El verdadero oficio del 'mediador' Zapatero
«El expresidente se ha dedicado durante años a aprovechar sus buenas relaciones con la dictadura venezolana para hacer gestiones en favor de quien lo necesitase»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Anda estos días ocupado el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en hacernos creer que él ha sido una figura clave en el proceso de cambio que se ha abierto en Venezuela desde que el 3 de enero Donald Trump ordenase detener a Nicolás Maduro.
Nada más lejos de la realidad. La nueva presidenta del país, Delcy Rodríguez, está dando algunos pasos esperanzadores, aunque aún claramente insuficientes, pero lo hace presionada por Estados Unidos, que ha demostrado cómo se las gasta si no le obedecen, no por los oficios como supuesto mediador de Zapatero. De hecho, una de las primeras decisiones de Rodríguez fue apartar del Gobierno a Álex Saab, presunto testaferro de Maduro y hombre muy bien conectado con los españoles que han sacado tajada del chavismo durante todos estos años (el despacho de Baltasar Garzón puede dar cuenta de ello).
Si la democracia se abre paso en Venezuela, que está por ver, tendremos la oportunidad de conocer con detalle a qué se ha dedicado realmente Zapatero allí. Y por mucho que ahora algunos quieran salvarle la cara, algún día será imposible impedir que los que hoy no hablan por miedo salgan del armario y nos iluminen con su testimonio.
Entre ellos, por ejemplo, los presos políticos liberados, que han sido debidamente aleccionados estos días en la Embajada de España en Caracas, con noche incluida en la residencia del embajador, antes de poner rumbo a España previa escala en Bogotá.
Lo que cuentan sobre Zapatero y su entorno es aterrador. Y si no que se lo pregunten a Julio Borges, expresidente de la Asamblea venezolana. «No has visto mi peor cara», le llegó a espetar el expresidente del Gobierno en tono amenazante.
«Intentar aprovechar las liberaciones de estos días para hacer creer a las familias que el ‘esfuerzo’ del pasado ha merecido la pena es de ser un sinvergüenza»
Conviene no olvidar que el régimen venezolano ha utilizado a los cientos de presos políticos como una herramienta más de su entramado de corrupción. Primero eran detenidos arbitrariamente… y luego extorsionados a través de sus familias para conseguir una mejora en sus penosas condiciones carcelarias, y siempre con la promesa de la liberación como zanahoria con la que hacerles pasar por el aro.
El modus operandi era siempre parecido. Una vez practicada la detención, aparecía de la nada un supuesto mediador. Primera consigna: permanecer callados y no armar revuelo en los medios de comunicación. ¿Por qué? Porque no denunciar el atropello facilitaba la negociación con los gerifaltes del régimen chavista: el precio de la libertad se abarataba, supuestamente, si no se montaba escándalo.
El problema, como han comprobado en carne propia algunos de los familiares de los presos políticos venezolanos, es que en la mayoría de los casos esos pagos no servían para casi nada… Se trataba de una burda estafa. Por eso, intentar aprovechar las liberaciones de estos días para hacer creer a las familias que el ‘esfuerzo’ que hicieron en el pasado ha merecido la pena es de ser un auténtico sinvergüenza. Porque es evidente que sin la intervención militar del 3 de enero nada de esto hubiera pasado.
¿Zapatero mediador?
Cada uno es libre de ganarse la vida como quiere o puede, pero conviene no equivocarse con Zapatero. Su labor como supuesto mediador entre la oposición y el chavismo se limitó al periodo entre 2015 y 2017, cuando el expresidente español llegó incluso a fantasear (este también) con la concesión del premio Nobel de la Paz. Pero pronto la oposición fue perdiendo la confianza en él, al verle demasiado próximo al régimen, hasta el punto de que en el año 2018, cuando se produjo una nueva ronda de negociaciones en la República Dominicana, el presidente español quedó totalmente relegado de la mesa.
«La sola posibilidad de que un expresidente español haya podido lucrarse de su buena relación con una dictadura ya debería producir arcadas a cualquier demócrata»
Es en ese momento, en 2018, cuando terminó la labor de mediador de Zapatero y comenzó su trabajo como ‘lobista’. Y desde entonces se ha dedicado a aprovechar sus buenas relaciones con la dictadura para hacer gestiones en favor de quien lo necesitara: bien empresas extranjeras que querían abrir negocio en Venezuela o recuperar el dinero que tenían allí atrapado, bien familiares de presos políticos que buscaban a la desesperada una solución a su calvario.
¿Ha cobrado Zapatero por todo ello? Parece lógico en el primer supuesto, resultaría menos digerible en el segundo. Pero, en cualquier caso, la sola posibilidad de que un expresidente español haya podido lucrarse de su buena relación con una dictadura ya debería producir arcadas a cualquier demócrata.
El hecho de que sus hijas tengan un negocio en Venezuela (y que casualmente cerraran su web el mismo día de la detención de Maduro) y que la Fiscalía haya sugerido hace unos días que convendría investigar su incremento patrimonial de los últimos años, no augura nada bueno para Zapatero. Y si a eso se le añaden las cada vez más claras pruebas de su evidente intervención para conseguir el rescate de la aerolínea Plus Ultra, resulta imposible no pensar que su futuro está más cerca de Brooklyn que de Oslo.