El PP gana mal mientras Vox salva la cara a Sánchez
«Los análisis de los demóscopos pueden decir lo que quieran, señalar que Abascal roba votos a la izquierda, pero no: esta no es su enemiga»

Jorge Azcón. | EP
Y lo que tenía que pasar, pasó. Como en el corrido golfo de Panchito López. La irrupción brutal de Vox ha perjudicado sensiblemente al PP y, al tiempo, de forma consciente y buscada, ha favorecido al PSOE que, cobijándose al amparo del resultado de Abascal, ha podido ensombrecer su derrota. Rápidamente, los siervos y corraleros de Sánchez se han lanzado a decolorar la nueva victoria de Azón —que lo es, mírese por donde se mire— y a empeñarse en vender su gran y tóxica especie: «Vienen las derechas, así que verán ustedes lo que se hacen». Le dirigen este mensaje a las izquierdas de ultratumba, vulgo Podemos, y a la excrecencia de Yolanda Díaz. A los primeros, para que de aquí al final de la legislatura (sea esta cuando sea) no se pongan pesados; les critiquen lo que quieran, pero al final les den sus votos. A los segundos, ya marginales, para que entreguen la cuchara en favor de que les den un puestecillo en las próximas listas del PSOE, fundamentalmente a la patética Yolanda, que en su caso tendrá que regresar a Santiago de Compostela a vestirse pobremente como los peregrinos de Asís.
Total, que lo que tenía que pasar, pasó. Azón, que ha realizado durante estos tres años pasados una gobernación muy aseada, es ya otra de las víctimas del fundamentalismo de Vox, que ha encontrado el hueco en el radicalismo feroz y se ha refugiado en él para hacerle la puñeta al centroderecha clásico del país. Vox —lo ha demostrado más que nunca en esta crucial campaña de Aragón— tiene por enemigo al Partido Popular. No hay más cáscaras. Los análisis de los demóscopos pueden decir lo que quieran, señalar que Abascal roba votos a la izquierda, pero no: esta no es su enemiga. Vox ha vuelto a reeditar su pasión por el «reemplazo», o sea, por el interés decidido en comer la merienda del PP. Y en eso están. Aragón, que es, según relatan los enterados, el «Ohio español», es decir, nuestro clon electoral en las convocatorias generales, y parece haber dejado por escrito y las urnas el mapa del 27: un escenario, si no idéntico, parecido al de hace tres años. Eso sí, con una variable sustancial: que los costaleros comunistas e independentistas que ahora sostienen a Sánchez, parece que ahora sumen suficiente para disputar el poder al Partido Popular.
A Azcón se le abre una temporada muy complicada porque ha podido mantener a duras penas el anterior resultado. Lo mejor que se puede decir a su favor es esto: que vence en votos y escaños a la ultraderecha de Abascal y que, aun por la mínima, se ha mantenido enhiesto en el ruedo, no como el dúo Sánchez-Alegría, que se ha pegado un tortazo regular. Lo cual, por lo demás, le trae por una higa al aún presidente del Gobierno que una dos, o se olvide directamente de la propia candidata, o le da un carguillo para que ella llene la buchaca. De la misma forma que Sánchez no movió un dedo para salvar al pobre recluta extremeño, Gallardo, al que envió a su propia liquidación en su territorio regional, con Alegría hará lo propio, anticipo, por lo demás, de lo que perpetrará con su candidato en las cercanas elecciones de Castilla y León, que ni siquiera sabemos cómo se llama. El tipo ha fracasado estruendosamente en Aragón, pero Vox le sostiene el cubata y así podrá seguir asidiéndose a él en la esperanza de que alguien compre la mercancía averiada del miedo a la derecha.
Pero como este país políticamente no descansa, resulta que la semana que comienza ahora mismo viene repleta de episodios poco gratos para el citado Sánchez. Por lo pronto, sus antiguos secretarios y cómplices, Abalos y Koldo, se enfrentan a una incidencia judicial de primera importancia en el Supremo, incidencia que va a terminar con la apertura de un juicio oral por el desfalco que hicieron estos desalmados de las mascarillas de la covid. Él mismo, el asténico personaje de la Moncloa, tendrá que acudir, por fin, este jueves al Congreso de los Diputados a explicarse sobre todo lo que atañe a la gobernación, trenes incluidos, y no solo a dar cuenta de sus cuchicheos con los líderes europeos que, dicho sea de paso, ya le toman a beneficio de inventario, en opinión de los muchos españoles que pululan por Bruselas o Estrasburgo. Semana, pues, de pasión para el «inquiokupa» de la Moncloa, regada además por la conciencia de que las anegadas andaluzas no le van a favorecer en la cercana primavera cuando Juanma Moreno también abra sus urnas. Moreno está haciendo una gestión impecable tanto de la tragedia de Adamuz como de las inundaciones de toda su tierra, cosa que a Sánchez, acostumbrado como nos tiene a echar la culpa al empedrado, no le está sentando nada bien.
Claro está que para su deseo insoportable (para todos los demás) de seguir en la Moncloa, ya puede seguir echando mano de sus mejores colaboradores, los chicos y chicas de Abascal, que han logrado, eso no hay quien lo ponga en solfa, un resultado que les permite seguir soñando en convertirse en la franquicia de Le Pen o de la Chega portuguesa que le ha pasado por encima al Partido Socialdemócrata del presidente del Gobierno. Abascal está en una apuesta por lo universal al estilo, cada vez más cierto, de su llorado José Antonio Primo de Rivera. Por cierto, recuerden el dato histórico: al final, el socialista Indalecio Prieto, uno de los jefes de aquella cosa, quiso entenderse con la Falange, así que el modelo ya está ensayado. Vox, en este día de ayer, ya ha salvado la cara a Sánchez: enhorabuena a los dos, uno ya tiene con quien compenetrarse; el otro ya puede seguir aspirando a abrir la tierra bajo los delicados pies del Partido Popular.