Sánchez siempre imita lo peor
«El Partido Socialista de Aragón ha alcanzado su fondo del pozo electoral. Su deseo más ferviente es que Vox no llegue a suscribir un pacto de Gobierno con el PP»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Una característica fundamental del tipo que detenta la Presidencia del Gobierno es su inequívoca atracción por todos los malos ejemplos que tiene a su alcance. Hemos visto cómo a lo largo de su mandato se ha visto abducido por un líder tan improbable como Pablo Iglesias Turrión. Como decía Nicolás Redondo Terreros antes de que el sanchismo lo expulsara del partido: «Si nos dejamos guiar por Podemos gana Podemos». Él mismo, muy recientemente y ya expulsado, ha dictaminado con certeza: «El PSOE está podemizado». La misma opinión, con las mismas palabras, han expresado el antiguo líder madrileño Tomás Gómez, también expulsado del partido y Javier Fernández, el líder socialista asturiano que presidió la gestora tras expulsar a Pedro Sánchez de la Secretaría General el 1 de octubre de 2016.
La primera de las dos expresiones no debe tomarse en sentido universal, no en todos los órdenes: gana en la batalla cultural e ideológica, en el relato, como se acostumbra a decir ahora, pero eso no quiere decir que gane también en las contiendas electorales. Ahí tenemos a título de ejemplo las elecciones de Aragón, donde el domingo se alzó con un portentoso apoyo popular, del 0,9%, lo que legitimaba a Ione Belarra para anunciar campanudamente desde la majestad de su atalaya: «No vamos a dejar de trabajar para poner a la izquierda en pie».
Sánchez se ha dejado llevar también por los golpistas catalanes, que han elaborado a su medida una amnistía para sus condenados, por los terroristas vascos que le han inspirado su ley de memoria democrática. Last but not least, también se dejó guiar por el más sobrevalorado líder socialista de Europa, François Mitterrand. Jean François Revel le hizo un retrato tan cruel como certero en sus memorias, El ladrón en la casa vacía. Hay que leerlo para calibrar «la amplitud de su indiferencia hacia lo verdadero y lo falso, la profundidad de su oportunismo intelectual y el vacío de su propio pensamiento».
Y Mitterrand es también uno de los guías de Sánchez, uno de sus alumnos menos brillantes. En 1990 puso en marcha un plan perverso para favorecer a la extrema derecha de Le Pen: modificó la ley electoral para favorecer al Frente Nacional; estimuló a los medios para que arroparan a Jean-Marie Le Pen, estimuló el debate sobre la inmigración (¿A qué me sonará esto?) y, según parece, ayudó a la financiación del partido.
Como resultado, el Frente Nacional, que en 1981 había logrado apenas 45.000 votos en las legislativas, obtuvo 4.300.000 en las presidenciales de 1988. En las elecciones presidenciales de 2002, el Front National de Le Pen llegó a alcanzar 4.800.000 votos, 200.000 más de los que había conseguido el socialista Lionel Jospin. El resultado fue que en la segunda vuelta, el PSF tuvo que pedir a su público que votaran a Chirac para defender la República.
El PSOE ha empezado a seguir ese camino con la tragedia convertida en farsa que dijo Marx. Ha sido tanta la publicidad que Pedro Sánchez ha hecho de Vox, que el partido de Abascal ha duplicado sus diputados en las Cortes de Aragón, y la tragedia del PSOE, en línea con la que acabo de señalar de su partido hermano el PSF, es que, en lugar de luchar con el PP por la mayoría —empeño absurdo con una candidata del nivel intelectual y político de Pilar Alegría—, a lo largo del domingo batalló con Vox para mantener el segundo puesto, lo que no consiguió en algunas circunscripciones relevantes.
Ya mucho antes, el PSOE apoyó económicamente a José María Ruiz-Mateos, a quien había expropiado Rumasa. La Junta de Andalucía, gobernada entonces por los socialistas, acordó ayudas por más de 35 millones de euros a las empresas del Grupo Ruiz-Mateos. El errático empresario, que llegó a usar como eslogan de campaña una autoparodia de su agresión a Miguel Boyer, «Que me votes, leche» y sacó dos escaños en las elecciones europeas, uno para él y otro para su yerno, Carlos Perreau.
En las elecciones autonómicas aragonesas, Sánchez ha caído en picado y el Partido Socialista de Aragón ha alcanzado su fondo del pozo electoral. Su deseo más ferviente es que Vox no llegue a suscribir un pacto de Gobierno con el PP, pero será un magro consuelo para las huestes de Pilar Alegría: tendría dificultad para alcanzar una mayoría alternativa y la repetición de elecciones no les sería propicia. Los votantes de la derecha tienen como primer deseo sacar a Sánchez de la Moncloa. El PP está obligado a intentar una coalición de Gobierno con Vox y Vox debe aclarar a su público en qué está más interesado: si en acabar con el desgobierno socialista o pelear con el PP por el cargo de primer partido de la oposición. Por mucho que se empeñen, ce n’est pas le même combat.