The Objective
Román Cendoya

Txeroki en la calle por ZP

«Ese es el mundo de Zapatero. No hay ideología, solo hay enriquecimiento. De él. De sus hijas»

Opinión
Txeroki en la calle por ZP

José Luis Rodríguez Zapatero.

Txeroki es un sanguinario asesino terrorista de ETA que, con una condena de 377 años de cárcel, está en la calle sin ningún arrepentimiento. Pedro Sánchez entregó al Gobierno vasco la política penitenciaria como parte del pago a ETA-Bildu y al PNV para continuar en la Moncloa. Esa fue la forma que encontraron los nazionalistas terroristas vascos para que sus compañeros de armas salieran a la calle. De lunes a viernes disfrutan de régimen de cama y desayuno. Un desprecio total para las víctimas del terrorismo. La presidenta de Covite ha dicho, con toda razón, que «estamos ante una amnistía encubierta, incompatible con el derecho de las víctimas a la justicia y contraria a nuestro ordenamiento jurídico». Javier de Andrés, líder del PP vasco, añade que «el sistema penitenciario vasco está amnistiando a los presos de ETA por la vía de los hechos». Una amnistía otorgada por Pradales, el acomplejado lendakari maketo de los 16 apellidos españoles, que cede ante los terroristas nazionalistas por su complejo de origen. El País Vasco se encuentra sometido al régimen nazional socialista integrado por PNV, ETA-Bildu y el PSOE.

Mientras la familia Múgica y amigos se congregaban en el cementerio de Polloe recordando que ETA asesinó a Fernando, el añorado líder socialista, hace 30 años, Txeroki está en la calle. El principal causante del drama de las víctimas que tienen que soportar que los Txerokis estén por las calles es José Luis Rodríguez Zapatero, el bambi de terroristas y dictadores. Zapatero aseguraba en la COPE de forma airada, con impostada contundencia, que «bajo mi gobierno se terminó ETA. Se entregó ETA. Se rindió ETA. Sí lo digo, lo afirmo y lo sé. Fue con mi gobierno. No pasó con el gobierno de Aznar ni con otros gobiernos. Lo reivindico, me siento orgulloso extraordinariamente».

Zapatero pudo derrotar a ETA —palabra que no utiliza—, pero prefirió negociar y claudicar. Por eso los asesinos terroristas pasean libremente por las calles, se sientan en el Congreso y tienen poder público. Para el papanatas de Zapatero es un éxito, del que se siente muy orgulloso, que los Txerokis estén en las calles y más de 350 familias sigan sin tener resuelto su caso. Zapatero pasó de todas ellas en su claudicación. El dolor ajeno le importa un carajo. Todos los malos al final siempre se encuentran.

Por eso, no sorprende nada que Zapatero sea el blanqueador y defensor de la narcodictadura venezolana, de la tiranía china o que se sintiera feliz en Bolivia con Evo Morales, de quien admitió «haber aprendido muchas cosas». El que le producía felicidad y del que ha aprendido muchas cosas tiene causas penales abiertas por asesino, narcotraficante y pedófilo. Zapatero es la visualización perfecta de lo que es hoy la izquierda, lo que representa y cómo actúa.

La izquierda de Zapatero, en la que está involucrado y desarrolla su actividad personal, la de Venezuela, Bolivia, Cuba… restringen las libertades de los pueblos actuando como dictaduras que se sostienen mediante la más férrea represión —torturas, asesinatos y presos políticos— llevando la ruina a sus países, mientras sus líderes se hacen inmensamente ricos. Escandalosamente ricos. Sus dirigentes esquilman las riquezas del territorio y además se dedican al narcotráfico.

Ese es el mundo de Zapatero. No hay ideología, solo hay enriquecimiento. De él. De sus hijas. A costa del sufrimiento del pueblo venezolano o del que sea. Y se inventa su relato social como el del fin de ETA. En Venezuela, Zapatero comparte bando con De Juana Chaos y todos los etarras fugados de España y protegidos por la dictadura. Nada de lo que dice es cierto. Todo lo contrario. Todos los testimonios que llegan de Venezuela lo sitúan en el lado del régimen. Incluso visitando el centro de torturas del Helicoide. Aquellos que sufrieron su visita solo encontraban palabras amables para que claudicaran a favor del régimen. Poli bueno, pero del régimen. Y si no atendían a sus amables instrucciones, advertía que les pasaría lo peor. Y pasaba. La tortura. Cuando sus víctimas narran sus historias y preguntan por qué no lo han denunciado, siempre la misma respuesta: «tengo familia allí».

Confiemos en que pronto haya libertad y un Gobierno democrático para crear una comisión de la verdad sobre la dictadura. La ley de memoria histórica y democrática de Venezuela, respaldada por un tribunal internacional para perseguir y juzgar a todos los colaboradores y cómplices de la dictadura. Un escenario en el que Zapatero tiene su sitio. Y no de testigo.

Zapatero es un mercenario que sigue trabajando para el régimen. Colaborando estrechamente con la zipaya Delcy Rodríguez y su hermano, que cumplen las órdenes que les da Trump. A Zapatero le da igual mientras salve el negocio. Insiste en las milongas de intermediación y paz. Mientras estuvo Maduro, Zapatero nunca levantó la voz a favor de los presos políticos. Ahora que Trump obliga a dar una amnistía, el muy cretino se quiere apuntar el tanto. Sí. Y más pasta. Su agenda es un despropósito. Cuando no está en alguna dictadura, invade Moncloa para que el gobierno haga negocios con la tiranía china. Y para desayunar se reúne en la clandestinidad con empresarios corruptos, donde no hay cobertura de móvil, para llevarse lo suyo. Según él, todo muy limpio y transparente porque declara a Hacienda.

Qué lejos queda aquella mamarrachada de Zapatero en Copenhague: «La tierra no pertenece a nadie. Solo al viento». Eso decía cuando no era rico y vivía instalado, como tanto progre, en la envidia social. Gracias a las dictaduras es millonario y tiene casoplones, a su nombre y al de sus hijas. La tierra ya no es del viento. Pero él sigue siendo un agente del mal.

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