The Objective
Esperanza Aguirre

Después de Aragón

«Es imprescindible que PP y Vox inicien conversaciones para alcanzar un proyecto de colaboración en las regiones, pero, sobre todo, para el futuro gobierno de España»

Opinión
Después de Aragón

Ilustración de Alejandra Svriz.

Que España lleva viviendo ocho años en una situación profundamente anómala es indiscutible. Aunque todavía haya muchos españoles que no lo vean, o no quieran verlo, Sánchez gobierna gracias al apoyo de todos los partidos que son enemigos de España. Y, además, todas las iniciativas que toma desde la Moncloa están dirigidas expresamente a crear un muro que divida y enfrente a los españoles, de forma que así se ha cargado el espíritu de la Constitución de 1978, la Constitución de la concordia y la reconciliación.

Esa anómala situación de España hace que todas las elecciones autonómicas que ya se han celebrado y las que pronto van a celebrarse tengan un significado que no se limita a cómo influyen en las cuestiones regionales, sino también a cómo expresan la posición de los ciudadanos ante la grave situación política de España.

Por eso, es muy importante acertar en el análisis de todo lo que hemos visto en Aragón durante la campaña y lo que vemos en los resultados y en las primeras reacciones posteriores, para sacar conclusiones que nos sirvan a la hora de arbitrar políticas dirigidas sustancialmente a acabar con el Gobierno del autócrata Sánchez y sus aliados antiespañoles y a recuperar el espíritu de concordia del 78.

Aunque mi análisis pueda ser considerado algo apresurado, creo que estas elecciones nos han dejado importantes enseñanzas para avanzar en esa línea.

La primera es que los militantes y votantes socialistas ya saben que Sánchez para ellos es un desastre. Ya en las elecciones municipales y autonómicas de mayo del 23 pudieron comprobarlo cuando sólo ganaron en Asturias y en Castilla-La Mancha, donde, por cierto, su candidato es el único líder que se atreve a criticarle un poquito. ¡Ah! y en Navarra, pero gracias a Bildu, o sea, a ETA. Pero es que, ahora, en Extremadura y en Aragón, esto ha quedado ya meridianamente claro: Sánchez ya ni siquiera para la izquierda resulta atractivo, no moviliza a sus presuntos seguidores, y eso que se ha merendado a Podemos y a Sumar al haberse convertido en tan podemita o más que ellos.

«Vox es visto ya como lo que es, un partido perfectamente constitucional»

La segunda enseñanza tiene que ver con Vox. A pesar de las machaconas calificaciones de «extrema derecha» y «fachas» que le dedican, no sólo los políticos del Frankenstein sanchista, sino también muchos de los creadores de opinión del actual establishment ideológico español, los ciudadanos ya no se lo creen. Vox es visto ya como lo que es, un partido perfectamente constitucional, con propuestas que podrán gustar más o menos, pero que se está viendo que coinciden con las preocupaciones de cada vez más españoles.

La tercera es que es evidente que, para que se haga realidad lo que queremos la mayoría de los ciudadanos de España, es imprescindible que el PP y Vox inicien un proceso de conversaciones para alcanzar un proyecto de colaboración en los Gobiernos regionales, pero, sobre todo, para lo que tendrá que ser el futuro gobierno de España, cuando la suma de sus escaños llegue a la mayoría absoluta.

Un diálogo en el que las dos fuerzas sean conscientes de lo que tienen y de lo que les falta. Empezando por el apoyo popular, que hoy, como acabamos de ver en Aragón, para el PP es el doble que para Vox (34,2% de votos para el PP y 17,9% para Vox).

Lo que quiere decir que Vox podrá poner sobre la mesa sus propuestas y líneas rojas, pero aceptando que, como los ciudadanos no le han dado votos suficientes, tendrán que rebajar sus objetivos últimos para coordinarlos con los del PP, que tampoco puede imponer los suyos, por lo mismo, porque los ciudadanos no le han dado la mayoría necesaria.

«El PP aún no ha hecho la necesaria autocrítica de lo que pasó en aquellos años de mayoría absoluta, en los que surgió Vox»

En esas conversaciones, el PP tiene que tener en cuenta que Vox es, en origen, una escisión del PP en 2013, provocada por los incumplimientos del Gobierno de Rajoy del programa con el que los españoles nos habían respaldado con 186 diputados en 2011. Esos incumplimientos están en el origen del abandono de millones de los votantes que entonces habíamos tenido. Y es que creo que el PP aún no ha hecho la necesaria autocrítica de lo que pasó en aquellos años de mayoría absoluta, en los que surgió Vox.

Así, ahora en Aragón y más tarde en toda España, Vox y el PP tienen que explicar claramente a los españoles cómo pueden gobernar juntos, por más que haya detalles en sus programas que los separan. Pero no pueden olvidar que los unen dos valores esenciales: España y la libertad.

Dos valores que el sanchismo ha despreciado desde el primer momento de su llegada al poder y que ahora es responsabilidad de Vox y el PP recuperar.

Aún digo más, el daño que Sánchez ha hecho a las instituciones del Estado es tan grande que Vox y el PP deberían preparar conjuntamente una serie de reformas que tendrían que abordar inmediatamente. Reformas que, además, deberían ser impulsadas desde el primer momento porque ya se sabe que lo que un gobierno no hace en sus primeros cien días no lo hace nunca.

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