The Objective
Jon Viar

Superhéroes contra el ICE

«¿Quiénes son los superhéroes de hoy en EEUU? ¿Están decididos a denunciar los abusos de poder o por el contrario se muestran a favor del populismo autoritario?»

Opinión
Superhéroes contra el ICE

Ilustración de Alejandra Svriz.

No sé ustedes, pero yo hace apenas unos días no sabía lo que era el ICE. Ahora sé que el ICE es la principal agencia encargada de hacer cumplir las leyes de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos. Pues bien, un hombre disfrazado de Batman ha irrumpido en un Ayuntamiento de Santa Clara, California, y ha cargado contra el ICE. Este hombre murciélago ha denunciado públicamente el asesinato de Alex Pretti, un enfermero que fue tiroteado por agentes de la Patrulla Fronteriza mientras ayudaba a una mujer en una protesta en Minneapolis. Diecisiete días antes, en la misma ciudad, Renee Good fue asesinada a tiros por un agente del ICE.

Este hombre disfrazado de Batman ha conseguido captar la atención de los medios con su disfraz. Gracias a esa performance ha logrado que escuchemos su discurso: «Cientos de hombres enmascarados entran en nuestra ciudad y matan gente. Estoy disgustado con todos y cada uno de ustedes. Tenéis que hacer algo para cambiar estas políticas, asegurándoos de que vuestros oficiales no cooperan con el ICE, asegurando que no pueden usar los recursos de la ciudad, que no pueden aprovechar los datos de la ciudad antes de que muera más gente. Sí, muere más gente. No creo que necesite decir cuántas personas han recibido disparos, cuántas personas se han llevado, cuántos niños han sido secuestrados y usados de cebo. No necesito decirlo. Lo veis en la televisión todos los días. No quiero que os sentéis y miréis. Quiero que hagáis algo. No os lo estoy rogando, os estoy exigiendo que actuéis. Haced algo».

¿Qué harán las instituciones en EEUU? ¿Y qué podemos hacer los ciudadanos ante estos crímenes? Eso mismo se preguntaba Ransom Stoddard cuando pensaba en cómo acabar con la impunidad de Liberty Valance. ¿Y qué papel juegan aquí los superhéroes? Recientemente, en el podcast que presenta María Guerra, el cineasta David Trueba vinculaba las películas de superhéroes con el auge del neofascismo en el mundo. En 1938 se publicó el primer cómic de Superman —creado por el escritor Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster— y unos meses más tarde apareció Batman, el «hombre murciélago» creado por Bob Kane. Hubo incluso un Superman publicado en DC Comics con el título: Superman: Hijo Rojo (Red Son). Aquí la nave de Kal-El aterrizaba en la Ucrania soviética —en lugar de hacerlo en Kansas— convirtiéndose en el icono del comunismo soviético y sirviendo a su líder, Iósif Vissariónovich Dzhugashvili. No en vano, el apodo Stalin significa «hombre de acero».

Primero la pequeña pantalla y después la grande. Los superhéroes se hicieron famosos en todo el mundo. En la década de los ochenta, Clark Kent luchaba contra el mal en un contexto de Guerra Fría. No había voluntad de realismo en esas películas, pero sí un esfuerzo ímprobo por humanizar a un héroe sobrenatural que venía de otro mundo. El Superman de Richard Donner mostraba el fantasma de Jor-El —interpretado por Marlon Brando— en unas escenas que recuerdan inevitablemente al fantasma del padre de Hamlet. Había en ese cine una épica, una reflexión sobre el mal y una crítica política. Superman IV: en busca de la paz es una parodia involuntaria. La trama del film realizado por Sidney J. Furie giraba en torno a la necesidad del desarme nuclear; Lex Luthor perpetra una mutación genética que servirá para crear un «Hombre Nuclear». Como en las tragedias griegas, los superhéroes están al margen de los mortales y no pueden escapar de su destino.

Ha habido una involución en este subgénero. Fui incapaz de ver las películas de Zack Snyder y nada de lo que aparece en este sentido capta mi interés. En la tercera y última película de Nolan, el Batman interpretado por Christian Bale se convierte en una especie de fascista moderno. En cambio, el malvado Bane vendría a representar al líder de los «antifas». En una entrevista con el crítico Alejandro G. Calvo, el cineasta Borja Cobeaga afirmó estar revisando el Batman de Nolan, pues no le convenció en su momento. Yo tampoco entendí bien el propósito de convertir a Batman en un héroe realista. ¿Qué sentido tiene una Gotham City que no se diferencia en nada de Los Ángeles?

«Las políticas identitarias han servido para enfrentar a unos con otros ocultando deliberadamente un discurso de clase»

El Batman de Tim Burton, en cambio, tuvo un gran impacto para mí. Adaptar el personaje de Bob Kane a un mundo impregnado por la influencia del expresionismo alemán es el mayor acierto que se ha hecho nunca. El expresionismo fue un movimiento contra la objetividad que impulsó una visión subjetiva del artista. La influencia expresionista en el Batman de Tim Burton es tan evidente que el personaje de Batman Returns interpretado por Christopher Walken se llamó Max Schreck, en honor al actor que interpretó a Nosferatu.

Según Sigfried Kracauer, el expresionismo alemán parecía ser «la traducción adecuada de la fantasía de un demente en términos visuales». Kracauer analizó los procesos psicológicos que padecieron los alemanes tras la paz de Versalles, donde los aliados impusieron durísimas condiciones a los alemanes. La necesidad de un amo que pusiera fin a ese agravio fue en aumento. Kracauer vino a decir que, cuando tuvieron que elegir entre el caos o la tiranía, los alemanes optaron por lo segundo.

¿Quiénes son los superhéroes de hoy en Estados Unidos? ¿Están decididos a denunciar los abusos de poder —como el Batman de California— o por el contrario se muestran a favor del populismo autoritario que resurge con fuerza en todo el mundo? Lo que me planteo desde hace años es por qué Hollywood tiene esa necesidad de seguir produciendo nuevas películas de superhéroes. Podría ser un síntoma más de la crisis del modelo de masculinidad. Rita Segato se refiere al «mandato de masculinidad».

Yo añadiría que las políticas identitarias han servido para enfrentar a unos con otros ocultando deliberadamente un discurso de clase. Y mientras la polarización sigue vigente, la desigualdad económica es cada día más lacerante. Hombres y mujeres están enfrentados. También los jóvenes y los jubilados. O los nativos y los inmigrantes. Ante la falta de oportunidades, los jóvenes tienen que salir de la precariedad y conseguir la máxima rentabilidad a su pequeño capital. Buscan fórmulas mágicas para obtener la ansiada estabilidad. Las políticas identitarias han fragmentado la ciudadanía, y el hombre blanco heterosexual de clase baja ha quedado desamparado. Se pone pelo en Turquía, se va al gimnasio… En este caldo de cultivo surgen los youtubers que dan consejos para ligar y aparecen nuevas subculturas masculinas como los gymbros, criptobros o los ínceles.

El problema es que no existen fórmulas mágicas para paliar el malestar. Si los partidos democráticos renuncian a la justicia social y al Estado de derecho, aparecen nuevos monstruos populistas ofreciendo soluciones simples a problemas complejos. Para defender las instituciones democráticas serán necesarios muchos superhéroes.

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