The Objective
Sonia Sierra

Políticos que odian a los españoles

«Sánchez sabe bastante de lo que es un Estado fallido en un país en el que los ciudadanos cogen el tren con el miedo no ya a llegar tarde, sino a no llegar íntegros»

Opinión
Políticos que odian a los españoles

Ilustración de Alejandra Svriz.

Estos días he podido corroborar algo que llevaba tiempo sospechando: hay políticos que odian a los españoles. Pilar Alegría, por ejemplo, odia a sus conciudadanos porque en su campaña electoral, en lugar de presentar Aragón como una región moderna y capaz de hacer frente a los desafíos del futuro, se dedicó a grabar vídeos cutres que parecen sacados de la primera temporada de Cuéntame. Resulta que a los potenciales votantes no les gustó que tuviera esa imagen de ellos y han dejado al PSOE a tan solo cuatro escaños de Vox.

Luego tenemos a Irene Montero, que nunca ha sido el lápiz más afilado del estuche, y lo gritó sin paños calientes: «Ojalá teoría del reemplazo, ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora. Claro que yo quiero que haya reemplazo: reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores y que lo podamos hacer con la gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea china, negra o marrona».

Ya sabemos que el respeto a la RAE no está entre las virtudes de la eurodiputada y que si cualquiera de nosotros llamara a alguien negro, tardaría una milésima de segundo en gritar «racista», pero ella puede decir que hay personas «marronas» y quedarse tan ancha. Con todo, la patada al diccionario no es, obviamente, lo peor de su discurso. Ella pretende «barrer» de fachas y de racistas, y al utilizar ese verbo, deshumaniza a un número importante de españoles, a todos aquellos que votan al PP y Vox, a los que trata como porquería que hay que limpiar, además de unir la legítima libertad de voto con algo tan deleznable como el racismo, cuando es evidente que esa lacra no tiene nada que ver con ser de izquierdas o de derechas. Sin ir más lejos, cuando estuve en su admirada Cuba vi más racismo del que he visto nunca en España.

Irene quiere cambiar a los fachas patrios por personas que consideran inaceptable la homosexualidad o que creen que la mujer es inferior; personas que someten a sus hijas a una tortura terrible como la ablación del clítoris (cerca de 4.000 niñas están en riesgo de sufrirla en Cataluña, una cifra similar a la de Navarra) y a matrimonios forzados y que consideran legítima la violencia machista e incluso la violación. No sé qué cosa tan terrible le habrán hecho a Montero los votantes de partidos democráticos para querer reemplazarlos por gente así. 

Me parece evidente que ella no ha tratado con personas de otras etnias más allá de los figurantes de Podemos: para los gitanos no hay ninguna duda de que ellos son superiores a los payos y que están muy por encima de negros y magrebíes, de la misma manera que los islamistas nos consideran claramente inferiores a ellos. A todo esto, lo que ella llama «fachas» es más de la mitad de los votantes según estas últimas elecciones (ya sabemos que Aragón es el Ohio español) y parece que puestos a reemplazar, los ciudadanos han decidido reemplazar a Podemos, que pierde su único escaño y saca menos votos que Alvise.

«Tienes que odiar a los españoles para no ocuparte de mantener las infraestructuras y pasarte la vida en X insultando»

También nos odia, a mi entender, Pedro Sánchez. Una se imagina que el mayor deseo de un dirigente ante una catástrofe es dar todo su apoyo, cariño y aliento a las personas afectadas para poder reconfortarlas, aunque sea mínimamente, en su dolor. Sin embargo, el presidente de este país no se dignó a ir al funeral por las víctimas del terrible accidente ferroviario causado por la dejadez de su Gobierno en su mantenimiento.

Hay que odiar mucho a tus conciudadanos para meter a trabajar en puestos de una empresa tan importante como Adif a prostitutas que no sabían ni dónde quedaba la oficina a la que suponía que tenían que ir, o para gastarte el dinero del cuidado de las vías en el lucro de toda la camarilla. Y, definitivamente, tienes que odiar mucho a los españoles para que, en lugar de ocuparte de mantener en un buen estado las infraestructuras de las que dependen nuestras vidas, te dediques a pasarte la vida en X insultando y bloqueando como ha hecho durante todo este tiempo Óscar Puente, aunque ahora quiera pasar por un gestor solvente y dé muchas ruedas de prensa para figurar.

Y, la verdad, resulta curioso que con este Gobierno tan aficionado a las redes, decidan que quieren prohibir X, como dijo Sira Rego, esa supuesta ministra de Juventud e Infancia a la que no hemos visto jamás preocuparse por el aumento de violaciones que sufren niñas y adolescentes, pero pretende acabar con nuestra libertad de expresión. Y es raro que les haya dado por arremeter contra estas con un presidente Sánchez emulando en vídeos a la Presley y dándonos la turra con sus gustos durante meses y que ahora ha manifestado que hay que ponerles coto porque son como un «Estado fallido».

Hay que reconocerle que él de este tema sabe bastante, porque un país en el que ya no existe la alta velocidad y los ciudadanos cogen el tren con el miedo no ya a llegar tarde, sino a no llegar íntegros; un país en el que casi un millón de personas perciben el ingreso mínimo vital; un país que tiene ciudades como Barcelona que encabezan ránkings de inseguridad; un país con la mayor tasa de pobreza infantil de toda la UE y donde se han cargado el derecho a la propiedad privada porque si te okupan la vivienda te tienes que aguantar y pagarles los recibos a los okupas porque es casi imposible echarlos, se parece mucho a un Estado fallido.

Y si esto es  así ahora, no quiero ni imaginar qué va a pasar con la regularización masiva de miles de personas, delincuentes incluidos, en esta España donde la educación y la sanidad públicas están ya destrozadas. Una medida que demuestra que estamos gobernados, efectivamente, por políticos que nos odian.

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