Felipe, escándalo de sanchistas
«Pedro Sánchez es insobornablemente fiel a sí mismo y hace la interpretación que le permita permanecer un mes más, una semana, un día más en la Moncloa»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Cuenta mi querida Ketty Garat que el yerno que le salió algo chulo a Sabiniano sopesa alargar la legislatura hasta noviembre de 2027. Se pensaba que era el 23 de julio del 27 la fecha clave, por cumplirse los cuatro años de las últimas elecciones legislativas, pero al parecer, sus cabezas de huevo han determinado que puede estirar la jugada hasta el 16 de noviembre de ese año, en que se cumplen cuatro años de la sesión de investidura que siguió a las últimas generales.
Pedro Sánchez es insobornablemente fiel a sí mismo y hace la interpretación que le permita permanecer un mes más, una semana, un día más en La Moncloa. Es, en todo caso, una interpretación menos disparatada que las que suele hacer. Lo que pasa es que la decisión lleva aparejado el canto del cisne, la confesión de la derrota. No es darse tiempo para recuperar el pulso, el tono muscular frente a la cita electoral, cuando quiera que esta sea. Solo para unos días más en el poder.
Ayer se apareció Felipe González tras las elecciones de Aragón. Se apareció a sus fieles, me salía decir, si no fuera porque los fieles de González no existen en la práctica, son todos de Pedro Sánchez.
Dijo Felipe cosas atendibles mezcladas con otras que eran un paso grande para el expresidente, pero corto para el socialismo español y no digamos para la humanidad. A mí lo que más me gustó fue el meneo que le dio a Óscar Puente sin citarlo expresamente: «Dicen que es el ‘puto amo’, pero para que sea el ‘puto amo’ tiene que haber ‘putos siervos’». Ciertamente. Anunció que él no votará al PSOE si el candidato vuelve a ser el marido de la catedrática, pero que nunca votaría a otro partido que no fuese el socialista, que lo haría en blanco. Llama la atención el purismo. Después de haber votado a Sánchez tantas veces, qué pudor podría impedirle a González Márquez votar a otro partido, a uno cualquiera, porque más indecente que el PSOE no existe en todo el arco parlamentario.
Estuvo bien también al censurar que el Gobierno encabezado por el doctor lleve tres años sin presupuestos: «Que no haya Presupuestos es una clara violación de la Constitución. Si no puede aprobarlos, que convoque elecciones». En esto, Felipe González puede predicar con el ejemplo. A finales de 1995, Jordi Pujol le hizo saber que no iba a votarle los presupuestos del 96 y el presidente supo de manera inmediata lo que tenía que hacer: disolvió las cámaras y adelantó las elecciones al 3 de marzo de 1996.
«Yo no pactaría con Vox, pero a mucha más distancia estaría que yo pactara con Bildu, ni de broma». Distanciamiento brechtiano podríamos llamar a esta figura y sería una comparación aceptable para todo ciudadano con hechuras morales y políticas medianamente decentes. No para el PSOE. Recordemos a ese tipo que funge como delegado del Gobierno en Madrid, que dijo en la campaña electoral de 2023 que «los supuestos enemigos de España (Bildu) han hecho más por España que los patrioteros de pulsera». Muchos militantes del sanchismo han perdido la memoria del hiperliderazgo de Felipe. Una tal Rosa Tovar expresaba en X su indignación: «Felipe González dice que ve más legítimo pactar con Vox que con Bildu. ¡Tócate las narices! ¿Por qué no le echan de una vez?».
Esta cuestión se la planteó Cayetana Álvarez de Toledo a Pedro Sánchez hará un par de años en términos inequívocos: «El señor Abascal, ¿ha señalado objetivos terroristas desde el editorial de un periódico? ¿Ha celebrado el asesinato de políticos, policías, guardias civiles, adultos, niños, el coche bomba, el tiro en la nuca? ¿Ha desobedecido órdenes expresas e insistentes del Tribunal Constitucional? ¿Ha dado un golpe de Estado, ha malversado dinero público para financiarlo? ¿Ha sido condenado por sedición, malversación, por corrupción, está procesado por terrorismo? ¿Es un prófugo de la justicia el señor Abascal? Eso lo digo porque todos los socios del señor Sánchez sí cumplen esos requisitos».
Que Abascal considere que el PP de Cayetana y el PSOE de Pedro Sánchez y Francisco Martín son la misma cosa es una prueba concluyente de que el líder de Vox sufre a veces de un equilibrio mental intermitente, pero como diría el gran Moustache, inolvidable barman de Billy Wilder en Irma la dulce, «esa sería otra historia». La mayor parte de mi vida he pensado que la democracia española debía caminar sobre dos patas, izquierda y derecha. El PSOE no es ya el partido necesario de la izquierda y España no podrá recuperarse de la etapa sanchista. Como diría don Luis Mejía a don Juan Tenorio por la pobre doña Inés: «Imposible la habéis dejado para vos y para mí».