The Objective
Francisco Sierra

El impostor de Caracas

«El gran impostor lleva años negando la existencia de presos políticos en Venezuela. Ahora alaba una ley de amnistía para esos mismos cuya existencia negaba»

Opinión
El impostor de Caracas

Zapatero y Delcy Rodríguez.

La historia está llena de grandes impostores que han buscado beneficios y reconocimiento público por hechos de los que presumían, pero que, en realidad, nunca realizaron.

Uno de los más recientes es el caso del expresidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. El gran impostor de Caracas se ha inventado, una vez más, un papel activo en la política venezolana, en la que hace tiempo que no engaña a nadie. No engaña desde hace años a la oposición, porque esta sabe que nunca actuó de verdad como un mediador neutral, ni siquiera como un simple defensor de la democracia y de los derechos humanos en Venezuela. Tampoco ha engañado a los chavistas. Maduro detectó enseguida sus debilidades y lo utilizó como destructor de cada acercamiento que lograba la oposición. De mediador pasó a ser amigo personal del criminal Maduro y de los hermanos Rodríguez. Algún día se sabrá a cambio de qué se produjo esa transición que tanto blanqueó a la dictadura chavista.

Zapatero ha viajado ahora de nuevo a Caracas para seguir alardeando de su falsa mediación, su falso diálogo y su falsa participación en el proceso que vive Venezuela. Ninguna de las medidas que se están produciendo en el país caribeño es obra suya. Ni siquiera de la actual presidenta interina, Delcy Rodríguez, o de su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional chavista, Jorge Rodríguez. Los dos amigos y principales apoyos políticos del depuesto y detenido Nicolás Maduro ahora obedecen a Trump.

La intervención militar estadounidense ha eliminado de la escena a un Maduro que durante años mantuvo su criminal dictadura en Venezuela, con miles de opositores y ciudadanos asesinados, torturados o detenidos ilegalmente. Con su cinismo habitual, Trump ha dejado claro que ahora solo le interesa el petróleo y que el resto —la recuperación de la democracia y de las libertades— ya vendrá, si viene, con el tiempo. Le basta con tener bajo sus órdenes directas a Delcy y que esta le obedezca en todo. Y si el secretario de Estado, Marco Rubio, le dice a Delcy que libere presos políticos, ella los libera. A cuentagotas, pero lo hace. Ahora le ordenan una ley de amnistía política para los presos políticos y el cierre del Helicoide, el centro del horror de las torturas y vejaciones chavistas a los presos de la oposición; y allá van, con ese lenguaje revolucionario, surrealista y, a la vez, totalmente sumiso ante Estados Unidos.

Y en este contexto, buscando otra vez medallas que ponerse, aparece de nuevo el gran impostor en Caracas. Un Zapatero que lleva semanas escondido y en silencio en España. El motivo: las primeras informaciones que demuestran que ha estado cobrando dinero —y mucho— por asuntos «globales» de Julio Martínez, su amigo, ya detenido por la policía, e intermediario de la aerolínea Plus Ultra en Venezuela. Importantes y cruciales debían de ser esos análisis globales, porque Zapatero era el único proveedor y cobraba hasta el 45% de los ingresos totales de Análisis Relevante, la empresa de su amigo de correrías. Puede que esto sea solo el principio y que pronto tengamos nuevas informaciones sobre los diversos negocios de Zapatero en España. Negocios extraños, a juzgar por la decisión del propio PSOE de cancelar su presencia en todos los actos de las campañas electorales de Extremadura y, ahora, de Aragón.

Zapatero ha decidido autoblanquearse, otra vez, con su supuesta mediación en la liberación de presos en Venezuela. Una llamada a su amiga Delcy y la invitación de vuelta de la interina para que participe en el proceso de amnistía. Una visita que Moncloa y Exteriores niegan que tenga carácter institucional ni que conocieran de antemano. Eso dicen, pero Zapatero ha utilizado la embajada española como si fuera suya, como si se tratara de un acto oficial, para reunirse con algunos dirigentes de la única y mínima oposición tolerada por el chavismo. Ningún encuentro con nadie del entorno de María Corina Machado, a quien no reconoció en su día el triunfo electoral con el 70% de los votos.

Dieciocho meses sin que el gran impostor hubiera vuelto a Caracas tras su significativo silencio de meses sobre el autogolpe de Estado de Maduro. Silencio total en público, pero no en privado, donde movió todas sus influencias para que los países del Grupo de Puebla no condenaran ni el golpe ni la posterior represión criminal de Maduro.

Años lleva Zapatero poniéndose medallas por liberaciones de presos en las que nunca intervino. Lo ha vuelto a hacer. Este Zapatero declaraba hace unas horas en Caracas que la amnistía planteada por Delcy marcará «un antes y un después» en Venezuela. Dice Zapatero —y no miente— que está muy unido desde hace años a Delcy, «con la que habla casi a diario». Tan amigos dice que son que, seguro, que conoce toda la verdad sobre el lío de Barajas con Ábalos, Koldo y Aldama recibiendo en el aeropuerto a la ahora presidenta interina. Un asunto del que Zapatero huye como un vampiro de un crucifijo.

El gran impostor lleva años negando la existencia de presos políticos en Venezuela. Ahora alaba una ley de amnistía para esos mismos presos políticos cuya existencia negaba. Afirma que «Delcy está dando pasos para que Venezuela pueda respirar». Se trata de la misma política que durante muchos años pisó el cuello de todos los demócratas venezolanos. Si hay alguien a quien la oposición no quiere ver ni en pintura es a Zapatero. Y si hay alguien de quien desconfían cuando se habla de reconciliación, ese es Zapatero.

«No pinta nada en un proceso que se dictará desde Washington, pero él se pone las medallas y posa otra vez, sonriente, en directo ante la televisión venezolana con su amiga Delcy, la de las maletas de Barajas»

Basta escuchar a cualquier miembro de la oposición venezolana sobre el papel real de Zapatero en estos años de sonrisas, risas y abrazos con el dictador Maduro y los hermanos Rodríguez en el Palacio de Miraflores. Esas sonrisas desaparecían cuando se reunía, a veces —pocas—, con las familias de los encarcelados, a quienes solo exigía silencio y a quienes amenazaba con peores represalias si criticaban la dictadura chavista. Le obedecían, pero esa sumisión casi nunca supuso la puesta en libertad de sus familiares presos. Dicen en Caracas que Zapatero siempre estuvo más interesado en liberar los fondos de las empresas españolas atrapadas en Venezuela que en liberar a los presos españoles o a familiares de españoles detenidos y torturados sin juicio y sin piedad en las cárceles chavistas.

Alardea Zapatero del paso dado por su amiga Delcy en el proceso de amnistía. Ahora el expresidente español se sumará a la Comisión por la Convivencia Democrática y la Paz, que redactará la ley de amnistía y promoverá otras medidas de reconciliación en el país. Las recomendaciones de esa comisión solo tendrán efecto si las aprueba Estados Unidos. El resto, ahora mismo, es ruido. El gran impostor intenta de nuevo engañar a todo el mundo. No pinta nada en un proceso que se dictará desde Washington, pero él se pone las medallas y posa otra vez, sonriente, en directo ante la televisión venezolana con su amiga Delcy, la de las maletas de Barajas.

Publicidad