The Objective
José María Calvo-Sotelo

Amistad y riesgo con EEUU

«Los amigos pueden hacer sufrir más que los enemigos, pero no hay alternativa buena a nuestra relación con los Estados Unidos»

Opinión
Amistad y riesgo con EEUU

Ilustración de Alejandra Svriz.

Después del turbión (en sus tres acepciones del diccionario) organizado por Donald Trump en torno a Groenlandia, han salido no pocas voces llamando la atención sobre la excesiva dependencia que Europa mantiene con Estados Unidos en múltiples frentes. Varias de estas relaciones de dependencia son conocidas desde hace décadas, notablemente en defensa o en servicios financieros, como destaca el informe Letta. Con el advenimiento de la inteligencia artificial, la ya larga dependencia en las tecnologías digitales dominadas por los siete magníficos norteamericanos se ha hecho mayor aún. Por si estas no fueran suficientes, con la invasión de Ucrania en febrero de 2022 llegó la crisis del gas ruso, cuya solución pasaba necesariamente por los Estados Unidos, que ya para entonces era el mayor exportador de gas natural del mundo. Veamos cómo ocurrió.

Resulta que antes de la invasión de Ucrania el gas ruso representaba alrededor del 45% de las importaciones de gas natural de la Unión Europea, que trae de fuera casi todo el gas que consume. Pero si concentráramos la mirada en Alemania y en el resto de Europa Central, veríamos que su dependencia del gas ruso equivalía al 70% de todo su consumo. En apenas tres años, el gas que sigue entrando en Europa desde Rusia ya sólo supone un 13% de sus importaciones, la mayor parte de ellas por barco (a través de puertos franceses, belgas ¡y españoles!).

¿Cómo fue capaz la UE de sustituir todo ese gas en tan poco tiempo? Pues en pocas palabras, gracias a tres países —Estados Unidos, Noruega y Reino Unido— y a la reducción de la demanda industrial. En esos tres años, la UE dejó de importar algo más de 100.000 millones de metros cúbicos anuales de gas ruso (¡más de tres veces el consumo español!), y al mismo tiempo aumentó las importaciones de gas americano por barco en 40.000 millones (multiplicando por tres las cifras de 2021), y las de Noruega y Reino Unido en 14.000.

El resto se resolvió gracias a la reducción del consumo de la industria europea, que contrajo su actividad ante los altísimos precios del gas que trajo la guerra consigo. Así las cosas, el gas americano pasó de representar menos del 5% de las importaciones europeas a más del 25%, a poca distancia del gas noruego que lideraba con el 29%. No se había conocido un vuelco semejante en la reciente historia del abastecimiento energético europeo.

Pero todavía importamos casi 40.000 millones de metros cúbicos de Rusia, de los que un 12% acaba en puertos españoles. Pero hace apenas unos días el Consejo Europeo aprobó definitivamente la prohibición de todas las importaciones de gas ruso para 2027. ¿Qué países tienen más posibilidades de hacerse con esos volúmenes de gas? Pues de acuerdo con las previsiones al 2030 de la Agencia Internacional de la Energía, serían de nuevo los Estados Unidos, seguidos de lejos por Qatar y nuestros amigos canadienses.

«EEUU volvió a ser en 2025 nuestro primer proveedor de gas con un 33%, seguido por Argelia con el 29% y por Rusia con el 15%»

Porque ellos solos van a incorporar al mercado de aquí al 2030 cerca de 150.000 millones de metros cúbicos de nueva capacidad de gas licuado, la mitad de la nueva capacidad mundial. En definitiva, todo parece indicar que en los próximos años la UE aumentará su dependencia del gas por barco de los Estados Unidos, que con bastante probabilidad se convertirán en el primer proveedor del bloque por delante de Noruega. Alemania y Polonia seguirán necesitando más gas para poder cerrar sus centrales de carbón, y su dependencia no hará sino aumentar – el canciller Merz anunció hace apenas unos días la construcción de 12 gigavatios de nuevas centrales de gas.

En el caso español, Estados Unidos volvió a ser en 2025 (datos del primer semestre) nuestro primer proveedor de gas con un 33%, seguido por Argelia con el 29% y por Rusia con el 15%. ¡Sorprende tanto que España esté todavía en esa lista de los últimos compradores de gas ruso! Sustituirlo de aquí a finales de 2027 no hará sino consolidar el liderazgo norteamericano también para España.

Esto es sin duda un buen ejemplo de lo que Donald Trump denominó en su campaña electoral American Energy Dominance, aunque muchos de sus cimientos se construyeran durante la presidencia de Joe Biden. Europa tiene que estar muy agradecida a la industria gasista norteamericana por haber tenido la agilidad y la capacidad para permitirnos salir tan deprisa de la crisis del gas ruso, sin duda a cambio de unos pingües beneficios para sus empresas. Porque la seguridad energética europea es ahora mucho más sólida de lo que lo era hace cinco años. Y la previsión para los próximos cinco va en la misma dirección de mejora.

Lo que el primer ministro canadiense Mark Carney criticó duramente en su valiente discurso de Davos fue que las «grandes potencias» (véase Trump) utilizaran la integración e interdependencia de nuestras economías globalizadas como armas de coacción política y económica. Carney advertía de que frente a estas amenazas los aliados buscarían «diversificar» sus coaliciones para reducir su riesgo. La economía canadiense depende mucho de su relación con Estados Unidos, y sin duda Carney hará muy bien en tratar de reducir esa dependencia, y en ello está. También será bueno para la UE, y los acuerdos con Mercosur y con la India son un buen paso en esa dirección.

«No caigamos en el espejismo de pensar que Canadá o Europa puedan encontrar alternativas de similar calidad a EEUU»

Pero no caigamos en el espejismo de pensar que Canadá o Europa puedan encontrar alternativas de similar peso y calidad a su relación con EEUU; y no demos pábulo a la falacia de la equidistancia con la que Europa debería tratar a China y a los EEUU. Basta con ver cómo les ha ido a los alemanes con su apuesta por Rusia. Por eso Europa lo tiene tan difícil con esta segunda administración de Donald Trump. Pero tampoco caigamos en la trampa de pensar que Trump y su política son para siempre.

No solo porque los mercados acaban pesando mucho en la política americana, y el dislate de los aranceles ha puesto a todo el mundo en guardia. También las escenas estremecedoras de Minneapolis. Todo sea que en las próximas elecciones de noviembre Trump pierda su mayoría en la Cámara de Representantes y podamos recuperar parte de la normalidad perdida.

«Un amigo hace sufrir tanto como un enemigo». Con este proverbio árabe encabezaba Miguel Delibes el arranque de su primera novela, La sombra del ciprés es alargada (1948). Hoy podríamos decir con mucha razón que los amigos hacen sufrir más que los enemigos. Los Estados Unidos de América son nuestros amigos, y nuestra amistad se remonta en el tiempo al menos 80 años, incluso los 250 que este año conmemoramos, con el lapso de la guerra de Cuba. Pero no hay amistad sin riesgo. No tenemos mejor alternativa que mantener la amistad y gestionar el riesgo.

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