan de serles útiles para su instrumentalización y manipulación política. Por eso acudió al funeral real María Jesús Montero. Porque es candidata.

«No tiene, todo lo contrario, los mínimos requisitos humanos del responsable político: la empatía y sensibilidad social»

Hay que tener presente que la responsabilidad política, en muchos casos, es una injusticia objetiva para el titular de la cartera. Un ministro no revisa traviesas, ni alineamientos de vía, no suelda vías viejas con nuevas, no… Pero es el máximo responsable político de todo lo que dependa de él: organismos, empresas públicas y direcciones que están bajo su mandato. Porque para ser ministro, lamentablemente, no se exige ninguna cualificación. Por eso, por la arbitrariedad del acceso al cargo, la responsabilidad política de todo—lo bueno y lo malo— recae directamente sobre el máximo responsable de la cartera.

Bajo el mandato de Óscar Puente se han provocado 47 muertos, decenas de heridos y, a día de hoy, millones de perjudicados por su desastre en la gestión del sistema ferroviario español. Pero es que en el caso de Óscar Puente hay una agravante mayor. No tiene, todo lo contrario, los mínimos requisitos humanos del responsable político: la empatía y sensibilidad social. Óscar Puente no puede seguir en la función pública ni un segundo más. Mantenerlo convierte en igual de mala gente al que lo nombró y no lo cesa. Y a todos los que lo apoyan.

No es posible, pero ha pasado. A cualquier persona se le rompe el corazón al ver el dolor profundo y respetuoso del funeral colectivo. Produce inmenso respeto el recogimiento sereno de cada llanto y lágrima vertida. Todos hacemos nuestras las palabras de la víctima Liliana Sáenz. Cuando se contempla el momento de profundo respeto por los 46 muertos, el  acompañamiento a los familiares en su dolor, retumba con más crueldad la maldad del responsable político que dice: «LES MOLESTO PORQUE HAGO MUY BIEN MI TRABAJO». Como si el descarrilamiento y el tiempo de abandono en los taludes de las víctimas no fuera nada.

Piensen que el que iba en esos trenes fuera su mujer, su marido, su hijo, su hermano, su padre, su madre, su novio, novia, su… Ser querido. Y, mientras usted esté en el funeral, el responsable político de su injusto e inexplicable dolor le dice —insisto, lean despacio, dando el completo significado a cada palabra— «les molesto porque hago muy bien mi trabajo». 

Óscar Puente es usted un… Que cada lector le ponga el final a esta columna.

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