Tomando impulso
«La Fundación Impulso y Cooperación no quiere ser solamente un paliativo contra los desafueros del sanchismo. Queremos ir más allá»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Mirar hacia atrás en la vida es un vicio peligroso, pero que se adquiere con los años como la calvicie o la pérdida de oído. Cuando cedo a él, que es demasiadas veces, constato que me he pasado la vida participando en movimientos ciudadanos en compañía de gente estupenda, altruista y solidaria, pero… Siempre hay un pero. En este caso, el «pero» consiste en que son movimientos inimaginables en cualquier otro país europeo más que en España. Aquí encajan bien, porque durante décadas hemos tenido a fanáticos que asesinaban despiadadamente a sus vecinos en reivindicación de una patria mitológica que supuestamente les habían arrebatado, otros que prohibían utilizar el castellano en la vida cotidiana pese a que era con mucho la lengua materna de la mayoría en cualquier región, y otros más que imponían en la escuela una historia falsificada del país común o exigían para su comunidad privilegios fiscales basados en que se consideraban un pueblo elegido por alguna divinidad indecentemente sectaria.
Estas desgracias colectivas son prácticamente desconocidas en los países europeos más cercanos, que por lo demás tanto se nos parecen, y sobre todo cuando apuntan apenas encuentran atisbos de complicidad en los Gobiernos democráticos que los administran, mientras que en España los más dementes políticos han logrado convertirse en puntales imprescindibles de la gobernabilidad del país. Por decirlo de forma algo abrupta: sin el apoyo de los locos, nuestros oportunistas no lograrían perpetuarse en las instituciones de poder. De modo que quienes estamos contra los asesinos patrióticos, contra los que pretenden prohibirnos hablar en la lengua oficial de nuestro país, contra los manipuladores sectarios de la historia y los ventajistas que quieren romper la igualdad entre españoles con el pretexto de que a ellos no les apetece serlo o quieren cobrar por fingir que aceptan ese destino, no nos queda más remedio que unirnos y convertirnos en activistas de lo obvio y el sentido común. Al margen de las instancias oficiales, porque si acudimos a ellas para defendernos, es probable que encontremos sentados en el despacho al que acudimos y pagado con nuestros impuestos a un bribón cómplice de quienes se burlan de nuestros derechos.
El pasado miércoles nos reunimos en el Congreso de los Diputados un puñado de tercos —llamémonos así— para presentar a nuestros conciudadanos la Fundación Impulso y Cooperación, que lleva ya funcionando en Cataluña más o menos con ese nombre desde hace más de quince años. En la cabecera de la Fundación hay intelectuales de los que no se callan, o sea, intelectuales de verdad, no de los que funcionan como títeres del Gobierno y firman manifiestos casi ministeriales contra la amenaza de la ultraderecha mientras ayudan a perpetuar la ultraizquierda y el separatismo, que son peores. Allí figura José Domingo, que tanto tiempo lleva dando la cara en Cataluña contra los que se empeñan en llamar «anticatalán» a quien es «antiseparatista», empezando por los socialistas, que son los peores por ser los más falsos (el fariseo Illa a la cabeza de los hipócritas). A su lado aparece Maite Pagazaurtundúa, la incansable Maite, a la que debemos tantas iniciativas valientes presentadas al Parlamento Europeo, a la que durante tantos años acompañamos en Andoain en nuestra reunión de febrero para recordar el asesinato de Joseba. Y el intachable Rafael Arenas, catedrático de derecho en la Universidad de Barcelona, que tanto ha tenido que soportar en las aulas, pero sobre todo en los despachos de las autoridades académicas; uno de esos profesores –más bien pocos- que sostienen la dignidad universitaria contra quienes pretenden arrastrarla por el cieno separatista. Y acabo, aunque hay muchas más personas estimables en el frontispicio de la Fundación, con una de las que yo más admiro, Ana Losada, pieza clave de la Asamblea por una Escuela Bilingüe en Cataluña, luchadora sin tregua en defensa del derecho de los niños de estudiar en la lengua oficial de su país: quienes les roban ese derecho son enemigos del futuro de los catalanes.
Al terminar la presentación del Congreso, muchas personas amables se nos acercaron para darnos ánimos y preguntarnos qué íbamos a hacer a continuación. Por favor, no nos animen: únanse a nosotros. ¿Qué vamos a hacer? Solos, evidentemente nada, pero junto a muchos más, bastante, mucho, lo increíble quizá. Esta Fundación Impulso y Cooperación no quiere ser solamente un paliativo contra los desafueros del sanchismo. Queremos ir más allá, continuar reparando daños cuando ya hayamos dado la patada a Sánchez y su corte de malhechores. Pero no queremos que nos miren desde la barrera y nos aplaudan, sino que nos acompañen. ¡La aventura comienza!