'White Lotus' en Alicante
«Esther García Llovet acaba de publicar ‘Las jefas’, otra de sus novelitas delirantes. Se lee en una tarde y es un prodigio de tono, atmósfera, diálogos»

Detalle de la portada de 'Las jefas', de Esther García Llovet.
Si uno repasa las novedades literarias verá la literatura ombliguista de siempre y el realismo mágico y la guerra civil y la dictadura y las memorias de gente sin nada que contar, y le costará encontrar algo parecido a lo que hace Esther García Llovet, que acaba de publicar Las jefas (Anagrama), otra de sus novelitas delirantes. Se lee en una tarde y es un prodigio de tono, atmósfera, diálogos. Tiene un equilibrio perfecto entre la ligereza y el misterio, pero es siempre un misterio absurdo. Sus thrillers que no son del todo thrillers a veces parecen Pynchon, otras el cine de Chema García Ibarra y otras son algo muy castizo e intransferible y personalísimo.
En Las jefas, García Llovet recrea un resort en Villajoyosa, Alicante, a través de la mirada de El Primo, un empleado del hotel que no tiene una función muy clara. Es una especie de manitas y de sirviente y de hombre superfluo mareado y utilizado por los clientes caprichosos del Zen Gardens. Hay tres mujeres que abusan de él especialmente: Romana Romano y las hermanas Navarro: Gran y Petit (las dos son muy altas, pero una ligeramente más que la otra, de ahí los nombres). Son tres amigas decadentes, aristócratas venidas a menos, de una hidalguía pocha y divertidísima que recuerda a una mezcla de Marisa, Vicenta y Concha de Aquí no hay quien viva (en versión de la jet), la madre e hija del documental Grey Gardens, las hermanas Valero de TikTok (en una versión con el rímel corrido y la visa en las últimas).
Romana Romano es italiana, pero habla español con acento andaluz. Se iba a casar pero canceló la boda durante el viaje de despedida de soltera con sus amigas. Petit tiene problemas de peso y acude a dos psicólogas: a una le cuenta los problemas que le da la otra, un poco para montar gresca y entretenerse. «¿Y Petit en qué trabaja? […] En sí misma». Gran es más solemne y clasista: cree que ver Severance es de pobres (o de intelectuales, que es lo mismo) y le gusta más que le cuenten las películas que verlas ella misma.
Es una especie de White Lotus cañí en la Costa Blanca, zona que ya exploró García Llovet en Spanish Beauty, su thriller en Benidorm. Las hermanas llevan semanas sin pagar la habitación y temen que las echen, pero no parece haber nadie a cargo del resort (aunque sigue funcionando). Está rodeado de una selva onírica, surrealista e inexpugnable en la que El Primo a veces se pierde. Es un lugar ideal para la tragedia.
García Llovet estudió cine, es fotógrafa. Su prosa está llena de imágenes muy elocuentes y potentes, hay cliff hangers engañosos. Pero también hay un juego con el lenguaje, la repetición, las frases lacónicas, los diálogos chispeantes. («¿Qué hora es?» «Las doce y media» «¿Otra vez?» […] «Qué hora es?» «Las doce y cuarto» «¿Todavía?»)
Las jefas es, como dice la autora en el propio libro, «un thriller de verano, una novelita tramposa, un relato del que controlas muy mal el final; un final de derrota melancólica, es decir, a la española». La leí como desengrasante entre lecturas más densas y me acabó alimentando mucho más de lo que esperaba. Es la última entrega del canon propio que va construyendo novelita a novelita una de las autoras más interesantes e inteligentes de la literatura contemporánea española.